jueves, 29 de diciembre de 2016

Debbie Reynolds y Carrie Fisher, unidas en el descanso eterno

La relación entre madre e hija no siempre fue precisamente de color de rosa. "Me resultaba extremadamente difícil compartir a mi madre con los fans que la idolatraban y la trataban como si formara parte de sus familias", contó Fisher en 2015 durante una entrega de premios. 



Los Ángeles.- En una escena del musical "Bundle of Joy" (1956), Debbie Reynolds baila swing con un vaporoso vestido color salmón. Lo que el ojo del espectador no ve es que la actriz está embarazada: apenas dos meses después del rodaje nació la pequeña Carrie Fisher.  
La anécdota no es más que un ejemplo de lo mucho que la rutilante carrera de Reynolds marcó la vida de la que después sería mundialmente conocida como la princesa Leia de "Star Wars". En la noche del miércoles, apenas un día después de que su hija falleciera de un paro cardíaco, la protagonista de "Cantando bajo la lluvia" se reunía con ella. "Está con Carrie", confirmó su hijo, Todd Fisher, en un comunicado.  
La relación entre madre e hija no siempre fue precisamente de color de rosa. "Me resultaba extremadamente difícil compartir a mi madre con los fans que la idolatraban y la trataban como si formara parte de sus familias", contó Fisher en 2015 durante una entrega de premios.  
Fueron años complicados y dolorosos. La carrera de Reynolds continuaba su curso a todo gas, de modo que quedaba poco tiempo para sus dos hijos con un ausente Eddie Fisher. La vida familiar giraba en torno a la famosa mamá, hasta el punto de que los pequeños celebraron algunos de sus cumpleaños en los estudios de la Metro-Goldwyn-Mayer.  
Con un panorama semejante, no sorprendió que Fisher irrumpiera en la escena nocturna de Los Ángeles fumando marihuana y aficionándose a drogas como la cocaína, la heroína o el LSD. "Algunas veces pensé que iba a perder a Carrie", confesó Reynolds a la reina del "talk show" Oprah Winfrey en una entrevista junto a su hija en 2011.  
Carrie superó la clínica de desintoxicación, pero en el camino le fue diagnosticado un trastorno bipolar. Tratando de buscar su propia identidad, se distanció aún más de su madre, y durante casi diez años apenas tuvieron contacto. "No quería estar cerca de ella. No quería ser la hija de Debbie Reynolds", contó más tarde. 
Tras el fracaso de su matrimonio con Fisher, un frágil segundo enlace con Harry Karl y algunos problemas financieros, Reynolds seguía generando titulares. "Su vida en aquella época era una locura y yo estaba en medio, era su confidente", recordaba Fisher.  
Reynolds, en cambio, sostuvo a la revista "People" que siempre fue "una buena madre", pero siempre formó parte del "showbusiness". "Estaba sobre el escenario en lugar de quedarme en casa y preparar galletitas". Que el padre de los pequeños apenas se dejara ver y la actriz lo defendiera tampoco mejoraba las cosas. También Todd se distanció más tarde de su progenitor, que falleció en 2010. 
Pasados muchos años, cuando el tiempo hubo sanado las viejas heridas, madre e hija volvieron a reencontrarse. "Admiro su fuerza y su instinto de supervivencia", dijo Reynolds en la entrevista con Winfrey. "Quiero que mi hija sea feliz". Su hijo y hermano de Carrie, Todd, intenta ahora consolarse pensando que ambas descansan unidas. 

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