Uno de nuestros profesores más respetados nos recuerda la importancia de la libertad de expresión, pero también que todas las libertades tienen sus límites. Hay que saber distinguir una cosa de la otra. ¿Cómo respondes a un racista que te dice "respete mi opinión"?
Hoy cualquiera puede publicar una opinión o una información y tener la capacidad de que la vea muchísima gente. Algo que cuando no existían las redes sociales era impensable. Esta novedad es maravillosa. Permite democratizar la prensa y las opiniones, volver a lograr una gran ágora mundial. O eso es lo que creían los ingenuos que así auguraban el futuro de la comunicación.
Desgraciadamente ya hemos visto que los medios de comunicación de masas, las televisiones, radios y prensa, han perdido parte de su poder. Pero sus sustitutos también tienen dueño. Elon Musk desde la antigua Twitter o Mark Zuckerberg, desde Meta (Facebook, WhatsApp e Instagram) deciden qué se comparte y qué no.
Soy especialista en redes sociales y desde hace seis años he podido ser testigo directo de cómo nos han redirigido estos grandes titiriteros. Si quiero que mis contenidos lleguen a más gente debo seguir sus estrictas normas. Y ya te adelanto que no se basan en la verdad objetiva, sino en una serie de intereses comerciales y políticos no siempre claros.
Por eso es importante que tengamos pensadores como el filósofo y pedagogo José Antonio Marina, que nos inviten a reflexionar sobre hacia dónde nos está llevando esa nueva forma de comunicación que, ya se ha visto en las democracias de todo el mundo, alienta pensamientos extremistas o faltos de evidencia científica.
LA MENTIRA NO PUEDE VALER LO QUE UNA VERDAD
A punto de cumplir los 87 años, no podemos decir que Marina sea un especialista en los entresijos de los famosos algoritmos que nos dirigen. Pero no le hace falta. Sus ideas sobre el pensamiento crítico son tan válidas hoy como lo pudieran ser hace medio siglo, antes de que se intuyera la revolución de internet.
Precisamente, hablando sobre el valor del pensamiento crítico y la libertad de expresión, hizo esta reflexión que hemos querido destacar: “Las personas son respetables todas, pero las opiniones no lo son”.
Se miente más que nunca. O, mejor dicho, las mentiras tienen más eco que nunca porque hay medios eficaces para que se expandan y a sus dueños no siempre parece importarles. El filósofo lo ejemplarizaba con un caso minoritario pero muy llamativo, el de la gente que vuelve a creer que la Tierra es plana. Lo que se conoce como el efecto Dunnig-Kruger.
Es tan fácil rebatir esta idea. Solo has de haber estudiado matemáticas de primaria para poder hacer el experimento que ya hicieron los griegos para analizar la curvatura del planeta. Sin embargo, aquí estamos con gente sin conocimientos técnicos y aferrados a sus certezas.
Para Marina, esas personas tienen derecho a expresarse, pero no podemos darles la misma consideración que al experto científico que aporta conocimiento fundamentado.
¿POR QUÉ HEMOS DE RESPETARLES?
Marina defiende que la respetabilidad de una opinión no puede desligarse de su contenido. “A mis alumnos de Filosofía de la Universidad les pregunto: ¿es verdad que todas las opiniones son respetables?”, recordaba en una charla.
A los que le respondían que sí, que resultaba que eran una gran mayoría, les corregía. “Lo que es respetable es el derecho a exponer tu opinión. La respetabilidad de las opiniones depende del contenido de las opiniones”, insistía el maestro.
Una opinión puede ser legítimamente expresada, sí, pero eso no la convierte automáticamente en digna de respeto intelectual, sobre todo si carece de fundamento razonado o respalda prejuicios dañinos. Como expone el filósofo, “puede haber opiniones injustas, opiniones racistas, opiniones blasfemas…”
Por tanto, cuando en un debate la otra persona nos dice indignada “respete mi opinión”, eso no ha de servir de coartada para callarnos. No hemos de respetarla, ni aceptarla si creemos que puede dañar a la sociedad.
Lo que hemos de intentar es que nuestra reacción sea adecuada. Porque si respondemos a la opinión con violencia estamos perdiendo argumentos. De ahí que Marina deja claro que las personas sí merecen respeto. Pero les debemos responder con argumentos sólidos. El recomienda tratar el tema como un problema, no como un conflicto. Los problemas pueden solucionarse, mientras que en los conflictos alguien pierde.
CÓMO ACTUAR ANTE ESTAS IDEAS
Por tanto, respeto absoluto a la persona, examen riguroso de la idea. El debate es complejo, porque la libertad de expresión es importante en una democracia y la tentación de acallar a las voces discordantes es grande. Más cuando creemos que los altavoces (las redes y los medios tradicionales) nos perjudican.
No podemos caer en la simplificación. Lo que pide Marina es que cuidemos la base, lo más importante, que es la educación. No podemos negar la palabra a un terraplanista. Lo que no puede es enseñar Geografía.
Cada ámbito del conocimiento tiene criterios de validación y son los que debemos enseñar y transmitir. Las matemáticas se apoyan en demostraciones, la historia en documentación contrastada y la ciencia en experimentación y revisión de colegas profesionales. Así es como avanzamos. Hemos de enseñar a pensar, escuchar y contrastar. No solo se ha de saber opinar.
Marina insiste en que esta confusión tiene consecuencias. Si todo puede enseñarse en nombre de la libertad de opinión, entonces desaparecen los criterios básicos del aprendizaje. Y con ellos, la sociedad justa y sabia.