
Una asociación conservacionista, Adepa, inicia una campaña para rescatar el inmueble del olvido y que sea declarada como Bien Interés Cultural
Ni el Ayuntamiento ni la Consejería de Cultura han mostrado de momento interés por rescatar la vivienda, que ha salido a la venta por 1,4 millones
El último uso que se dio al edificio fue el de taller de costura, cuando estaba en manos de la firma Victorio y Lucchino
Unos ventanales con marcos de madera lacada en blanco cierran el patio de luz interior que es, probablemente, el elemento arquitectónico más singular de esta casa sevillana que aún conserva la misma estructura que ya tenía a finales del siglo XVI, cuando en alguna de sus dependencias nació (1599) el pintor sevillano más universal, Diego de Silva y Velázquez. Tal vez en ese mismo dormitorio con chimenea que ahora aparece entelado (o empapelado) en color carmesí.
En las fotos suministradas por el portal inmobiliario en el que se anuncia su venta, al precio de 1,4 millones de euros, algunas de las hojas de ese ventanal aparecen descolgadas. Y, aunque los espacios interiores resultan angostos, la luz de Sevilla que entra con generosidad parece ampliarlos y hacerlos cálidos y confortables. Necesita una reforma, sin duda, y tal vez también la retirada de algunos de los elementos adosados en los años 70 u 80, como esos sanitarios en color negro (incluido un váter inverosímil con tapa blanca), inasumibles salvo para amantes de lo kitsch-vintage.
No cuesta mucho imaginarse a un jovencísimo Diego Velázquez dejar con apenas 10 años el calor del hogar para dirigirse cada día hasta el taller de Herrera el Viejo,pintor de carácter imposible que guió sus primeros brochazos antes de que su padre firmara un contrato con otro maestro, Francisco Pacheco que, éste sí, se quedó para siempre en su vida y su obra.
Tan sólo una placa de mármol pequeña en la puerta del número 4 de la calle Padre Luis María Llop recuerda que en esta casa de fachada típicamente sevillana nació, con la calorina propia del arranque del mes de junio, Diego Velázquez, el pintor sevillano más universal. "Velázquez. Casa Natal". Así, de manera telegráfica, se recuerda el vínculo entre el inmueble y el artista universal. El anuncio portal inmobiliario ni siquiera menciona esta singularidad del bien en venta. No debe considerarse un atractivo añadido sino más bien una carga, tal vez temiendo que para el inversor resulten disuasorias las posibles protecciones especiales que pesen sobre el inmueble. Pero sólo tiene un protección relativa. De hecho no está inscrita en el catálogo de Bien de Interés Cultural. Desde el punto de vista urbanístico, está protegida con el nivel 1 letra C, que prohíbe su demolición y condiciona su rehabilitación interior, ya que obliga a conservar su fachada, la primera crujía, los patios, las escaleras y el tipo de cubierta.
La Sevilla oficial que celebra el IV Centenario de Murillo, otro de sus grandes, no ha mostrado, de momento, interés por rescatar para la memoria y el patrimonio sentimental la ciudad esta casa que ha sido en los últimos años sede del taller de los modistos Victorio y Lucchino, y que hoy está a la venta. El Ayuntamiento apela a las restricciones de gasto impuestas por el Ministerio de Hacienda a las administraciones locales, tanto en materia de personal como de inversiones. Además, recuerda que recientemente ha hecho un esfuerzo presupuestario para adquirir la conocida como Casa Fabiola, que albergaría la colección de arte de Mariano Bellver; así como la casa natal del poeta Luis Cernuda, cuya adquisición está aprobada pero aún no se ha materializado por las dificultades encontradas en el proceso, ya que el inmueble forma parte de una herencia familiar. Éstas son en este momento las "prioridades" del Ayuntamiento y en ellas no se encuentra, de momento, ninguna actuación en relación a la casa de Velázquez.
Pero hay una asociación conservacionista, ADEPA (Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía), que está dispuesta, una vez más, a asumir el liderazgo de una iniciativa ciudadana que permita incorporar la casa de natal de Velázquez al legado material del pintor humanista. El presidente de ADEPA, Joaquín Egea, confía en que, con la casa de Velázquez ocurra como ocurrió en su día precisamente con la casa de Cernuda, por la que se interesó el Ayuntamiento tras una intensa campaña iniciada por el catedrático emérito de la Universidad de Sevilla Rogelio Reyes Cano, que impulsó su declaración como Bien de Interés Cultural. La casa de Velázquez busca también su propio mecenas que la proteja del olvido.
Las vicisitudes por las que el inmueble ha pasado en los últimos años no son pocas. Se salvó de la piqueta en los años 60 gracias a la iniciativa de un grupo de artistas que la convirtió en el Centro de Arte M-11, donde expusieron algunas firmas relevantes de la vanguardia como Luis Gordillo o el Equipo Crónica.
Ya después, las paredes de las que colgaron algunas piezas significativas del pop-art acogieron los desvelos con las tijeras y los volantes de dos clásicos de la moda andaluza, la pareja formada por los diseñadores sevillanos con sobrenombre italiano: José Víctor Rodríguez Caro y José Luis Medina Corral, de nombre artístico Victorio y Lucchino , que convirtieron la casa natal de Velázquez en sede de uno de sus talleres y soñaron con abrirla al público para hacer justicia con su historia.
Pero, de nuevo, la realidad se impuso, y la quiebra de la empresa V&L Costura, Diseño y Moda S.A. derivó en un embargo sobre el inmueble por las deudas acumuladas por la sociedad con los bancos, la Agencia Tributaria y la Seguridad Social, tras varios intentos fallidos de los modistos por reflotar el negocio. Después, el juez Eduardo Gómez Leal acabaría finalmente con la ambición de los diseñadores y autorizaría en febrero de 2017 la dación en pago de la casa, junto con otro inmueble colindante, en el número 12 de la calle Sales y Ferré, y que hoy sale a la venta como local comercial unido a la vivienda.
Además de decir adiós a este taller cargado de historia, junto a la Plaza de la Alfalfa, los empresarios ya tuvieron que desprenderse también de su tienda en la Plaza Nueva de Sevilla y olvidarse del proyecto que pretendían bautizar con el ambicioso nombre de Centro Permanente de Innovación de la Moda, que pretendían instalar en el que fuera Pabellón de Francia de la Expo 92, en la isla de la Cartuja de Sevilla.
Fue el último destino de la casa del pintor que busca ahora quien escriba un nuevo capítulo de su centenaria historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario