El primer paso para convertirse en una persona satisfecha es dejar de compararse con los demás. ¡El problema es que compararnos es uno de nuestros pasatiempos favoritos! Lo hacemos naturalmente todo el tiempo.
Entras en la casa de alguien y lo primero que haces es hacer comparaciones: "¡Me gusta ese piso! ¡Mira esa cortina! Guau, ¡qué televisión!" Pasas por delante de alguien y piensas: "Me gusta cómo lleva el cabello; el mío se ve terrible hoy”. Estás constantemente comparando, y te mantienes frustrado. ¡Tienes que dejar de hacerlo! Si vas a aprender a contentarte, debes dejar de comparar tu vida con la de los demás.
También debes aprender a admirar sin tener que adquirir. Debes aprender a regocijarte en la prosperidad de otras personas sin sentir celos ni envidia, ni pensar que tú también debes tener lo que ellas tienen.
Este es uno de los grandes principios que los estadounidenses no entienden. ¡No es necesario poseerlo para disfrutarlo! Tal vez te guste ir de vacaciones a las montañas. ¿Por qué tienes que ir a comprar una cabaña en la montaña cuando puedes alquilarla o incluso pedirla prestada la única vez al año que vas a las montañas? Ser dueño de algo no es la única manera de disfrutarlo.
No es solo una buena idea dejar de comparar; es un mandamiento. Éxodo 20:17 dice: “No codicies la casa de tu prójimo … ni nada que le pertenezca” (NVI).
Codiciar significa tener un deseo incontrolado de adquirir algo. Es un pecado tan importante que su prohibición está incluida en los Diez Mandamientos. Codiciar implica aferrarse a algo con tanta fuerza que no estás dispuesto a soltarlo. Si Dios te da algo y luego te pide que lo entregues, pero no puedes hacerlo, entonces tú no lo posees; eso te posee a ti.
Dios no está diciendo que nunca debas desear algo. Eso no es cristianismo; eso es budismo. Los deseos no son malos. De hecho, tus deseos vienen de Dios. Pero cuando un deseo no se controla, se convierte en codicia. Cuando deseas algo que no es tuyo, eso es malo. Pero un deseo no es algo negativo.
Nada puede lograrse a menos que desees hacerlo. No puedes ser más semejante a Cristo sin desear ser más como Cristo. Por ejemplo, no puedes ser una persona más amorosa sin desear ser una persona más amorosa. No puedes ser una persona más generosa sin desear ser una persona más generosa. El deseo no es malo hasta que se vuelve incontrolable y crees que debes tener más, más, más. La raíz de ese tipo de deseo es compararse con los demás.
No puedes tener una vida feliz hasta que aprendas a no comparar. ¿Por qué nunca deberías comparar? Porque la comparación siempre conduce a la codicia.
"Es mejor ser feliz con lo que se tiene que querer siempre tener más y más" (Eclesiastés 6:9 PDT).
¿Cómo podría cambiar tu perspectiva sobre tus propias posesiones para que puedas regocijarte con los demás por sus posesiones?
¿Con qué crees que Dios quiere que llenes tu vida en lugar de llenarla de posesiones?
Los cristianos hablan mucho acerca de que Dios les da los deseos de su corazón. ¿Qué tipo de deseos crees que Dios quiere darte?
Hoy puedes tomar la decisión más importante de tu vida. Haz clic AQUÍ.
Recibe durante un mes un versículo de inspiración diario por WhatsApp

