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lunes, 19 de octubre de 2026

Por primera vez Japón supera las 100.000 personas con 100 años o más (y qué hay detrás de esta asombrosa longevidad)



  • Kurumi Mori
  • Título del autor,Corresponsal en Tokio, BBC
  • Autor,Issey Izumi
  • Título del autor,

BBC / El número de personas de 100 años o más en Japón ha superado las 100.000 por primera vez, según el Ministerio de Sanidad de ese país.

Los registros muestran que Japón alberga actualmente a 107.677 centenarios, la cifra más alta del mundo, de los cuales el 88% son mujeres.

La mujer de mayor edad es Kishimoto Fuyo, de 114 años y originaria de la ciudad de Kioto, y el hombre de mayor edad es Kato Hikaru, de 112 años y originario de Kumamoto.

El ministro de Sanidad, Kenichiro Ueno, afirmó estar "encantado de que tantas personas vivan vidas largas, sanas y activas", citando los avances en medicina y tecnología.

Pero Kenichiri también advirtió sobre el desafío que enfrenta el país para mantener un sistema de seguridad social sostenible.

Los expertos atribuyen la longevidad de los japoneses a varios factores, entre ellos una dieta saludable y un estilo de vida activo.

La gastronomía de esta nación insular se compone principalmente de pescado, verduras y arroz, y contiene menos grasas saturadas que muchas dietas occidentales.

Las personas mayores también caminan, usan el transporte público, montan en bicicleta y hacen estiramientos con regularidad.

Envejecimiento poblacional

Se cree que la dieta de los japoneses, compuesta principalmente de pescado, verduras y arroz, contribuye a una mayor longevidad.

Japón lleva años experimentando un proceso de envejecimiento poblacional. Las ventas de pañales para adultos han superado a las de pañales para bebés durante más de una década.

Las empresas también han desarrollado nuevos productos para la población de edad avanzada, entre los que se incluyen un exoesqueleto motorizado para ayudar a mover diversas partes del cuerpo y gafas que ajustan automáticamente su enfoque.

Para que una población se reemplace, cada mujer necesita dar a luz a un promedio de 2,1 hijos. El año pasado, la tasa de fecundidad total de Japón cayó a un mínimo histórico de 1,14.

Según datos del Instituto Nacional de Investigación sobre Población y Seguridad Social, se estima que la población total disminuirá a 87 millones para 2070, lo que representa un descenso del 30% con respecto a su máximo de 128 millones en 2008.

Actualmente, los residentes de 65 años o más representan alrededor del 30% de la población y se espera que alcancen casi el 40% para el año 2070.

"Emergencia silenciosa"

Las autoridades japonesas han calificado esta tendencia al envejecimiento de "crisis existencial", y la primera ministra del país, Sanae Takichi, ha descrito el declive como una "emergencia silenciosa".

En 2025, la población total de Japón disminuyó en las 47 prefecturas excepto en dos, y el ritmo de descenso se está acelerando.

La migración a Japón ha aumentado en los últimos años, pero sigue siendo baja en comparación con otras economías importantes.

Los numerosos programas y subsidios del gobierno para alentar a los jóvenes a tener más hijos no parecen estar impulsando las tasas de natalidad.

Los expertos afirman que las razones son complejas y van desde menores tasas de matrimonio y una mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral hasta el aumento de los costos de la crianza de los hijos.

Si bien la inmigración ha aumentado en años anteriores, los extranjeros representan solo alrededor del 3% de la población y la oposición a aceptar a más inmigrantes ha ido en aumento.

Cuando Japón inició su censo de centenarios en 1963, había 153 personas de 100 años o más. Esa cifra aumentó a 1.000 en 1981 y alcanzó los 10.000 en 1998.

Las cifras más recientes se publicaron antes del día festivo anual de Japón "Respeto a los ancianos", en el que el gobierno homenajea a quienes cumplen 100 años con una carta personal y una copa de sake tradicional.

Estudios anteriores pusieron en duda la validez de las cifras mundiales de centenarios, sugiriendo que los errores en los datos, los registros públicos poco fiables y la falta de certificados de nacimiento podrían explicar las cifras elevadas.

Una auditoría gubernamental de los registros familiares en Japón en 2010 descubrió que más de 230.000 personas registradas como mayores de 100 años no podían ser localizadas; algunas de ellas habían fallecido décadas antes.

El error en el recuento se atribuyó a la deficiente contabilidad y a las sospechas de que algunas familias podrían haber intentado ocultar la muerte de parientes ancianos para poder cobrar sus pensiones.

martes, 19 de mayo de 2026

Por qué los japoneses son tan indiferentes al cristianismo?


¿Por qué los japoneses son tan indiferentes al cristianismo?

Cuando muchos occidentales piensan en religión, suelen imaginar sociedades profundamente marcadas por el cristianismo, donde conceptos como “pecado”, “salvación”, “culpa ante Dios” o “vida eterna”, forman parte del lenguaje cotidiano. Japón, sin embargo, representa un caso cultural radicalmente distinto. Para millones de japoneses, el cristianismo es solamente una curiosidad histórica y estética, no el eje moral de la sociedad ni la base de la identidad nacional.

Actualmente Japón tiene una población aproximada de 124 a 125 millones de habitantes. Y las estadísticas religiosas son complejas, porque gran parte de la población participa simultáneamente en rituales sintoístas y budistas sin considerarse “religiosa” en sentido estricto. Según datos recientes del gobierno japonés, del Pew Research Center y de estudios demográficos internacionales, alrededor del 48% al 70% de los japoneses participa de prácticas sintoístas, cerca del 46% al 67% mantiene vínculos culturales con el budismo, mientras que el cristianismo apenas ronda entre el 1% y el 2% de la población. Paralelamente, entre un 40% y un 70% de los japoneses se describen como “sin religión” o no afiliados religiosamente. [1]

Este aparente “contraste estadístico” ocurre, porque en Japón la religión no suele entenderse como una afiliación exclusiva y absoluta. Una misma persona puede visitar santuarios sintoístas en Año Nuevo, celebrar funerales budistas y casarse en una ceremonia con estética cristiana, todo ello sin sentir contradicción alguna.

Sin embargo, las religiones históricamente dominantes en Japón son el sintoísmo y el budismo. El sintoísmo es una tradición autóctona japonesa extremadamente antigua, sin fundador, sin dogmas rígidos, y sin un libro sagrado equivalente a la Biblia o al Corán. Se basa en la veneración de los “Kami”, entidades espirituales asociadas a fenómenos naturales, lugares, fuerzas de la naturaleza, ancestros y elementos considerados extraordinarios.

Pero traducir “Kami” simplemente como “dioses”, resulta engañoso desde la perspectiva occidental. Los Kami no son omnipotentes ni necesariamente perfectos. Tampoco exigen una obediencia absoluta ni funcionan como jueces morales universales. Un Kami puede ser el espíritu de una montaña, de un río, de un bosque, de una tormenta, de un antepasado familiar, o incluso de un personaje histórico admirado.

En la mentalidad sintoísta, la naturaleza no fue creada para el ser humano: el ser humano forma parte de ella. Por eso el sintoísmo desarrolla una relación de respeto ritual con el entorno, más que una relación de sometimiento ante un dios supremo. Y la pureza ritual, la armonía social y el equilibrio con la naturaleza tienen mucho más peso que conceptos occidentales como culpa metafísica o pecado original.

Pero la figura más importante del sintoísmo es Amaterasu, la diosa del sol, vinculada simbólicamente con la familia imperial japonesa. Sin embargo, incluso Amaterasu está lejos del modelo monoteísta absoluto típico de las religiones abrahámicas.

Otra diferencia fundamental es que el sintoísmo no divide el universo entre un bien absolutamente puro y un mal absolutamente perverso. Y las personas no nacen “manchadas por el pecado”. Más bien las acciones negativas suelen interpretarse como desequilibrios, impurezas o desarmonías, que pueden corregirse mediante rituales y conductas apropiadas.

Por su parte el budismo, introducido desde China y Corea hace siglos, coexistió con el sintoísmo en lugar de destruirlo. A diferencia del cristianismo, que históricamente tendió a combatir religiones rivales, el budismo japonés terminó fusionándose culturalmente con las prácticas locales. Por ello muchos japoneses viven un sincretismo natural: celebraciones de nacimiento vinculadas al sintoísmo y funerales ligados al budismo.

Lo interesante es que para muchos occidentales resulta sorprendente descubrir que el cristianismo tiene una influencia extremadamente reducida en Japón. Puesto que, en América Latina y Europa, incluso personas no creyentes, viven dentro de sociedades moldeadas profundamente por símbolos, moralidades y tradiciones cristianas. Japón, en cambio, desarrolló su identidad nacional casi completamente fuera de esa influencia.

Aunque el cristianismo llegó con misioneros portugueses en el siglo XVI, pero especialmente con el jesuita español Francisco Javier (1506-1552), las autoridades japonesas pronto comenzaron a ver a esta religión como una amenaza política y cultural asociada al colonialismo europeo. Y durante el shogunato Tokugawa (régimen militar feudal que gobernó Japón entre 1603 y 1868), el cristianismo fue perseguido y permaneció prohibido durante siglos.

Cuando Japón volvió a abrirse al mundo en el siglo XIX, el cristianismo regresó, pero ya era demasiado tarde para competir con tradiciones profundamente arraigadas, y con una cultura que nunca necesitó de doctrinas como el pecado original, la condenación eterna o la salvación mediante un redentor crucificado.

Para muchos japoneses, las religiones occidentales suelen percibirse como sistemas excesivamente dogmáticos, exclusivos y obsesionados con verdades absolutas. La idea de afirmar: “Esta es la única verdad y todos deben aceptarla”, choca con una cultura japonesa históricamente más pragmática y menos inclinada al exclusivismo religioso.

Paradójicamente, Japón adoptó numerosos elementos visuales y comerciales del cristianismo, sin adoptar realmente su fe. La Navidad, por ejemplo, es celebrada masivamente como un evento social y romántico, no como una conmemoración religiosa del nacimiento de Jesús. Las luces, los árboles navideños, los regalos y las cenas especiales son populares, especialmente entre jóvenes y parejas. Pues en Japón la Nochebuena suele parecer más una mezcla de cita romántica y campaña comercial, que una festividad espiritual.

Algo similar ocurre con las bodas “cristianas”. Muchas parejas japonesas se casan en iglesias decorativas, con vestidos blancos y música coral, aun cuando ninguno de los participantes sea cristiano. Pues para gran parte de la población, estos rituales son vistos principalmente como una experiencia estética occidental elegante y moderna.

En contraste, la Semana Santa apenas tiene presencia social relevante en Japón. Fuera de pequeñas comunidades cristianas, la mayoría de los japoneses conoce muy poco sobre la crucifixión, la resurrección o el significado teológico de esas fechas.

El debate sobre religión en Japón cambió drásticamente tras el crimen contra el ex primer ministro Shinzo Abe en julio de 2022. Ocurrió durante un discurso público en la ciudad de Nara, cometido por Tetsuya Yamagami, quien declaró guardar resentimiento contra la Iglesia de la Unificación, debido a las enormes donaciones económicas que su madre había entregado a esa organización religiosa, dejando a la familia prácticamente arruinada. Aunque Abe no pertenecía formalmente a ese grupo, el atacante creía que el político mantenía vínculos cercanos con la organización [2]. La Iglesia de la Unificación, fundada por Sun Myung Moon y conocida mundialmente por sus bodas masivas, quedó bajo un intenso escrutinio público. Las investigaciones posteriores revelaron prácticas agresivas de captación de donaciones y fuertes presiones psicológicas sobre algunos fieles.

Como consecuencia, Japón endureció considerablemente la supervisión sobre nuevos movimientos religiosos, y abrió un intenso debate legal sobre manipulación psicológica, libertad religiosa y explotación económica de creyentes. El gobierno japonés impulsó nuevas medidas para controlar prácticas abusivas relacionadas con donaciones excesivas. Y actualmente existen mecanismos legales más estrictos para proteger a las familias de presiones económicas ejercidas por ciertos grupos religiosos, especialmente cuando las contribuciones ponen en peligro la estabilidad financiera de las personas.

Pero quizá uno de los aspectos más interesantes del caso japonés, es que este país suele figurar entre las sociedades más disciplinadas, organizadas y seguras del planeta, pese a que gran parte de su población no cree en doctrinas típicamente cristianas, como el pecado original, la condenación eterna o un juicio divino final. Los japoneses son un pueblo sin infierno. La convivencia social japonesa parece sostenerse mucho más en la responsabilidad colectiva, la presión social, el respeto comunitario y la educación cívica, que en el temor a castigos sobrenaturales.

Esto suele sorprender profundamente a muchos occidentales educados bajo la idea de que la moral depende necesariamente de la religión. Pero Japón demuestra que una sociedad altamente funcional puede desarrollarse con una religiosidad difusa, flexible y profundamente distinta del modelo dogmático dominante en Occidente.

[Godless Freeman]


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jueves, 14 de mayo de 2026

Porque en Japón se producen tantos terremotos?

 


Japón es literalmente el epicentro del mundo por razones geológicas muy precisas.
No es mala suerte; es simplemente **ubicación**. Aquí te explico por qué tiembla tanto allá:
## 1. El Cruce de las Cuatro Placas
Japón está sentado sobre uno de los "nudos" geológicos más complejos del planeta. Mientras la mayoría de los países están sobre una sola placa tectónica, Japón se encuentra en la intersección de **cuatro**:
 * La Placa del **Pacífico**.
 * La Placa del **Mar de Filipinas**.
 * La Placa **Euroasiática**.
 * La Placa **Norteamericana**.
Estas placas no están quietas; se empujan, se rozan y se meten unas debajo de otras constantemente.
## 2. El Cinturón de Fuego del Pacífico
Japón forma parte de esta herradura imaginaria que rodea el Océano Pacífico. En esta zona ocurre el **90% de los terremotos del mundo**. Es una región de subducción, donde las placas oceánicas (más pesadas) se hunden bajo las continentales (más ligeras). Cuando esa tensión acumulada por el roce se libera de golpe, se produce el sismo.

## 3. La Fosa del Japón
Frente a sus costas existe una trinchera submarina profundísima. Allí, la placa del Pacífico se hunde con muchísima fuerza. Este proceso genera una energía acumulada inmensa que, al liberarse, no solo causa terremotos terrestres, sino también los peligrosos **tsunamis**.
### Datos curiosos sobre la actividad sísmica en Japón:
 * **Frecuencia:** Se registran unos **1,500 sismos al año** (aunque la mayoría son imperceptibles para las personas).
 * **Preparación:** Tienen los estándares de construcción más estrictos del mundo. Sus edificios no son rígidos; están diseñados para balancearse como si fueran juncos para no romperse.
 * **Prevención:** Los teléfonos japoneses tienen un sistema de alerta que avisa segundos antes de que llegue la onda fuerte, permitiendo que la gente se proteja o que los trenes bala frenen automáticamente.
Es impresionante cómo han aprendido a convivir con un suelo que nunca está realmente quieto, ¿verdad? ¿Te interesa saber cómo funcionan esos sistemas de alerta o algún terremoto histórico en particular?

domingo, 3 de mayo de 2026

Japón cuenta por primera vez con más de 4 millones de residentes extranjeros

El número de empleados extranjeros bajo el estatus de “trabajadores específicamente cualificados” (tokutei ginō) se incrementó en más de 100.000 personas en 2025, lo que refleja la falta de mano de obra en un Japón.

Récord histórico por cuarto año consecutivo

La Agencia de Servicios de Inmigración y Residencia anunció que, a finales de 2025, el número de residentes extranjeros en Japón había alcanzado las 4.125.395 personas, marcando el cuarto año consecutivo en el que se superaba el máximo histórico. Esta cifra representa un aumento de 356.418 personas (9,5 %) respecto al mismo periodo del año anterior, la primera vez que se sobrepasan los cuatro millones. Por prefecturas, Tokio concentra el mayor número de residentes extranjeros con 801.438 personas (un incremento anual del 8,5 %), lo que supone el 19,4 % del total nacional. Le siguen las grandes áreas metropolitanas de Osaka, con 375.319 personas; Aichi, con 357.800; y Kanagawa, con 317.353.

En cuanto al tipo de visado, los residentes permanentes conforman el grupo más numeroso, con 947.125 personas, un 3,2 % más que el año anterior. A estos les siguen los poseedores de visados de “ingeniero/especialista en Humanidades/servicios internacionales” con 475.790 personas, y los estudiantes, con 464.784. Por su parte, el programa de Formación para Internos Técnicos se mantuvo estable, con 456.618 personas.

El estatus de “trabajadores específicamente cualificados” (tokutei ginō), introducido en 2019 para ampliar la captación de empleados en sectores con escasez de personal, experimentó un notable crecimiento del 37,2 %, alcanzando las 390.296 personas. Existen dos modalidades de este visado: el tipo 1, que permite trabajar hasta cinco años, y el tipo 2, que admite el acompañamiento familiar y permite una estancia prácticamente indefinida. En el sector de la restauración, el número de trabajadores del tipo 1 rondaba los 46.000 a finales de febrero; dado que se prevé que en mayo se supere el límite de acogida de 50.000 personas, se suspenderán las certificaciones a partir del 13 de abril.

Evolución del número de extranjeros residentes

Por país o región de origen, destacan China con 930.428 personas, Vietnam con 681.100 y Corea del Sur con 407.341. Entre los diez principales países y regiones, Corea del Sur y Brasil registraron un ligero descenso anual. En contraste, Myanmar e Indonesia mostraron los mayores incrementos, con un 35,7 % y un 33,2 % respectivamente.

Extranjeros residentes por país o región

Material de referencia (en japonés)

(Imagen del encabezado: un beneficiario del visado de “trabajador designado”, originario de Filipinas, recibe formación en la elaboración de sushi. El grupo Ginza Onodera, que gestiona restaurantes de sushi de lujo, imparte capacitaciones propias a los titulares de este visado en sus instalaciones para fomentar el desarrollo de talento - fotografía de noviembre de 2022.)

lunes, 30 de marzo de 2026

Fundamentos de la cultura gastronómica japonesa: el protocolo con los palillos



Una serie que explora las diversas costumbres y tradiciones de Japón, yendo más allá de las simples guías prácticas para descubrir sus orígenes y esencia. En esta entrega presentamos el manejo de los palillos, utensilio doméstico con normas muy específicas.

Los cubiertos japoneses consisten únicamente en un par de palillos

Cuando se trata de reglas importantes de etiqueta cotidiana, mucha gente piensa en los modales en la mesa. En particular, el uso de los palillos es algo que se inculca a los japoneses desde la infancia, pero las estadísticas sugieren que solo alrededor de la mitad de ellos los utilizan correctamente. Esto indica lo difícil que es dominar esas reglas, y la opinión de que sirve como barómetro de la educación de una persona sigue estando profundamente arraigada.


Los palillos son originarios de China, y se introdujeron en Japón alrededor del siglo III. Inicialmente tenían forma de tenazas en forma de V y se utilizaban para servir comida a los dioses. A principios del siglo VII ciertos enviados japoneses a China trajeron consigo la costumbre de comer con dos palillos y, en el periodo Heian (794-1185), se habían consolidado como cubiertos de la corte.

En China, donde es habitual compartir platos en grandes bandejas, los palillos eran más largos. En Japón, sin embargo, la práctica de servir porciones individuales del mismo menú a cada persona, conocida como meimeizen, se convirtió en la norma, lo que dio lugar a palillos más cortos. La madera era el material estándar, y las puntas se fueron haciendo cada vez más delgadas para facilitar el desmenuzado de la carne del plato principal, el pescado. Adaptados a múltiples funciones (pinchar, desmenuzar, mezclar), evolucionaron para permitir el consumo de cualquier plato con un solo par de


A principios del periodo Edo (1603-1868) se desarrolló un tipo de palillos recubiertos de laca. Hoy en día también se utilizan recubrimientos de resina sintética y productos plásticos, lo que mejora la durabilidad y la higiene. Además, los palillos desechables, que se generalizaron a partir de la era moderna, principalmente en los restaurantes, son ahora indispensables como artículos complementarios en las tiendas de veinticuatro horas.


Costumbres que conservan vestigios de instrumentos rituales

Quizás debido a sus orígenes en usos sagrados, los elementos culturales japoneses de los palillos poseen un aspecto ceremonial. Un ejemplo notable son los yanagibashi (palillos de sauce), también conocidos como “palillos festivos”, ya que se utilizan, claro, en ocasiones festivas, especialmente en Año Nuevo.


Su forma distintiva presenta ambos extremos afilados sin llegar a ser puntiagudos. Se dice que este diseño encarna el concepto de la comida compartida entre lo divino y lo humano, en la que se invita a las deidades a morar en los utensilios y a participar en la comida. Por lo tanto, al servir osechi (platos típicos de Año Nuevo) o platos grandes, se considera que tomar la comida con el extremo sin tocar de los palillos perturba el alimento de las deidades. Además, esto constituye una infracción de las normas de etiqueta conocidas como kaeshibashi (“palillos invertidos”), por lo que hay que asegurarse de utilizar palillos para servir.


La noción animista de que los palillos también albergan un espíritu se vislumbra en la costumbre de que cada miembro de la familia utilice su propio par. Esto puede considerarse un vestigio del meimeizen. No se deriva tanto de un concepto de higiene similar al de no compartir el cepillo de dientes, sino más bien de la misma “ideología de pureza espiritual” que subyace al uso de billetes impecables y sin usar para los regalos ceremoniales.

Intelectualmente, uno puede entender que los cubiertos de los restaurantes quedan limpios una vez lavados, sin importar quién los haya utilizado, pero sigue existiendo una barrera psicológica a la hora de utilizar los palillos de otra persona. Cuando se invita a alguien a casa a comer comida casera, proporcionar palillos desechables resulta un gesto considerado.

La noción animista de que los palillos también albergan un espíritu se vislumbra en la costumbre de que cada miembro de la familia utilice su propio par. Esto puede considerarse un vestigio del meimeizen. No se deriva tanto de un concepto de higiene similar al de no compartir el cepillo de dientes, sino más bien de la misma “ideología de pureza espiritual” que subyace al uso de billetes impecables y sin usar para los regalos ceremoniales.


Intelectualmente, uno puede entender que los cubiertos de los restaurantes quedan limpios una vez lavados, sin importar quién los haya utilizado, pero sigue existiendo una barrera psicológica a la hora de utilizar los palillos de otra persona. Cuando se invita a alguien a casa a comer comida casera, proporcionar palillos desechables resulta un gesto considerado.

En el ritual para recoger los huesos con palillos, dos personas levantan conjuntamente un único hueso. Por consiguiente, en la mesa se evitan siempre acciones como recoger al mismo tiempo un trozo de comida con palillos, o pasársela entre dos personas, ya que estas acciones se asemejan a los ritos funerarios y se consideran de mal agüero. Del mismo modo, el acto de clavar los palillos en posición vertical en el arroz, conocido como tatebashi, también es tabú, ya que evoca la imagen de las ofrendas a los difuntos.

Existen docenas de tabúes en el protocolo del uso de los palillos, conocidos como kiraibashi (“palillos desagradables”) o imibashi (“palillos tabú”). Ningún otro utensilio cotidiano exige tanta precaución como los palillos, lo que revela el gran valor que se les ha otorgado en la cultura popular.


Es habitual ver a gente utilizando los cubiertos como reposapalillos en los restaurantes. Aunque no se trata de una grave falta de etiqueta, si se caen, pueden causar molestias a los demás. Para minimizar este tipo de percances, también hay normas de etiqueta para tomar y dejar los palillos. Aunque no son tan conocidas como la forma correcta de sujetar los palillos, conviene tenerlas en cuenta en las comidas formales.


La esencia espiritual que subyace a la cultura gastronómica japonesa basada en los palillos es la percepción de las comidas no solo como una ingesta nutricional, sino como un ritual. Esto se halla fundamentalmente relacionado con la costumbre de juntar las manos antes y después de comer, diciendo itadakimasu (“lo recibo”) y gochisōsama (“gracias, estaba delicioso”). Ofrecemos nuestra gratitud a todos: a la naturaleza que nos proporcionó la cosecha y a los espíritus que la habitan, a las vidas que se convirtieron en nuestros ingredientes y a las personas que los cultivaron y prepararon. La norma existe para que no tratemos la comida con descuido y para que todos podamos disfrutar juntos de nuestras comidas.

Supervisión: Shibazaki Naoto.
Profesor asociado de la Escuela de Graduados de la Universidad de Gifu. Especializado en investigaciones sobre sistemas educativos de etiqueta desde una perspectiva psicológica; trabaja también por brindar orientación a educadores de etiqueta. Participa en la formación de instructores como maestro general de etiqueta Ogasawara-ryū.

Abraza el dragón: el amor eterno de Japón por Bruce Lee



Chow Sin’ichee (Hara Shin’ichi) 

Bruce Lee conquistó el mundo a principios de los setenta con su habilidad en artes marciales y su presencia en la gran pantalla. Los cinéfilos japoneses quedaron impresionados por sus espectaculares escenas de acción y su profunda espiritualidad, que resonaba con matices de la filosofía japonesa. Un admirador y estudioso de Lee analiza el atractivo de la estrella para los fans japoneses.

Un nuevo poder

Vi a Bruce Lee por primera vez en 1974, cuando me hallaba en tercer curso; mi padre me llevó a ver The Big Boss (El gran jefe / Karate a muerte en Bangkok). Me quedé paralizado viendo a Lee derrotar a un enemigo tras otro, armado únicamente con sus puños y sus elegantes patadas, rápidas como el rayo. Presentaba un tipo de héroe completamente nuevo, uno que no necesitaba armas ni máscaras. Su poder era diferente a todo lo que había visto antes, y me dejó boquiabierto.

Este entusiasmo lo compartía el resto de espectadores. Se formaban largas colas fuera de los cines, y dentro, los pasillos se llenaban de gente imitando los puñetazos, patadas y gritos agudos de Lee, como si se hubieran transformado en maestros de artes marciales.

La destreza de Lee en la pantalla era impresionante: combinaba la belleza del ballet con la fuerza de las artes marciales. La velocidad y precisión con la que manejaba los nunchaku era igualmente asombrosa para los espectadores japoneses, lo que provocó un enorme auge de las armas de artes marciales.

Delgado y bien esculpido, Lee se diferenciaba de las robustas estrellas de acción de Hollywood de la época. Los espectadores japoneses no podían sino admirar las figuras musculosas de Charles Bronson, Kirk Douglas y Charlton Heston. Pero el físico cincelado de Lee replanteó los cánones al mostrar el poder del cuerpo asiático. Sus músculos eran su tarjeta de presentación como artista marcial y, con su fuerza y destreza en la lucha, acababa rápidamente incluso con los enemigos occidentales más duros. Fue totalmente revolucionario, y su aparición despertó en los aficionados japoneses una nueva confianza.

La pasión que los japoneses sentían por Lee se intensificó aún más por el hecho de que sus películas más emblemáticas no se estrenaron en Japón hasta después de su muerte en 1973, privando a sus seguidores del placer de conocerlo en su mejor momento en la gran pantalla.

Recuerdos que se desvanecen

2025 marcó el 85.º aniversario del nacimiento de Lee, y ese año se celebraron numerosos eventos para conmemorar la vida del actor. El Museo del Patrimonio de Hong Kong y la Fundación Bruce Lee, con sede en Estados Unidos, por ejemplo, se unieron para organizar una exposición titulada A Man Beyond the Ordinary: Bruce Lee (“Un hombre fuera de lo común: Bruce Lee”; página en inglés), que atrajo a fans de todo tipo. También se estrenaron las películas de acción de Hong Kong Twilight of the Warriors: Walled In y Stuntman, que rinden homenaje a Lee con escenas que incluyen carteles del artista marcial. Si bien todo ello demuestra la influencia que sigue ejerciendo Lee, no se puede negar que su legado en Hong Kong, donde alcanzó la fama, está desapareciendo poco a poco.

La casa donde Lee vivió con su familia antes de morir, Crane’s Nest (“el nido de la grulla”), ya no existe, ya que en su momento se convirtió en un hotel del amor antes de ser demolida en 2019. El restaurante Red Pepper, que aparecía en Game of Death (Juego con la muerte), tampoco existe, ya que cerró sus puertas a finales de 2020 debido a la pandemia. En julio de 2025 la organización de fans Bruce Lee Club se vio obligada a cerrar sus archivos por un período indeterminado debido a los costes de operación. Sin embargo, quizás lo más revelador sea la estatua de Lee en la Avenida de las Estrellas de Hong Kong. Con vistas al puerto Victoria, hoy en día la visitan principalmente turistas japoneses y otros visitantes extranjeros de la ciudad.

La situación es aún más preocupante fuera de Hong Kong. Apenas quedan cines en Europa, Estados Unidos y muchas partes de Asia que proyecten sus películas con regularidad, lo que priva a los cinéfilos de la experiencia única de verlo en la gran pantalla. Japón es uno de los pocos casos excepcionales. Todavía hay varios cines que proyectan películas de Lee cada año en torno a la fecha de su cumpleaños, y la industria editorial publica constantemente libros y revistas dedicados a él. Destaca la gran cantidad y variedad de revistas especiales y de coleccionista sobre Lee que se publican en Japón, y se dice que los aficionados japoneses han acumulado el mayor número de objetos personales de Lee de todo el mundo.

Un gran conocimiento de las artes marciales japonesas

¿Qué se esconde, pues, tras la fascinación de Japón por Lee? Analizar la conexión del actor con el país ayuda a arrojar luz sobre este fenómeno.

Lee resumió su filosofía en la famosa frase “Sé como el agua, amigo mío”. Aunque las raíces de esta idea son de origen confuciano, dada la característica del agua de adaptarse a cualquier recipiente en el que se vierta como metáfora de la capacidad humana para adaptarse a las circunstancias, el significado que le da Lee se basa en la fluidez defendida por el legendario espadachín japonés Miyamoto Musashi en su obra El libro de los cinco anillos. Las palabras de Lee reflejan una interpretación más positiva y proactiva de la idea, según la que se insta a las personas a no rendirse ante su entorno, sino a adaptarse y cambiar según sea necesario para superarlo.

Curiosamente, la frase de Lee volvió a cobrar relevancia durante el movimiento prodemocrático de Hong Kong de 2019. Los organizadores habían aprendido de la Revolución de los Paraguas de 2014 que las autoridades podían dispersar fácilmente a grandes grupos de manifestantes, por lo que instaron a los activistas a “ser como el agua” y adoptar un enfoque más fluido. Aunque no se inspiraron directamente en la cita de Lee, los medios de comunicación internacionales no tardaron en establecer paralelismos.

Lee desarrolló un profundo interés por la filosofía mientras estudiaba en la Universidad de Washington y devoró todo tipo de libros sobre artes marciales mientras forjaba su propio estilo de lucha. Fue durante este periodo cuando descubrió Gorin no sho (El libro de los cinco anillos), que pasó a formar parte de su biblioteca personal. También estudió judo y sentía gran afinidad por las obras dramáticas de samuráis, como Tsubaki Sanjurō, de Kurosawa Akira.

Otra de las famosas frases de Lee es “El arte de luchar sin luchar”, de la icónica escena del barco en su obra maestra Enter the Dragon (Operación Dragón). Lee le dice esta frase a un arrogante artista marcial que intenta provocar una pelea con él antes de atraer a su posible adversario a un bote que luego deja a la deriva, evitando así el enfrentamiento. La idea se hace eco de las enseñanzas del antiguo estratega militar chino Sun Tzu, pero el episodio guarda un parecido sorprendente con una leyenda japonesa sobre el maestro de la espada Tsukahara Bokuden. En el relato, Tsukahara se ve desafiado a un duelo mientras se encuentra a bordo de una barca. Al llegar a un banco de arena permite que su enemigo baje del barco antes de empujarlo con una pértiga, dejando al agitador varado y derrotándolo sin desenvainar su espada.

No se sabe si Lee conocía esta historia, pero la escena resonó entre el público japonés, que sin duda reconocería la similitud. En otros aspectos, Enter the Dragon también expresa la distintiva mezcla filosófica de Lee entre el pensamiento chino y el espíritu del bushidō japonés, y esto, tanto como la habilidad de Lee como artista marcial, es lo que tocó la fibra sensible de los espectadores en Japón.

Esto no significa en absoluto, no obstante, que Lee estuviera enamorado de Japón. De hecho, su segunda gran película, Fist of Fury (distribuida como Furia oriental y otros muchos títulos), está ambientada durante la ocupación japonesa de Shanghái y muestra abiertamente sentimientos antijaponeses y pro-chinos. En la película, Lee se enfrenta a los malvados opresores japoneses, que atacan su escuela de artes marciales y envenenan a su maestro. En una escena emblemática, el personaje de Lee se acerca a un parque para verse detenido por un guardia, que le señala un cartel donde está escrito: “No se admiten chinos ni perros”. Cuando un grupo de japoneses que pasa por allí se burla de él, Lee descarga su ira sobre sus torturadores antes de destrozar el cartel con una poderosa patada.

A pesar de su representación negativa de los japoneses, Fist of Fury fue un gran éxito en Japón. Los fans quedaron impresionados por la convincente interpretación de Lee y sus increíbles habilidades marciales. Incluso hoy día la obra sigue siendo un testimonio del gran atractivo de Lee para el público.

El atractivo para los forasteros

Lee era tratado como forastero allá donde iba. A pesar de que alcanzó el estrellato mundial durante los tres años que vivió en Hong Kong, los habitantes de la ciudad nunca lo aceptaron plenamente como uno de los suyos, viéndolo más como estadounidense que como chino. Era constantemente ignorado en las encuestas de popularidad de las revistas, y su único premio cinematográfico importante fue un premio especial del jurado en el Festival de Cine Golden Horse de Taiwán. En su país natal, Estados Unidos, también sufrió discriminación por su ascendencia asiática. Incluso en los círculos tradicionales de artes marciales fue muy criticado por muchos por enseñar kung-fu a personas que no eran chinas.

Al mismo tiempo, Lee trascendió cualquier identidad cultural. Hablaba cantonés e inglés con fluidez, y su ascendencia mixta asiática y europea le confería un aire introspectivo y tranquilo en la pantalla que contrastaba con la intensidad de sus artes marciales. Aunque nunca encontró un lugar al que pudiera llamar hogar, fue precisamente esta falta de una identidad nacional clara lo que infundió a sus películas un arte que trascendía las fronteras y la etnicidad.

El ascenso de Lee coincidió con el momento en que Japón alcanzaba la cima de su “milagro económico” de posguerra. Aunque el país empezaba a relacionarse de nuevo con la comunidad internacional, muchos japoneses aún sentían inferioridad hacia Occidente, y en muchos sentidos Lee simbolizaba para los japoneses a alguien que había superado esta mentalidad conflictiva. Aunque era una estrella chino-estadounidense con atractivo internacional, sus ideas y filosofías también resonaban profundamente en la psique japonesa. Esta dicotomía es un aspecto central del atractivo de Lee y la razón por la que sigue siendo una figura muy querida en Japón hoy en día.

Cronología de la vida de Bruce Lee

1940  Nacido en San Francisco mientras su padre trabajaba en un proyecto teatral en Estados Unidos.

1941  La familia regresa a Hong Kong.

1948  Debuta como actor infantil.

1955  Comienza a entrenar en Wing Chun (algunas fuentes indican 1953).

1959  Regresa a San Francisco para conseguir la ciudadanía estadounidense.

1961  Ingresa en la Universidad de Washington (que después abandonaría).

1962  Abre su primera escuela de artes marciales en Seattle.

1967  Abre una escuela en Los Ángeles; presenta el Jeet Kune Do.

1970  Cierra sus escuelas en Seattle, Oakland y Los Ángeles.

1971  Regresa a Hong Kong; lanza su primera gran película, The Big Boss, a nivel internacional.

1972  Se estrenan Fist of Fury y The Way of the Dragon.

1973  Muere el 20 de julio; se estrena Enter the Dragon.

1974  Sus películas se lanzan en rápida sucesión en Japón, generando un gran fervor.

1978  Su última película, Game of Death, se completa y lanza en todo el mundo, provocando una segunda ola de afición en Japón.

1993  La película biográfica sobre Lee Dragon: The Bruce Lee Story se convierte en un gran éxito internacional, y genera un tercer auge.

Creado por nippon.com según datos de Chow Sin’ichee.

(Imagen del encabezado: estatua de Bruce Lee en la Avenida de las Estrellas de Hong Kong - © Reuters/Tyrone Siu.)

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