La experiencia es un grado, suele decirse, y el Dr. Manel Esteller la tiene de sobra. Este médico y genetista catalán especializado en epigenética es uno de los referentes mundiales de su campo. Pocas personas saben más que él sobre genética molecular. Pero Manel Esteller es, cuando deja atrás la bata blanca, un hombre que se considera feliz. Y eso, si cabe, es aún más excepcional.
Los años de trabajo y estudio le han permitido comprender con precisión cómo funciona nuestro cuerpo y, particularmente, cómo funciona nuestra genética. Pero también le ha dado una visión más amplia de la vida. Por eso, en la entrevista que concede a la revista Lecturas, el doctor nos confesaba lo que significa hoy para él ser feliz. “La felicidad es encontrar satisfacción en lo que haces”, afirmaba. Así de sencillo y contundente es su mensaje.
La felicidad tras la bata
Tras la bata de laboratorio, Manel Esteller es un hombre sencillo. Disfruta de desayunos copiosos, intenta almorzar siempre en casa y por las noches le gusta ver el fútbol, para desconectar. Y en esta vida sencilla, el doctor ha encontrado la felicidad. Y en buena medida, la relaciona con su trabajo
“Pasamos buena parte de nuestra vida trabajando. El fin de semana, esos dos días de descanso que hoy damos por sentados, son en realidad una conquista relativamente reciente en la historia de la humanidad”, nos explica. “Pero no podemos vivir pendientes del reloj, esperando a que llegue el descanso. Lo ideal es que nuestra actividad diaria, en la medida de lo posible, nos llene y nos aporte sentido”.
Por supuesto, Esteller sabe que esto no siempre es fácil. No todos contamos con los medios o las circunstancias para vivir de aquello que nos apasiona. “Pero aspirar a que lo que hacemos nos aporte satisfacción me parece fundamental”, concluye.
La satisfacción y el propósito
Lo que Esteller nos propone no es ninguna locura. De hecho, el experto va un paso más allá y cuando le preguntamos qué consejo le daría a alguien que quiera empezar a cuidarse mejor, nos lo deja muy claro: “Le diría que intenta ser feliz con su actividad diaria. Y que esa felicidad, además, la comparta”.
Parece parte de su ética profesional. “Ser feliz con lo que haces cada día, en la medida de lo posible, y permitir que esa energía alcance a otros puede ser un primer paso sencillo, pero muy poderoso”, asegura.
Y la psicología, en buena medida, le da la razón. Sabemos que, si hay algo parecido a una fórmula de la felicidad, es el resultado de sumar el bienestar hedónico y el bienestar eudaimónico. Y en este último punto está la clave.
El bienestar eudaimónico
Frente al bienestar hedónico, del que hablaremos más adelante, pero que es, en resumidas cuentas, el resultante del placer y las emociones positivas, el eudaimónico puede resultar un tanto más complicado. Es, en palabras de Aristóteles, la felicidad que sentimos cuando dedicamos nuestra vida a aquello para lo que estamos destinados. Desde su perspectiva, el fin de todo ser humano era la razón y, por tanto, la virtud era el camino para alcanzar la eudaimonía.
En el siglo XXI manejamos otras teorías, y hablamos a menudo de la palabra “propósito”. Aunque es una palabra que ha sido bastante manoseada, podemos entender el propósito como aquello que nos aporta sentido más allá de nuestra individualidad.
El propósito, en palabras de Francesc Miralles (a quien también entrevistamos), es encontrar nuestros talentos y ponerlos al servicio de los demás. Nace en uno mismo, pero acaba en el colectivo. No existe propósito sin interacción.
Explorando el talento
Si la fórmula es tan sencilla, debemos preguntarnos, ¿por qué tantas personas son infelices? Lo cierto es que para alcanzar este estado de eudaimonía relacionado con el propósito debemos vencer varias barreras. Para empezar, las más evidentes son las de la pobreza o la falta de oportunidades que, por desgracia, siguen limitando la vida de muchas de las personas del mundo.
En muchos casos, sin embargo, el obstáculo más inmediato es el siguiente: no conocemos nuestros talentos. Como nos advertía Jung, vivimos en un sistema que tiende a diluirnos. “Nacemos originales y morimos copia”, decía el padre de la psicología profunda.
El sistema educativo y, en general, el sistema social en el que vivimos tiende a borrar nuestros talentos, que están marcados por nuestros impulsos naturales. Nadie recomendará a un niño que se dedique a pintar cuando puede estar aprendiendo matemáticas, ¿no?
El primer paso, por tanto, debe ser reconectar con esos talentos y descubrir cómo podemos ponerlos al servicio de los demás. Y al hacerlos, explica Miralles en su libro ‘Ikigai’, quizá consigamos aquello que nos propone Manel Esteller: sentir satisfacción en nuestro día a día.
El bienestar hedónico
Aunque el propósito puede tener un gran peso en nuestra propia felicidad, no lo es todo. Recordemos que la fórmula está formada por dos formas de bienestar, y la hedónica no podemos dejarla de lado. Decía Epicuro que la felicidad era el resultado de la ataraxia y la aponía. Es decir, la ausencia de perturbación mental y dolor físico. Y esta se consigue por medio del placer.
Entre las necesidades esenciales que debemos satisfacer, Epicuro destacaba las más evidentes, como comer, beber o descansar, pero también una muy importante que a menudo olvidamos: la amistad. La compañía de otros a los que podamos querer.
Manel Esteller también parece haber llegado a esta conclusión, y así nos lo explica en la entrevista que nos concede cuando le preguntamos sobre lo que es realmente relevante en la vida. “He aprendido que lo más significativo suele ser lo más sencillo. Un beso, una sonrisa, gestos cotidianos que llenan profundamente”, aseguraba.
Eso parece ser todo. Momentos de felicidad tan sencillos como eso. Porque, como dice Esteller, “no son necesariamente las cosas caras o extraordinarias las que aportan felicidad. A veces es algo tan simple como ver que tu hijo está bien o que tu pareja está contenta. Son situaciones aparentemente pequeñas, pero que tienen un peso enorme”.
Para la elaboración de este artículo hemos contado con referentes del ámbito científico, filosófico y psicológico que ayudan a comprender cómo la satisfacción diaria, el propósito y las emociones influyen en nuestra idea de felicidad:
- Manel Esteller, médico y genetista especializado en epigenética, uno de los mayores referentes internacionales en el estudio de la regulación genética.
- Aristóteles, filósofo griego, referente fundamental en la teoría de la eudaimonía como forma de felicidad basada en la virtud.
- Francesc Miralles, escritor y divulgador especializado en desarrollo personal, conocido por su trabajo sobre el propósito vital y autor del libro ‘Ikigai’.
- Carl Gustav Jung, psiquiatra y psicólogo suizo, fundador de la psicología analítica, que exploró el desarrollo del individuo y la autenticidad personal.
- Epicuro, filósofo griego, creador del epicureísmo, que definió la felicidad como la ausencia de dolor físico y perturbación mental.