TRANSFORMAR EL VENENO EN NÉCTAR
El arte de transformar el sufrimiento, el dolor, el mal, en algo bueno, es el arte de ver la necesidad de lo opuesto. La luz puede existir sólo si la oscuridad existe. Entonces ¿por qué odiar la oscuridad? Sin la oscuridad no habría luz, así que aquellos que aman la luz y odian la oscuridad están en un dilema; no saben lo que están haciendo.
La vida no puede existir sin la muerte. Entonces ¿por qué odiar la muerte? Porque es la muerte la que crea el espacio para que exista la vida. Esta es una gran comprensión: que la muerte es el contraste, el fondo, la pizarra negra en la que se escribe la vida con tiza blanca. La muerte es la oscuridad de la noche en la que la vida empieza a titilar, como lo hacen las estrellas. Si destruyes la oscuridad de la noche, las estrellas desaparecerán. Eso es lo que sucede durante el día. Las estrellas siguen ahí ¿o piensas que desaparecen? Siguen ahí, pero como hay demasiada luz, no puedes verlas. Sólo se dejan ver en el contraste.
El santo es posible gracias al pecador. Por eso, Buda dice: no odies al pecador, él hace posible la existencia del santo. Son dos caras de la misma moneda.
Viendo esto, uno ni se apega a lo bueno ni se separa de lo malo. Uno acepta los dos como parte integrante de la vida. En esa aceptación puedes transformar las cosas. Sólo mediante esa aceptación es posible la transformación.
Y antes de que puedas transformar el sufrimiento tendrás que convertirte en el testigo; ése es el tercer punto. Primero: no opongas resistencia al mal. Segundo: sabe que los opuestos no son opuestos, sino complementarios inevitablemente unidos. Así que no hay elección. ¡No elijas! Y el tercero es: sé el testigo, porque si eres el testigo de tu sufrimiento serás capaz de absorberlo. Si te identificas con él no podrás absorberlo.
En el momento en que te identificas con tu sufrimiento quieres desecharlo, quieres quitártelo de encima; es tan doloroso... pero si eres el testigo, entonces el sufrimiento pierde todas las espinas, todos los aguijones. Entonces hay sufrimiento y tú eres el testigo de ese sufrimiento. Eres sólo un espejo. Lo que sucede no tiene que ver contigo.
La felicidad viene y se va, la infelicidad viene y se va; se trata de un espectáculo cambiante; tú simplemente estás ahí, reflejándolo como un espejo. La vida viene y se va, la muerte viene y se va; al espejo no le afecta ninguna de las dos. El espejo refleja sin quedar afectado. En el espejo no quedan impresiones de ninguna de las dos.
Cuando eres el testigo surge una gran distancia. Y sólo en ese observar te vuelves capaz de transformar el metal básico en oro. Sólo cuando eres el testigo te conviertes en un científico de lo interno, en un observador desapegado. Ahora ya sabes que los opuestos no son opuestos, así que uno puede convertirse en el otro. Entonces no es una cuestión de destruir el mal del mundo, sino de transformar el mal en algo beneficioso; de transformar el veneno en néctar.
Osho
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