El creador fallece en su casa de Madrid a los 81 años
![]() |
| Eduardo Arroyo, en febrero de 2017, en su estudio madrileño. |
Eduardo Arroyo, uno de los pintores más relevantes y radicales del arte español del último siglo, ha fallecido hoy domingo a los 81 años, según confirmaron fuentes de la familia a EL PAÍS. El creador murió en torno a las 11 de esta mañana, en su casa del centro de Madrid, a pocos metros de su estudio, donde trabajó hasta el fin de sus días, debido a las consecuencias de la enfermedad que sobrellevó durante años. El desenlace fue repentino, según sus familiares. A partir de las 16.00 de hoy, el tanatorio de San Isidro, en Madrid, acogerá la última despedida al pintor. Mañana lunes, será enterrado en Robles de la Fiana (León), donde Arroyo vivió años muy felices.
El artista madrileño, nacido en 1937, alcanzó la fama en España sobre todo a partir de los años ochenta, después de que se viera obligado a dejar el país por su antifranquismo. En 1958 se trasladó a París, donde su interés por el dibujo y la escritura se encontró con la pintura y la bohemia artística francesa. Allí formó su propio grupo de creadores, junto con Gilles Aillaud y Antonio Recalcati, defensores de la figuración narrativa.
Después de la muerte de Franco, en 1976, Arroyo regresó a España donde representa la continuidad de una identidad de creadores que generaron las vanguardias en los años treinta, y a cuya configuración contribuyen decisivamente artistas como Pablo Picasso y Joan Miró. En el caso de Arroyo, se trata de una identidad marcada por las pautas de comportamiento de “lo español”, lo que influye en su trayectoria creativa. Miguel Zugaza, director del museo de Bellas Artes de Bilbao, dijo de él en febrero, con motivo de que Arroyo protagonizara el estand de EL PAÍS en Arco y una muestra en el museo vizcaíno,que había dos vertientes en su trayectoria "combativa e inconformista": la pintura y la historia eran los dos temas que habían marcado sus obras.
En la carrera del artista se pueden diferenciar dos etapas: el exilio y su regreso, con la democracia y la devolución de su pasaporte. Su pintura de los años sesenta se aproxima a la nueva figuración o figuración narrativa, en su versión más política se encuentra cercana a lo presupuesto del arte pop. Siempre, eso sí, dominada por lo español, interpretado desde la ironía y la crítica como respuesta a la situación política del país.
Sus piezas forman parte o se han expuesto en algunos de los más importantes museos nacionales y extranjeros, de París a Lisboa, pasando por Berlín, incluida la Fundación Maeght, que le dedicó una antológica el verano de 2017 y donde solo han mostrado su obra otros cinco españoles: Picasso, Miró, Tàpies, Chillida y Barceló. Entre otros reconocimientos, ganó el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1982 y en 2000 recibió la Medalla de Oro al Mérito de Bellas Artes. Además de pintor y escultor, ha desarrollado también una fecunda carrera como dibujante, escenógrafo, ilustrador, diseñador de carteles, grabador y escritor, publicó sus memorias, Minuta para un testamento, en 2009.
"La impaciencia me lleva al perfeccionismo, la productividad me conduce a una extraña lentitud. La pintura me está salvando”, contaba en febrero del año pasado a este diario, en ocasión de su 80º cumpleaños. Y, a la vez, se preguntaba cuánto tiempo le quedaba y cuál sería su último cuadro.


No hay comentarios:
Publicar un comentario