Aryani Brizuela
Trombonista, productor, compositor y cantante, William Anthony Colón falleció en Nueva York, el 21 de febrero, a los 75 años de edad. Aunque no fue el primero ni el único gran maestro, ‘él malo’ fue y siempre será uno de los pilares fundamentales del género. El que reconfiguró, combinó la salsa con otros sonidos y la popularizó. Un hombre, además, con una profunda conexión con Venezuela.
Fue uno de los más importantes músicos que conoció la salsa. Con su sonido rajado y callejero, que tampoco era nuevo, Willie Colón potenció y popularizó la salsa brava de los 70. Le subió el volumen a ese sonido crudo e irreverente que ya venían desarrollando figuras como Eddie Palmieri o Ray Barretto. No lo hizo solo. A su lado estuvieron dos artistas fundamentales en su carrera: Héctor Lavoe y Rubén Blades, con quienes cosechó grandes éxitos. De allí que tras su muerte, hace un mes, muchos se refirieran a él como “el gran arquitecto de la salsa”, generó controversia en la comunidad salsera.
No porque no fuera respetado o querido entre colegas y amantes del género, sino porque Colón no fue el único gran arquitecto de la salsa. Fue uno de los muchos que tuvo el género. Le precedieron figuras como Richie Ray, Barry Rogers, Mon Rivera, de los que bebió para definir su sonido y llegar con su música más allá de los amantes de la salsa. Y lo hizo.
Precisamente, ese sonido callejero que adoptó y en el que insistió tanto –explica Mercedes Sanz, periodista musical– influyó en otras orquestas de salsa. “Le siguieron con un sonido muy parecido, con trombones que trataban de imitarlo, con soneros que imitaban también la voz de Héctor Lavoe, incluyendo esas orquestas que fueron parte de ese movimiento que se llamó salsa underground, salsa subterránea, de Brooklyn Sounds o La Conspiración, grupo que él también apadrinó. Todas esas orquestas le deben a Willie Colón”.
Como trombonista, a Willie Colón también se le atribuyó la incorporación del instrumento a la salsa; sin embargo, fue algo que hizo Eddie Palmieri con La Perfecta, explica Xariell Sarabia, gestor cultural y crítico musical. El pianista y compositor creó la trombanga, un estilo musical que combina la charanga y el trombón. “Es como si fuera una banda de charanga, con dos violines, una flauta, bajo, piano, timbal y conga, pero Palmieri le quita los violines y le pone dos trombones”.

Lo que sí hizo Colón, comenta Sarabia, fue tomar de Eddie Palmieri y Mon Rivera, que también incorporó el instrumento en su orquesta, la estructura de los trombones para así darle su toque e impulsar ese sonido callejero de la salsa brava. “Willie Colón no es el mejor trombonista. A mí me gusta mucho, sobre todo al principio, que era desbocado, pero hay muchos otros de una calidad mayor. Él llega para impulsar aún más lo callejero, porque es algo que ya estaba allí. Él le agrega más potencia al lado de un cantante que, además, es muy callejero, que tiene una voz muy particular, muy arrabalera, que es Héctor Lavoe. Ese momento es importantísimo, sin igual”, detalla el crítico musical.
El sonido que logró Colón en la salsa es difícil de explicar en el marco de la rigurosidad de lo académico, considera Sanz. Respondía más a algo emocional. “Creo que quizás no existe una explicación tan rigurosa. Simplemente es algo que te mueve la fibra. Tiene que ver con la emoción. Me gustó ese sonido de esos trombones rabiosos, esos arreglos me encantaron y, aparte de eso, las voces. Héctor Lavoe y después Rubén (Blades). Incluso, la etapa de Willie cantando, aunque no se le considera un gran cantante. Pero a mí la interpretación de él, ese tono de voz y el sentimiento, creo que es lo importante en un cantante, más allá de si es o no un virtuoso; porque a Willie Colón los académicos no lo consideran un virtuoso, pero él tenía otras virtudes. Él sacó provecho de esas limitaciones y las convirtió en potencialidades. Eso era parte de su maestría”.
Willie Colón también construyó una narrativa, un perfil social, para acompañar esta sonoridad rabiosa y callejera que desarrolló. Con su álbum debut, El malo (1967), comenzó a perfilar esa figura del bad boy, el malandro en la música. Un perfil que mantendría durante toda la época junto a Héctor Lavoe.
“Cuando él comienza con El Malo, ‘El Malo de aquí soy yo /Porque tengo corazón’, empieza a perfilar la música del malandro; ya está subrayando un carácter importantísimo de esta música. Y además le aporta una sonoridad. Él mezclaba con mucha independencia y mucha irreverencia diversos ritmos, jugaba y coqueteaba con Brasil, jugaba y coqueteaba con música española. Hizo de todo”, dice César Miguel Rondón.

Aunque era un músico prometedor, hubo mucho rechazo hacia su música al principio, explica Sarabia. Sus primeros tres discos, con los que comenzó a trazar las primeras pinceladas de ese sonido agrio y furioso, eran considerados muy amateur; sin embargo, ya para el cuarto y quinto álbum –asegura el crítico musical– el sonido de Willie Colón ya está bien puesto, y es allí cuando esa figura del malo toma más fuerza. “Para mí, ese es el mejor momento de la música de Willie Colón porque tiene que ver con lo que él maneja comercialmente o publicitariamente como imagen, que es esa cosa del malo. Y en efecto, eso es. El sonido de él es malo, malucón”, dice Xariell Sarabia, quien explica que la figura de Colón y Lavoe es similar a la de Rolling Stones. “Siempre lo digo: Jagger and Richard, Colón and Lavoe. Con lo más parecido a las majestades satánicas de Rolling Stones”.
No todo fue imagen y sonido. En la construcción de esa narrativa callejera, del barrio, las letras también tuvieron un peso importante. “Willie se hizo compañía de grandes compositores, incluyendo Tite Curet Alonso, para esas letras que también describen lo que es la calle, lo que es el sentir del latino y del inmigrante en Nueva York, que hablan de las fiestas y los rituales puertorriqueños y del Caribe. Willie tuvo ese oído y ese ojo para seleccionar qué músico lo iba a acompañar, qué arreglista, qué compositor y qué sonero también”, explica Mercedes Sanz.
Para la periodista musical, Willie Colón también entendió la salsa como un terreno para experimentar más allá de ritmos cubanos y puertorriqueños. “Se mete con la música afroamericana, el funk, el rock, el jazz, con la música brasileña. A Willie también le debemos que impulsó y difundió una pequeña parte del repertorio de música brasileña. Y los arreglos que hizo fueron increíbles. El trabajo que él hizo con Soledad Bravo fue una cosa de jonrón. Yo creo que Willie sí supo entender lo que es la salsa. Todo lo que podía hacer con el género. Y para muestra están todos esos discos, discos conceptuales como Siembra, Baquiné de angelitos negros, Asaltos navideños, Maestra vida. Él también demostró toda esa amplitud y complejidad de la salsa. No estoy diciendo que haya sido el único, pero contribuyó mucho. Y, sobre todo, la manejó de manera que la hizo accesible a todos”.
Canto social
Con Rubén Blades la intención en la música de Colón cambia. Toma una dimensión social, que ya venía asomándose en sus trabajos anteriores, asegura César Miguel Rondón.
“Con la incorporación de Rubén (Blades) hay otra claridad en el canto social. Pero Willie venía con esto desde mucho antes. Tú oyes ‘Calle luna, calle sol’ o ‘El día de mi suerte’, y allí ya hay muy claras intenciones”, dice el autor de El libro de la salsa.
Mercedes Sanz considera la etapa junto a Blades como la época más reflexiva en la carrera de Colón. “Habla de manera más directa de lo que es América Latina a través de historias, de personajes. Ahí podemos observar a un Willie como líder de sus proyectos”.
La época junto a Rubén Blades, uno de los momentos más destacados de su carrera, le va a dejar a Willie Colón mucho, sobre todo para lo que decide hacer en solitario paralelamente. “Él también comienza a hacer cosas solo, en las que empieza a introducir el tema social y político. En ese periodo, 75-80, crea unas producciones muy buenas y muy importantes. Importantes musical y comercialmente”, dice Xariell Sarabia.
Desde entonces, el tema social es una constante en la música de Colón, no lo hace con tanta soltura como Blades –señala Sarabia–, pero se queda en sus composiciones. Otro momento destacado en su carrera, considera el crítico musical, fueron los discos que hizo Celia Cruz, Only They Could Have Made This Album (1977), Willie y Celia (1981) y The Winners (1987). También el que hizo junto a Soledad Bravo, Caribe (1982).
“El primer disco con Celia Cruz es una maravilla. Es una producción musical excelente, que evoca música latina de todos lados, pero bajo su sonido. Él, además, hará un disco muy importante, Caribe, con nuestra Soledad Bravo. Es un disco puntual y con, por lo menos en Venezuela, muchísimo éxito y una calidad muy buena. Es uno de los primeros que empieza a coquetear con la música brasileña, la incluye mucho”, asegura Sarabia.
Venezuela, punto central de la salsa
En Venezuela, el boom de la salsa brava ocurrió en simultáneo con el boom petrolero. Una época de crecimiento y bonanza económica. Las radios de la época comenzaron a poner piezas clave como ‘La murga’. El género invadió las estaciones porque era sinónimo de fiesta, de rumba. En esa época, la década de los 70, también empiezan a presentarse en el país las grandes estrellas de La Fania, agrupación que reunió a figuras como Cheo Feliciano, Ismael Miranda o Celia Cruz.
“Lo vi cuando vinieron las estrellas de Fania por primera vez al Nuevo Circo de Caracas. No recuerdo la fecha exacta, pero ya La Fania comenzaba a estar fuerte; el boom comenzaba a explotar. Vinieron las estrellas del momento, tal vez del momento más esplendoroso o de sonido más interesante, a mi parecer; que es el momento de lo que se llama el Cheetah, el concierto de la película Nuestra cosa latina”, recuerda Sarabia.
Como toda estrella en ascenso de la época, Willie Colón tuvo una destacada participación en la televisión venezolana con apariciones en programas sabatinos, que le permitieron llegar a más personas en el país. De los momentos más recordados del trombonista en la televisión local, destaca su participación en la telenovela de RCTV La Intrusa (1986-1987), en la que además interpretó el tema “Manantial de corazón”, de Yordano, y un sketch de Radio Rochela, junto con Rubén Blades, en el que fueron entrevistados por los personajes Flora y Hortensia.
Aunque el boom de la salsa comienza en Nueva York y Puerto Rico, Venezuela fue un punto importante para el desarrollo del género. “Tenías que venir a Venezuela o tendrías que venir para estar en lo máximo, en el lugar correcto. Tenías que tocar en el Nuevo Circo, en el Poliedro o en los clubes. También, en algún momento, Venezuela fue el sitio donde más se vendieron discos de salsa”, dice Sarabia, quien asegura que esta influencia se vio reflejada en la música de Colón, quien empieza a nombrar a Caracas en sus discos. “Mucho del éxito de Colón, dicho por él mismo, tiene que ver mucho con Venezuela”.
Pilar fundamental de la salsa
Aunque no fue el primero ni el único gran maestro, Willie Colón sí fue y siempre será uno de los pilares fundamentales de la salsa. Sin todo el trabajo que hizo el trombonista por potenciar y popularizar el género, no se puede hablar de salsa.
“Para mí, él se convierte en el nombre más significativo de la salsa, el que aglutina todo. Es una representación importante por lo que hace como músico, como productor e incluso como cantante. Es decir, desde el punto de vista de que abraza lo popular y también logra llegar a muchas generaciones”, dice Xariell Sarabia.
Para Mercedes Sanz, no existe un artista o una orquesta que se pueda comparar en sonido y esencia a lo que hizo Willie Colón. “Eso dice mucho de él, de lo que hizo. Su sonido es único. Vio la salsa como un mar, algo sin límite”.
El vacío que deja Willie Colón en la salsa es irremplazable, considera César Miguel Rondón. “Es uno de los pilares fundamentales de esta música. Llenó de manera protagónica la salsa desde la década de los 70 y luego, cuando vino la decadencia, él pudo mantener un espíritu y una presencia muy, muy importantes”.