lunes, 14 de septiembre de 2026

Hechos sólidos para demostrar.....

Si vas a demostrarme la existencia de “Dios”, que sea con hechos sólidos, no con palabras

Ya no sigas tratando de demostrarme la existencia de tu divinidad con puras palabras o emociones, y menos con lo que dice tu libro sagrado. Hasta ahora los creyentes no han podido superar tres supuestos “procedimientos” para “demostrar” la existencia de su divinidad:

1. Basándose en lo que dice su libro sagrado.
2. Apelando a “experiencias vivenciales”.
3. Aplicando argumentos filosóficos o lógicos.

Descartemos de plano los dos primeros. Para nosotros el Tripitaka, los Vedas, el Bhagavad Gita, el Mahabharata, la Torá, el Tanaj, el Corán o la Biblia, son libros como cualquier otro. Fueron escritos por humanos y contienen partes acertadas y desacertadas. No son un compendio de la verdad última. Son sólo documentos literarios que reflejan el acervo cultural (la moral, los mitos y el contexto social) de los pueblos antiguos que los escribieron. Y no pueden usarse en un debate racional para demostrar verdades sobre el universo ni sobre la existencia de ningún dios, porque no pueden ser la prueba de lo que el mismo libro afirma. Esa es una falacia de petición de principio o argumento circular.

Y desde el punto de vista de la filosofía racional y la epistemología, las experiencias vivenciales (percepciones personales e internas, testimonios y “milagros”), tampoco pueden usarse como evidencia real, objetiva o demostrativa de la existencia de ningún dios, porque carecen de las condiciones lógicas o científicas necesarias para constituir una prueba universalmente aceptable. Así que no perdamos el tiempo en estos dos “procedimientos” que no aportan ni demuestran nada.

¿Y los argumentos racionales y filosóficos? Los pocos que hay, ya los conocemos:

- Argumento Cosmológico (origen del universo).
- Argumento Teleológico (el “diseño” del mundo).
- Argumento Moral (la moralidad objetiva).
- Argumento Ontológico (el concepto mismo de “Dios”)

Se han venido discutiendo por siglos. Y ¿han resuelto algo? ¿Han convencido contundentemente a la humanidad de que “Dios” existe? No. No lo han hecho. Incluso hay refutaciones sobre ellos. ¿No dice eso algo sobre su ineficacia?

¿Cuál es el problema? ¿No será que los razonamientos filosóficos y lógicos son insuficientes para demostrar la realidad de un ser específico? La lógica garantiza la relación entre las premisas y la conclusión; pero sólo la evidencia empírica permite determinar si aquello sobre lo que se razona existe efectivamente en la realidad. Los argumentos puramente lógicos pueden demostrar que una idea es coherente o necesaria dentro de un sistema de pensamiento, pero para afirmar que algo existe en el mundo real, se requiere evidencia empírica (observación o experimentación). No hay otra forma.

¿Debatirías sobre la existencia de algo que está irrebatiblemente demostrado que existe? ¿O debatirías sobre la existencia de algo cuya existencia es evidente? Por supuesto que no. ¿Y por qué todavía la gente debate sobre la existencia de “Dios”? Obviamente, porque su existencia no es obvia ni ha sido demostrada. ¿Por qué? Porque nos estamos refiriendo hasta ahora a un concepto, y como tal, sólo puede ser analizado filosófica o lógicamente.

Tomemos el caso del iridio, uno de los elementos químicos más raros de la corteza terrestre. ¿Alguien trataría de demostrar con argumentos filosóficos o lógicos su existencia? Por supuesto que no. Sabemos que existe, pero no porque su existencia se demostró mediante un argumento filosófico. Se supo que existía al identificarlo mediante investigación científica, observación, experimentación y análisis de sus propiedades. Pero claro, el iridio no es sólo un concepto, es algo que tiene presencia en la realidad objetiva, y eso deja evidencia. Y lo mismo ocurre con todo lo que sabemos que existe. No hemos llegado a la certeza de su existencia mediante especulación filosófica, porque la existencia no se obtiene sólo con palabras. ¿Por qué “Dios” tendría que ser la excepción? 

Pero hay otro detalle fundamental: antes de debatir sobre la existencia de algo, tenemos que estar seguros de qué estamos hablando. ¿Vamos a debatir sobre “Dios”? Comencemos entonces por definir qué entendemos por esa palabra. Después de todo, “Dios” es un sustantivo común, aunque se escriba con mayúscula en determinados contextos religiosos. No es, por sí mismo, el nombre propio de un ser específico y único, cuya existencia esté demostrada. Tampoco es evidente. Si lo fuera, nadie dudaría de su existencia.

Y para complicar más las cosas, no existe una única definición universal de “Dios”. Para algunas religiones es un ser personal, creador y omnipotente; para ciertas corrientes filosóficas es un principio absoluto o la realidad última; para otras concepciones puede identificarse con la naturaleza o el universo. Así que un debate serio debe comenzar preguntando: ¿Qué concepto de “Dios” estás defendiendo, y qué características le atribuyes? Y si la definición contiene contradicciones lógicas, como atribuirle simultáneamente propiedades incompatibles, fin de la discusión. Así como es incoherente un objeto que tuviera simultáneamente forma circular y cuadrada, también es incoherente un ser con atributos que se contradicen unos con otros, como omnipotencia y omnisciencia con benevolencia, lo que da lugar a lo que se conoce como paradojas teológicas.

Pero dejemos abierta la posibilidad de que alguna definición de “Dios” que todavía no conocemos no sea autocontradictoria. El problema es que, bajo ese criterio, tendríamos que examinar cada concepto concreto que pueda haber sobre “Dios”, para poder discutir sobre él. Por eso, dependemos de la definición que nos proporcione el creyente, para poder seguir adelante.

Por otra parte, si estamos hablando de “Dios” como una hipótesis sujeta a demostración, afrontamos de inmediato un inconveniente: desde una perspectiva científica, el concepto de “Dios” no cumple con los requisitos de una hipótesis científica, por falta de falsabilidad y el principio de parsimonia (Navaja de Ockham). La ciencia busca explicar el universo utilizando el menor número de suposiciones posibles. Mientras que, para la teología clásica y la mayoría de las religiones, tratar a “Dios” como una "hipótesis" es un error de categoría, principalmente porque DIOS NO ES UN OBJETO DEL MUNDO.

Entonces ya hablamos, ¿a qué otro mundo nos referimos si no es a éste? ¿Podemos hablar de otro supuesto mundo sin especular antojadizamente? Si estamos discutiendo sobre algo serio, no tiene sentido meternos en mundos de fantasía. Si vamos a discutir sobre algo, tiene que ser sobre algo del mundo real. El único mundo que conocemos como real. Así que, mientras no aportes evidencia, si te limitas a decirme que “Dios existe”, lo consideraré como una afirmación gratuita, no como un hecho establecido.

[Godless Freeman]
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Perdona a Otros porque también Necesitas Perdón


Por Rick Warren

“Porque, si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero, si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas”. Mateo 6:14-15 (NVI)

El perdón es una vía de doble sentido. No puedes esperar que otros te perdonen si no estás dispuesto a perdonarlos.

Jesús lo dijo de esta manera: “Porque, si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero, si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas” Mateo 6:14-15 (NVI).

Es una verdad bíblica básica. Cosechas lo que siembras.

Una vez, un hombre vino a Juan Wesley y le dijo: “Nunca podré perdonar a esa persona”. Wesley le dijo: “Entonces espero que nunca peques. Cuando no perdonas, estás quemando el único puente que necesitas cruzar”. Cuando no perdonas a los demás, estás creando las condiciones para que ellos tampoco te perdonen. Esto es importante porque Dios dice que necesitarás perdón en el futuro.

Cuando escucho a alguien decir que no puede perdonar a otra persona, me doy cuenta de que esa persona no entiende el perdón. Si entiendes el perdón, probablemente estarás más dispuesto a hacerlo. Muchos mitos nos impiden estar dispuestos a perdonar. Por ejemplo, estas son tres de las ideas erróneas más comunes sobre el perdón.

El perdón no es: 

1.    Minimizar la gravedad de la ofensa. El perdón es algo muy serio. Perdonar a alguien no significa que la ofensa cometida contra ti no duela.

2.    La restauración instantánea de la confianza. La confianza debe reconstruirse a lo largo del tiempo. Si las personas te hieren una y otra vez, la Biblia dice que estás obligado a perdonarlas, pero no estás obligado a confiar instantáneamente en ellas.

3.    Reanudar la relación sin ningún cambio. Perdonar no es lo mismo que reanudar una relación. El perdón es lo que haces si te ofenden. Si se va a restablecer la relación, el ofensor tiene que hacer tres cosas: arrepentirse, ofrecer restitución cuando sea posible y reconstruir la confianza durante un periodo de tiempo.

 Es hora de perdonar a quienes te han herido. Más adelante, tú también necesitarás el perdón de otros. No rechaces hoy aquello que tú mismo necesitarás mañana.

Reflexiona sobre esto
  • El pastor Rick dijo que hay tres cosas que el perdón no es. ¿Cuál de ellas te cuesta más aceptar?

  • ¿Cómo te ayuda a perdonar a otros saber que tú también necesitarás ser perdonado en el futuro?

  • ¿A quién necesitas expresarle hoy tu perdón?


Hoy puedes tomar la decisión más importante de tu vida. Haz clic AQUÍ.

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Sexo a partir de los 50: cómo, cuándo y por qué hay que practicarlo



  1. Joanna Guillén Valera

Con la edad tendemos a pensar que el deseo sexual desaparece a medida que nos hacemos mayores, pero hay mucho mito en este sentido. Es cierto que puede cambiar el ritmo, la forma o las prioridades, pero lo cierto es que desaparecer, no desaparece. Además, a partir de los 40-50 el sexo se convierte en algo imprescindible para la salud. Te contamos cómo potenciar tus relaciones

Como todo, la sexualidad también evoluciona con la edad. No es lo mismo tener sexo en la adolescencia que en la edad adulta y tampoco lo es con 30 que con 50 años. Esto no quiere decir que a medida que cumplamos años, las ganas de sexo disminuyan o aumentan, simplemente cambia la forma en la que vivimos y disfrutamos de las relaciones sexuales. 

En el caso de la mujer, es cierto que, a determinada edad y por el efecto de las hormonas, puede disminuir la líbido y que las ganas de tener sexo disminuyan pero esto se puede revertir. Como explica a CuídatePlus Alba Povedano, sexóloga clínica y encargada de Amantis Gràcia (Barcelona), “la sexualidad evoluciona a lo largo de nuestra vida”. Con la edad, explica, “tendemos a pensar que desaparece a medida que nos hacemos mayores, pero hay mucho mito en cuanto a esa afirmación. Sí que puede cambiar el ritmo, la forma o las prioridades, pero lo cierto es que desaparecer, no desaparece”.

Mientras que en la juventud “predomina mucho más la intensidad, la frecuencia o incluso la curiosidad, con la edad se gana terreno a la calidad de las relaciones, así como la conexión entre las personas, mejor comunicación y más disfrute sin prisas”, informa. Eso sí, “vamos a experimentar cambios en el cuerpo y habrá que ir adaptándose a ellos”.


Diferencias entre el hombre y la mujer

En cuanto a las diferencias entre hombres y mujeres, a nivel biológico y lejos de lo que pudiéramos pensar, la experta señala que “no hay tantas diferencias entre unos y otros”. Lo que sí hay son “cambios educacionales”. Esto es así porque “a los hombres se les ha educado mucho más en el rendimiento y en la disposición y a las mujeres mucho más en el cuidado y en la complacencia”.

En el plano fisiológico, a medida que nos hacemos mayores, los hombres van a experimentar ciertos cambios, sobre todo, “en las erecciones y en tener menos deseo por causas hormonales cuando baja la testosterona”. En el caso de las mujeres, aumenta “la sequedad vaginal, se producen cambios en la sensibilidad y atrofias si no hay buenos cuidados”. Esto es lo normal, sin embargo, si juntamos los cambios educacionales con estos cambios fisiológicos, “aparece la frustración por no llegar a esos estándares que teníamos establecidos” y aquí es cuando aparecen los problemas. La buena noticia es que, todo se puede arreglar con “una mejor comunicación, exploración y autoconocimiento”. Esto, señala la sexóloga, “puede hacer que la conexión sea mayor que cuando pasamos etapas siendo más jóvenes”.

Los gustos también cambian

Pero no sólo se producen cambios físicos a partir de los 50, sino que también cambian los gustos. De jóvenes, explica la sexóloga, “nos suelen gustar más las prácticas inmediatas o muchas que se asocian a lo visual, mientras que, con el tiempo, valoramos más la parte más emocional y sensorial”. Algo que ocurre tanto en hombres como en mujeres. 

En la juventud, describe, “solemos darle aún demasiada importancia a los genitales y pasamos por los preliminares como si fueran solo una parte menor del juego sexual, mientras que, en la madurez, estas prácticas tan divertidas pasan a ser mucho más el centro de la relación, dando mucha más importancia al contacto, el ritmo más lento, y el placer compartido sin tanta autoexigencia, dejando de ser tan genital y pasando a ser una sexualidad más integral, de piel, miradas, complicidad, etc.”

Pero no sólo eso, ya que en edades más avanzadas, “muchas personas mayores suelen atreverse a hacer cosas nuevas porque ya no sienten tanta vergüenza o miedo al qué dirán”.

Beneficios del sexo

Entre los múltiples beneficios del sexo a cualquier edad pero, sobre todo, a partir de los 50, reduce estos niveles de cortisol y funciona como un catalizador que estimula la liberación de diferentes sustancias implicadas en nuestro bienestar, como las endorfinas, que producen sensaciones de euforia y placer, la oxitocina que promueve sentimientos de conexión y confianza, o la dopamina que mejora el estado de ánimo y la motivación.

Consejos para disfrutar del sexo a partir de los 50

Para los que quieran mejorar sus relaciones sexuales en la edad adulta, su consejo de experta es cuidar todos los ámbitos, no sólo el físico.  

Sus recomendaciones son:

  • Cuidar la salud física, porque influye en el deseo.

  • Comunicar. Hablar de lo que gusta, de lo que no y de lo que se necesita, y no dar por hecho que lo que me gustaba hace unos años sigue siendo lo mismo que ahora. Hay que tener presente que el cuerpo y las preferencias cambian.

  • Explorar el cuerpo sin prisa, con humor y sin autoexigencia. Siempre tenemos nuevos recovecos por conocer y el cuerpo es una fuente de placer que no acabaríamos nunca.

  • Usar lubricantes o juguetes que nos pueden ayudar a recuperar fuerza, tonicidad de suelo pélvico para disfrutar más, ayudar con la parte más fisiológica, y además pasar un buen rato cambiando un poco el tipo de estímulo al que estamos acostumbrados/as.

  • Mantener el deseo con estímulos: leer, fantasear, tocarse, descubrirse con los juguetes ya nombrados.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Delo Amado : Astro de la narracion deportiva


Fue uno de los grandes narradores deportivos de Venezuela Delio Amado León , nació en Turmero, Estado Aragua, Venezuela, el 13 de septiembre de 1932, fue un destacado narrador deportivo venezolano.
Destacaba principalmente como narrador de béisbol, aun cuando también describía otros deportes como el boxeo y en menor medida el baloncesto.
Inicia su carrera como pupilo del desaparecido narrador deportivo Francisco José Cróquer (mejor conocido como "Pancho Pepe ") en los años 50.
Perteneció desde sus inicios hasta el año 1995 al circuito radial de los Leones del Caracas, pasando posteriormente al de los Tiburones de La Guaira hasta su fallecimiento.
En televisión, formaba parte del personal de narradores y comentaristas deportivos de Venevisión.
Cabe destacar que fue uno de los editores de la revista Sport Gráfico, precursora del diario Meridiano, fundado por Carlos Rafael ("Carlitos") González. Con este último formó una asociación llamada "Gondel".
Cuando pasa a formar parte del circuito de los Tiburones de La Guaira en 1995, se le diagnostica cáncer pulmonar debido principalmente a su hábito tabáquico.
Aun cuando en septiembre del año siguiente notó una considerable mejoría en su estado de salud, dos meses más tarde una neumonía minaría su resistencia, dejando de existir el día 30 de noviembre de ese mismo año.
Su homenaje póstumo fue uno de los más emotivos (tan sólo superado por el de personajes como Amador Bendayán)
El 29 de octubre de 2007 fue exaltado al Salón de la fama del Béisbol Venezolano.
Una de sus frases que lo inmortalizó es la siguiente: "La bola se va, se va, ¡jooooooooooooooooooooooonrón!"...

El Resentimiento te Lastima más que Nadie


Por Rick Warren

El resentimiento mata a los necios; la envidia mata a los insensatos”. Job 5:2 (NVI)

Si te aferras al resentimiento, siempre te va a herir más que la persona contra quien estás resentido. El resentimiento es autodestructivo y contraproducente. 

El resentimiento no tiene sentido.

Si alguna vez alguien tuvo razones para estar resentido, fue Job. Era un hombre santo que tenía todo lo que podía desear —riqueza, fama y una gran familia. Un día él perdió todo. Las naciones enemigas mataron su ganado. Todos sus hijos murieron. Sufrió una grave enfermedad. Literalmente perdió todo lo que tenía. Todo lo que le quedó fue una esposa quejumbrosa. Entonces sus amigos vinieron y, en esencia, le dijeron que todo era culpa suya.

Aunque Job tenía toda la razón para estar resentido, él nos dice en el libro bíblico con su nombre que el resentimiento es una mala idea. En el libro de Job leemos: “El resentimiento mata a los necios; la envidia mata a los insensatos” Job 5:2 (NVI).

Job fue un hombre sabio. Él sabía que no tenía tiempo para el resentimiento. Él sabía que era torpe, absurdo e ilógico. Si reflexionas sobre las experiencias en tu propia vida, probablemente estarás de acuerdo. Podemos hacer cosas insensatas cuando estamos atrapados en el resentimiento. Diremos cosas como, “¡Le daré su merecido!” Entonces, a menudo hacemos el ridículo intentando lograr que eso suceda. Cuando guardamos resentimiento, actuamos de maneras autodestructivas y nos herimos a nosotros mismos más que aquellos contra quienes tenemos rencor.

Por ejemplo, recuerdo haber visto una vez el antiguo programa «Los tres chiflados», en el que Moe está golpeando a Curly en el pecho. Curly dice, “Me voy a vengar de este tipo. ¡Voy a detenerlo!” así que tomó un cartucho de dinamita y se lo ató al pecho. Y entonces dijo: «¡La próxima vez que me pegue, le arrancaré la mano con la explosión!».

Eso es lo que sucede cuando tenemos resentimiento —hacemos cosas realmente torpes intentando vengarnos de las personas. Peor aún, el resentimiento no ayuda. Nos hace miserables durante el proceso y nunca conseguimos lo que buscamos.

Entonces, ¿por qué hacerlo? No te quedes con el resentimiento. Déjalo ir. Perdona.

Reflexiona sobre esto
  • ¿Por qué es tan importante para nosotros tener la última palabra?

  • ¿De qué maneras has visto que aferrarte al resentimiento te lastima o lastima a las personas que te importan?

  • ¿Qué ofensa del pasado necesitas perdonar para dejar atrás el resentimiento?


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