jueves, 21 de febrero de 2019

PERFIL/ Jairo Gil, una vida entre versos


Itala Liendo
Compositor  de los buenos. Creativo y devoto. Su musa fue la Virgen de Chiquinquirá, a  quien aprendió a venerar en casa junto a su “Ma’ Corina”. Con justicia se le llamó, desde la década de los años 60, “El Poeta de la Virgen”.
A los 71 años murió, en Maracaibo, “El Poeta de la Virgen”. Jairo Gil, saladillero de pura cepa, dio la batalla por su vida desde octubre pasado, cuando sufrió un ACV. Pese a su fortaleza y esfuerzos médicos, Gil se despidió   a las 10:00 pm del pasado lunes 18 de febrero —    cumple mes de su Chinita—. El deceso lo lamenta el mundo gaitero.
 
En febrero, día 4 del año 1949, nació Jairo Antonio Gil Atencio. Vino al mundo en el hogar que conformaron Ciro Gil y Corina Atencio de Gil, su amada   “Ma’ Corina”. La familia por aquel tiempo vivía en  el  el sector   Los Biombos, muy cerca del cerro La Gaveta, en  El Saladillo. 
Gil, ejecutante de la charrasca,  será por siempre uno de los grandes compositores de la gaita zuliana.
Desde la adolescencia lo cautivaron el género pascuero y la poesía. Cursó estudios —apunta el periodista y locutor León Magno Montiel—   en la escuela Juan de Maldonado y egresó como bachiller en ciencias del liceo   Baralt.
La vena poética y musical    la heredó   de su abuela Evangelina Atencio, furrera y repentista.
“La primera gaita que compuso  fue un tema costumbrista titulado Calles de antaño,   grabado por el conjunto Los Sabrosos, en 1962, bajo la dirección de Ricardo Aguirre; quien luego lo bautizaría como ‘El Poeta de la Virgen, al estrenar, en 1965, la gaita “Reina Morena”,  recuerda Montiel. 
 Esta famosa gaita es una de las  más pedidas y coreadas por la feligresía  en cada Bajada de la Chinita.
A Gil lo bautizaron, confirmaron y se casó — con Elizabeth Medina— en la Basílica, en ese Cofre de Oro desde donde bendice la Patrona del Zulia.
“Desde niño soy servidor mariano, la cuido, la protejo, la acompaño en sus procesiones”, afirmaba  Gil .
“Es tan grande lo que siento por la Chinita que por eso escribí la gaita Rompo a llorar , aquella que dice... Rompo a llorar/al ver tu rostro moreno/ y de un gran fervor me lleno/ saladillero, cabal me pongo sentimental/ me provoca como antojo/ lanzarle un verso a tus ojos/ y salir a parrandear”.
“La excelencia hecha verso”. Así resume el secretario de la Gaita e Identidad Nacional, Ramón Soto Urdaneta, el legado de Jairo Gil en la música  zuliana.
“Fue   verseador, un tremendo repentista, que evolucionó con el tiempo, año a año mejoró su vena poética, centrada como vimos en creaciones a la Virgen de Chiquinquirá”, dice Soto Urdaneta.
Gil estableció  una sólida amistad con Ricardo Aguirre, con quien compartió en el conjunto El Saladillo.
“A Ricardo y a mí nos unía la veneración hacia la Chiquinquirá. Ya él me había grabado ‘Reina Morena’, ‘Mi Chinata’  y habíamos compuesto ‘Dos madres antañonas’. Era un gran chiquinquireño. Él me llamó ‘El Poeta de la Virgen’ y la gente lo aceptó. En mi casa se ensayó por primera vez La Grey Zuliana. Él me la llevó para que la escuchara, fue un gran amigo, hermano, maestro”.
“Mi corazón es un templo / donde una Virgen se adora /  mi pecho más la atesora / si lejos de Ella me encuentro / Entre una lluvia de flores / se pasea una princesa / y San Juan de Dios le reza / cánticos de poesía /  yo la vi que sonreía / placentera y satisfecha /  por la gran cale Derecha  / a mi pueblo bendecía”. (Reina Morena, 1966).
Jairo, devoto mariano probado, “deja una huella profunda, su partida representa una gran pérdida, una baja muy sensible para las composiciones y la música en general”, considera  Soto Urdaneta.
Por su talento para lanzar versos se recuerda esta anécdota: En una ocasión mantuvo un “mano a mano” con Francisco Morales (otro repentista) y estuvo tres horas improvisando versos. 
“Soy muy rápido para componer versos”, reconocía Gil “sin querer pecar de engreído”. Hace seis años confió a este diario: “Soy  un verdugo en redacción y ortografía”.
“Si la Chinita le abriera /ventanas al Catatumbo /se viera al Creador del mundo / en un marco de palmeras” (Gaita Satisfacciones).
León Magno Montiel opinó de Gil, “es un pionero del boom de la gaita en los años 60, uno de los 12 apóstoles de la composición gaitera”. 
Grabado en 1979 (hace 40 años) el tema Rapsodia Gaitera lo hizo merecedor del premio Gaita del Año del Festival Nacional de Gaitas “Virgilio Carruyo” . En la voz del eterno zagalín  Daniel Méndez sigue siendo un hit: “Te quiero gaita querida /como si fueras mi hija / tus versos me regocijan / tu estribillo me estremece /y mi sangre se enardece /con tu savia cantarina / tan natural y genuina / que mi cuerpo / se adormece y se queda quieta / como arrullada por eterno / amante en las madrugadas”.
El mismo galardón lo obtuvo también  en 1981 con “Dos Regalos”, y en el 82  con “Señora de mis pensamientos”. 
Desde  EE UU, la “Solista de la Virgen”, la gaitera Carmencita Silva  narra: “Jairo empezó en Barrio Obrero en 1981. Tuvimos ese privilegio al  presentarnos  el tema Dos regalos. Me pidió que lo cantara. Me llamó por teléfono porque había escuchado mi voz en una ocasión y le gustó el matiz, el color de voz,  y quería que yo le grabara ‘Dos regalos”, dedicado a la Chinita.
“Fue un tema muy bello que se convirtió en Gaita del Año, ganó el ‘Virgilio Carruyo’, el Mara de Oro, fui premiada como Solista de año y se conquistaron otros reconocimientos”.
“Luego, Jairo empezó a trabajar como promotor del conjunto junto a mi hermano y director de la divisa, Alberto Silva Narváez, y nosotros nos convertimos en su compadre, al bautizarle a Jairo, su hijo mayor”.
En 1982 volvieron  a grabar otra gaita de él, titulada     Señora de mis pensamientos, que  arrasó más:  obtuvo  32 premios.
Con el corazón llena de recuerdos, describe hoy  a    Gil: “Fue   benevolente, amable,   honesto, muy noble y se hizo querer por todos los integrantes de Barrio Obrero. Lo respeto y lo quiero demasiado. Fue   fiel a la Patrona del Zulia, dueño de una musa increíble, sus temas los hizo  con corazón y mucho sentimiento”.
Este poeta deja también  emotivo tema que pega en el corazón del gaitero. 
“Al regresar de gaitear / a las 5:00  e’ la mañana / vi parada en la ventana de mi casa a mi viejita / mi viejita que no duerme  / cuando yo estoy en la calle /  Ay hermano cuánto sufren /  ay hermano cuánto lloran / las madres de los gaiteros” (La madre de los gaiteros).
Gil tuvo tres hijos: Jairo,  Gheidi  de las Mercedes Chiquinquirá y Gheizil  de los Ángeles Chiquinquirá. Sus últimos años los vivió en San Francisco. En el 2000, en su casa llamada Chiquinquireña, dijo a PANORAMA: “Sé que mi  China   me llevará en sus brazos cuando muera”. 
“Hoy quiero tenerte más cerca para cantarte / y quiero entregarte dos regalos / qué gran suerte/ Permitidme  al verte que esta ofrenda pueda darte / mi vida para quererte/ y el alma para alabarte” ( Dos regalos, 1981)

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