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martes, 20 de octubre de 2026

La red de tráfico de cocaína que dirigían los alumnos de una de las universidades más conocidas de EE.UU. (y cómo los atraparon)



  • Sheila Flynn
  • Título del autor,

Reportera sénior en Estados Unidos / Llegaron a la Universidad Estatal de Pensilvania procedentes de todo Estados Unidos. Atletas universitarios y estudiantes destacados se sentían atraídos por la sólida reputación académica de la universidad y las oportunidades que ofrecía.

Agostino Abbatiello se graduó de una prestigiosa escuela católica para varones en Long Island, Nueva York.

En la secundaria, se definía a sí mismo como un "entrenador personal", del tipo que vivía según el código moral de la escuela de hacer "lo correcto en el momento adecuado porque es lo correcto, sin importar quién esté mirando".

En Universidad Estatal de Pensilvania, sin embargo, su adhesión a ese lema fue puesta en entredicho.

Abbatiello, de 24 años, fue arrestado esta semana acusado de ser el cabecilla de una red de narcotráfico que incluía a miembros de fraternidades locales, organizaciones exclusivamente masculinas presentes en muchos campus universitarios estadounidenses.

En EE.UU., algunas fraternidades son conocidas por someter a los aspirantes a miembros a rituales de iniciación, conocidos como novatadas.

En lugar de someter a jóvenes universitarios a retos de consumo de alcohol, según los fiscales, los supuestos cabecillas de la red de narcotráfico obligaron a algunos a procesar y empaquetar cocaína.

Abbatiello se entregó a la policía de Pensilvania; su abogado no respondió a la solicitud de comentarios de la BBC.

En total, 13 estudiantes, actuales y antiguos, fueron acusados de formar parte de la red de tráfico de cocaína.

Al decimocuarto acusado, padre de un estudiante, se le acusa de manipular pruebas y obstaculizar la investigación.

La Universidad Estatal de Pensilvania expresó su consternación ante las acusaciones contra sus estudiantes actuales y antiguos.

"Las actividades delictivas, incluidas las novatadas, no tienen cabida en nuestra institución, y cooperaremos con las fuerzas del orden en todo lo que podamos", declaró Andrea Dowhower, vicepresidenta de asuntos estudiantiles, en un comunicado.

En cierto modo, el plan, tal como lo han descrito los fiscales, recuerda al guion de una película de Hollywood: extenso y sofisticado, pero obra de jóvenes que apenas hacía unos años que habían terminado la secundaria.

Las fraternidades Delta Upsilon y Sigma Chi

La fiscalía alega que los acusados utilizaron aplicaciones como Snapchat y la billetera digital Venmo, y que los nombres de usuario vinculados a sus nombres reales finalmente ayudaron a que fueran capturados.

Supuestamente, reclutaron a miembros de fraternidades y obligaron a algunos aspirantes a miembros a cortar y empaquetar la cocaína.

"No había nada de infantil o adolescente en este tipo de conducta", declaró el fiscal general de Pensilvania, Dave Sunday, al anunciar los cargos.

"Se trataba de una organización de trata de personas de alto nivel que operaba en esta región de Pensilvania", agregó.

Según el informe del gran jurado, obtenido por la BBC, miembros de la fraternidad Delta Upsilon se vendían cocaína entre sí y la obtenían de Abbatiello, miembro de Sigma Chi.

Abbatiello conseguía las drogas de un traficante en Pensilvania que conocía Lars Zeepvat, también miembro de Sigma Chi y uno de los acusados, según el informe.

Agostino Abbatiello tiene 24 años y está acusado de ser el líder de la banda.

Pero cuando se agotó ese suministro de cocaína, Abbatiello supuestamente buscó un nuevo proveedor y encontró uno en su ciudad natal "que les suministraba mayores cantidades de cocaína", señala la acusación.

Después de eso, según el informe, Zeepvat notó "un cambio en Abbatiello, y le quedó claro que este ahora vendía drogas con fines de lucro, en lugar de conseguirlas para sí mismo y unos pocos amigos".

De acuerdo al informe, Zeepvat afirmó que Abbatiello le había preguntado si "quería ganar dinero y ayudarle a distribuir cocaína".

No pasó mucho tiempo antes de que Zeepvat y otro acompañaran a Abbatiello a recoger la droga o condujeran para "comprar grandes cantidades".

"Conducían hasta un lugar indicado en una dirección que les proporcionaba Abbatiello, un hombre les entregaba una bolsa con cocaína (...) y ellos regresaban con la bolsa a la universidad para entregársela a Abbatiello", asegura el informe.

Los socios en el delito

Dos miembros de la fraternidad Delta Upsilon, Mohammed Huraibi y Thomas Robinson, quienes también enfrentan cargos por delitos graves, se asociaron en el negocio de la cocaína en 2023, según los fiscales, y ambos comenzaron a comprar cada vez más droga a Abbatiello.

A finales de 2023, "varios de los aspirantes a miembros de la fraternidad Delta Upsilon fueron utilizados para empaquetar la droga en bolsitas de medio gramo para su venta", dice el informe.

El fiscal general describió "un patrón de acontecimientos que demostraba que cortar y empaquetar cocaína era, para algunos aspirantes, una forma de adoctrinamiento en las fraternidades Delta Upsilon y Sigma Chi".

Los abogados de Zeepvat y Huraibi no respondieron a los mensajes en los que se solicitaban comentarios. No figuraba ningún abogado para Robinson en el expediente judicial y los intentos de contactarlo resultaron infructuosos.

Para el otoño de 2024, la red que había comenzado con unos pocos miembros de una fraternidad vendiéndoselos entre sí estaba en pleno auge, y Robinson y Abbatiello supuestamente estaban reclutando a más ayudantes, según el informe.

Amigos y compañeros de la fraternidad colaboraron en el empaquetado, la entrega y la distribución.

Al mismo tiempo, la policía les estaba siguiendo la pista, según revelan documentos judiciales de 2024 obtenidos por CBS News, socio de la BBC en EE.UU.

Según esos documentos, un informante confidencial había dicho a la policía que un hombre que usaba el apodo de "T-Rob" había estado vendiendo cocaína desde la casa de la fraternidad Delta Upsilon y aceptando pagos por Venmo con su nombre de usuario "Tom-Robinson".

Las autoridades no tardaron en rastrear el caso hasta el estudiante de la Universidad Estatal de Pensilvania, y la policía allanó posteriormente su habitación en Delta Upsilon en diciembre de 2024, informó CBS.

Robinson pensó que se trataba de una broma, por lo que desobedeció las órdenes y recibió una descarga eléctrica con una pistola Taser, de acuerdo con los registros judiciales citados por CBS.

La policía encontró una bolsa de 220 gramos de marihuana, frascos de pastillas, parafernalia relacionada con las drogas, una pistola en una caja fuerte y un cargador con munición, publicó la cadena estadounidense.

Acto seguido, Robinson señaló a Abbatiello como su proveedor ante la policía, y a partir de ahí todo se fue desmoronando.

El "mayor distribuidor de cocaína" de la universidad

En el informe obtenido por la BBC, Zeepvat describió a Abbatiello como el "mayor distribuidor de cocaína en la Universidad Estatal de Pensilvania" y ha sido acusado de numerosos delitos graves.

Entre los cargos se incluyen múltiples delitos de posesión ilegal de drogas con intención de distribuirlas y conspiración. No se presentó a su comparecencia ante el juez el 17 de agosto, pero se entregó al día siguiente.

Robinson, Zeepvat y Huraibi también fueron acusados de delitos graves. La mayoría de los demás sospechosos se enfrentan a delitos menores.

La Universidad Estatal de Pensilvania anunció que la fraternidad Delta Upsilon enfrenta una suspensión provisional. Sigma Chi opera al margen de la supervisión de la universidad.

El director ejecutivo de Sigma Chi, Michael Church, declaró en un comunicado recogido por CBS que la conducta denunciada era una "violación flagrante" de sus valores, que los miembros acusados fueron suspendidos y que la sección implicada también ha sido puesta en suspensión provisional.

El director ejecutivo de Delta Upsilon, Justin Kirk, declaró en un comunicado que estaban colaborando estrechamente con la universidad y los investigadores, y que los sospechosos asociados con la fraternidad habían sido "expulsados, suspendidos o renunciaron".

miércoles, 14 de octubre de 2026

El juicio a los esbirros de la Seguridad Nacional


El juicio a los esbirros de la Seguridad Nacional
Tras la caída de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, el país no solo celebró el final de una dictadura, también abrió las puertas a la justicia. La Seguridad Nacional, institución temida del régimen, quedó al descubierto. Sus celdas y archivos mostraban el rastro de un sistema de represión que encarceló, torturó y asesinó a cientos de venezolanos cuyo único delito fue disentir.
La sociedad exigía memoria y castigo. Fue así como se abrió un largo proceso judicial contra los principales responsables de aquel aparato represivo. El juicio se extendió por cinco años y culminó el 1 de abril de 1963 con sentencias que buscaban marcar un antes y un después en la historia de Venezuela.
CorreodeLara.com | Revivimos la historia
Entre los condenados estuvieron algunos de los nombres más temidos de la época: Miguel Silvio Sanz Áñez, “El Negro Sanz”, sentenciado a 16 años de prisión; Braulio Barreto, con penas que casi alcanzaban dos décadas; Gregorio González Gómez, “El Alcatraz”; y José Manuel Hernández Sandoval, apodado “El Loco”.
En la fotografía, los esbirros más connotados de la Seguridad Nacional escuchan los cargos del Fiscal Segundo del Ministerio Público en un salón improvisado de la Cárcel Modelo. Esa imagen se convirtió en símbolo de un país que, por primera vez, veía a sus verdugos sentados en el banquillo de los acusados.
Sin embargo, no todas las víctimas hallaron justicia. Muchas denuncias se perdieron en expedientes mal resguardados y otras quedaron silenciadas por la dinámica política del momento. Pese a ello, el proceso buscó saldar una deuda con la memoria colectiva y cerrar con tribunales lo que había comenzado con verdugos.
Hoy, la tortura en Venezuela sigue siendo una realidad, con centros como el Helicoide, Los Chaguaramos o Boleíta Norte convertidos en sinónimo de dolor. Conviene recordar a José Agustín Catalá (1915-2011), quien afirmaba que no podía hablarse con certeza de la tortura si no se siente, pues es inenarrable y la literatura no basta para retratarla.

viernes, 2 de octubre de 2026

La Seguridad Nacional ( SN ). Cuerpo represivo de la dictadura de Marcos Perez Jimenez. Consideraciones generales y sus jefes



La Dirección de Seguridad Nacional (SN) fue el organismo de inteligencia y policía política represiva más temido durante la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela. Operó como la principal herramienta del régimen para erradicar la oposición política, disolver sindicatos y silenciar cualquier disidencia.

Consideraciones Generales

  • Origen e Institucionalización:

    El germen del organismo nació en 1938 como el Cuerpo de Investigación Nacional. Tras el golpe de Estado de 1948, fue reestructurado mediante decreto para servir como la policía política de la Junta Militar y, posteriormente, del régimen despótico de Marcos Pérez Jiménez.

  • Estructura Represiva (La Sección Político-Social):

    La SN funcionaba dividida en varias áreas administrativas y operativas, pero su brazo ejecutor más sanguinario era la Sección Político-Social. Se encargaba de realizar persecuciones, allanamientos sin orden judicial, espionaje de ciudadanos y detenciones arbitrarias sin derecho al debido proceso.



  • Métodos de Represión y Violación de DD.HH.:

    • Sistemas de tortura: La SN practicaba la tortura sistemática en sus calabozos (golpizas, descargas eléctricas, vejaciones, la plancha de hielo y privación del sueño).

    • Campos de concentración: Crearon el infame campo de reclusión en la isla de Guasina, en el Delta del Orinoco, donde recluyeron y forzaron a trabajos inhumanos a cientos de presos políticos entre 1951 y 1952.

    • Asesinatos políticos y desapariciones: Fue responsable de los ejecuciones y muertes en prisión de líderes de la resistencia como Leonardo Ruiz Pineda, Alberto Carnevali, Antonio Pinto Salinas y Cástor Nieves Ríos, entre otros.

  • Sedes Principales:

    Inicialmente operó en El Paraíso y, desde 1953, tuvo su sede principal en la Avenida México de Caracas (donde hoy se encuentra la Plaza Morelos y el Hotel Alba Caracas).

  • Disolución:

    Un día después del derrocamiento de Pérez Jiménez, la Dirección de Seguridad Nacional fue disuelta formalmente el 24 de enero de 1958 por la Junta de Gobierno. Sus archivos represivos fueron confiscados y sus sedes asaltadas por la ciudadanía.

Sus Directores y Jefes Operativos

A lo largo de su historia bajo el marco de la dictadura, la Seguridad Nacional tuvo cuatro directores oficiales, además de temidos jefes de división:

1. Pedro Estrada (Director principal: 1951 - 1958)

Conocido popularmente como "El Chacal de Güiria", fue el segundo y más longevo director de la SN, estando al mando desde el 31 de agosto de 1951 hasta el 10 de enero de 1958.

  • Fue el cerebro organizativo del aparato represivo estatal, construyendo una densa red de espías ("delatores" o "sapos") a nivel nacional e internacional.

  • Transformó a la institución en una de las policías represivas más eficientes de la región en la lucha contra la clandestinidad (principalmente militantes de Acción Democrática y del Partido Comunista).

  • Tuvo que huir al exilio el 10 de enero de 1958 debido a la presión de los mandos militares que exigieron a Pérez Jiménez su destitución inmediata.

2. Miguel Silvio Sanz ("El Negro Sanz")

Aunque no fue el director general del organismo, fue el Jefe de la Sección Político-Social y la mano derecha de Pedro Estrada. Sanz era la cara directa de los interrogatorios, los asesinatos y las ejecuciones de tortura física dentro del recinto represivo. Era uno de los personajes más temidos del régimen perezjimenista.

3. Jorge Maldonado Parilli (Director: 1948 - 1951)

Fue el primer director de la Seguridad Nacional. Ocupó el cargo desde su creación oficial en la Junta Militar el 24 de noviembre de 1948 hasta ser sustituido por Pedro Estrada en agosto de 1951.

4. Directores del periodo de transición (Enero de 1958)

  • Luis Teófilo Velasco: Asumió el cargo del 11 al 21 de enero de 1958 tras la destitución de Pedro Estrada.

  • Régulo Fermín Bermúdez: Asumió la dirección el 22 de enero de 1958, durando apenas 48 horas en el cargo previo a la caída del régimen y disolución definitiva del organismo.

En este documental sobre violaciones de DD.HH. por la Seguridad Nacional se repasa en detalle el rol desempeñado por Pedro Estrada y las repercusiones de la policía política de Pérez Jiménez en la historia venezolana.

Lo llamaban SN

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 Miguel Silvio Sanz: el segundo hombre de la Seguridad Nacional

Aquí lo vemos caído. El régimen que sirvió con lealtad de esbirro ya había sido derrocado, y mientras sus jefes huían al extranjero con fortunas amasadas en el poder, Miguel Silvio Sanz se quedó atrás, expuesto a la justicia y a la furia popular.

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Sanz fue la mano derecha de Pedro Estrada en la temida Seguridad Nacional. Nacido en Maracaibo en 1912, hizo carrera en la Sección Político-Social de la policía política, donde dirigió detenciones arbitrarias, torturas y allanamientos. Su figura imponía terror: los presos políticos, como recordó Américo Martín, contenían la respiración cuando escuchaban sus pasos en los calabozos, y el poeta Vicente Gerbasi lo describió como un hombre brutal y altanero, convencido de que gobernaría para siempre.

Durante su funcionamiento, la Seguridad Nacional se encargó de enviar a 822 venezolanos, acusados de ser militantes de Acción Democrática y comunistas, al Campo de Concentración de Guasina, en el Delta del Orinoco, el cual funcionó hasta diciembre de 1952. Después, muchos de ellos fueron deportados a distintas cárceles del país, mientras la tortura y el tormento se institucionalizaban como método de interrogatorio.

Tras la caída de Pérez Jiménez, Sanz fue uno de los 23 funcionarios de la SN sometidos a juicio. El proceso, recogido en el libro Hombres y verdugos de Ramón J. Velásquez y José Agustín Catalá, documentó testimonios desgarradores: golpes, planazos, descargas eléctricas, torturas con rines y mangueras, amenazas de muerte. Sanz fue identificado una y otra vez como el principal responsable en los cuartos secretos de interrogatorios.

Condenado en 1963 a 16 años de presidio por el asesinato de Luis Hurtado Higuera y múltiples torturas, no cumplió la pena completa. Murió de cáncer en Maracaibo, olvidado incluso por quienes alguna vez le temieron. Solo algunos ex presos políticos, con sorprendente humanidad, se acercaron a su lecho de muerte.

#CorreodeLara #HistoriaDeVenezuela #SeguridadNacional #Dictadura #torturas

lunes, 17 de agosto de 2026

A 53 años del secuestro y crimen que marcó la historia de Venezuela



A 53 años del secuestro y crimen que marcó la historia de Venezuela.
Hace más de medio siglo, Caracas perdió la inocencia en una tarde de Carnaval. Lo que comenzó como un secuestro torpe perpetrado por “hijos de papá” terminó en una tragedia nacional que desnudó las costuras del poder. Hoy, en 2026, el nombre de Carlos Vicente Vegas Pérez sigue siendo el símbolo de una herida que la justicia venezolana nunca quiso cerrar.
El Carnaval que se vistió de luto
El 22 de febrero de 1973, Carlos Vicente, un adolescente de 13 años e hijo del renombrado arquitecto Martín Vegas Pacheco, salió de su casa en Lomas del Mirador para comprar unas revistas en Chuao. Nunca regresó.
Fue interceptado por un grupo de jóvenes que, lejos de ser criminales de carrera, eran herederos de las familias más influyentes de la capital. El móvil fue tan banal como aterrador: una deuda de drogas con narcotraficantes colombianos. Los captores, “novatos” en el crimen pero expertos en el privilegio, buscaban dinero rápido para cubrir sus excesos.
La muerte en el maletero
La tragedia ocurrió casi de inmediato. Carlos Vicente fue sedado, amordazado y encerrado en el maletero de un vehículo blanco. Sin ventilación y bajo el sol caraqueño, el monóxido de carbono hizo lo suyo. El niño murió por asfixia mecánica el mismo día de su captura.
A pesar de que ya tenían un cadáver en las manos, los secuestradores siguieron adelante con el plan. Exigieron 150.000 bolívares (una fortuna en la época de los 4,30 por dólar). La familia, en un acto de fe desesperada, entregó el maletín con los billetes marcados en la Plaza Francia de Altamira el 26 de febrero. El silencio que siguió fue la confirmación del horror.
El hallazgo y el “Cangrejo”
El 1 de marzo, el cuerpo fue hallado en un barranco de la Cortada del Guayabo. La indignación social estalló. El entonces comisario de la PTJ, Fermín Mármol León, lideró una investigación que parecía blindada. Las pruebas apuntaban a nombres que hacían temblar las instituciones: Alfredo Luis Parilli Pietri (pariente de la Primera Dama), Omar “El Chino” Cano, Gonzalo “Fafa” Cappecci y José Luis “Caramelito” Branger, entre otros.


Sin embargo, el caso pronto se topó con un muro invisible. Mármol León lo llamaría años después en su libro los “Cuatro Poderes“: el económico, el político, el eclesiástico y el militar. Las presiones fueron tales que el comisario fue apartado y el expediente comenzó a desmoronarse por “fallas de instrucción”.
“El expediente pesaba menos que los apellidos de los involucrados”, rezaba el dicho popular de la época.
Impunidad: El legado de una era
Para enero de 1974, la mayoría de los implicados estaban en la calle. Solo “El Chino” Cano y “Fafa” Cappecci permanecieron tras las rejas, pero bajo cargos de tenencia de drogas, no por el asesinato de Carlos Vicente. El sistema judicial prefirió el archivo antes que la confrontación con la élite.


La cinematografía nacional, de la mano de Román Chalbaud, inmortalizó esta injusticia en la película Cangrejo (1982), donde el país pudo ver, bajo nombres ficticios, cómo se trituró la verdad.
2026: La memoria digital no perdona
A 53 años del suceso, el caso Vegas Pérez ha encontrado una segunda vida en las redes sociales. En TikTok e Instagram, las nuevas generaciones redescubren el crimen como el ejemplo definitivo de la fractura social de los años 70.
De los protagonistas, el destino fue errático. Alfredo Parilli Pietri murió en prisión décadas después por un caso distinto de drogas, cerrando un círculo de sombras. Pero para la familia Vegas Pérez y para la historia criminal de Venezuela, el “Cangrejo” sigue vivo: nadie pagó nunca por la vida del niño del maletero.
Redacción Otilca Radio. Fotos de prensa de la época. Todo el crédito a sus autores.

Aprende de lo natural......