viernes, 1 de marzo de 2019

No te preocupes: Dios es Dios y tú no

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“‘Jesús les dijo a sus discípulos: —No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí.” (Juan 14:1 TLA).
No tienes que pasar el resto de tu vida con preocupación constante, irritable, con nudos en el estómago o tensión agobiante. Todo lo que se aprende puede ser desaprendido. ¡Así que comencemos a desaprender la preocupación!
Dios ha prometido cuidar de ti. El punto de partida para dejar ir la preocupación es mantener esta actitud humilde: “Dios es Dios, y yo no lo soy”. Cuando comprendas eso, la preocupación comenzará a desaparecer de tu vida.
“‘Jesús les dijo a sus discípulos: —No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí.” (Juan 14:1 TLA).
Comienza cada día recordándote a ti mismo que Dios es un Dios bueno. Cuando te levantas, ¿por qué no intentarlo? Siéntate a un lado de tu cama y di: “El Señor es mi pastor. Jesucristo, estoy esperando que me alimentes, que me guíes y que satisfagas mis necesidades hoy. Confiaré en ti.”
Jesús dijo: “Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí… Así que sacrifico mi vida por las ovejas.” (Juan 10:14-15 NTV).
Si Dios te amó lo suficiente como para morir por ti, ciertamente te ama lo suficiente como para alimentarte, guiarte y satisfacer cualquier necesidad que tengas hoy.
Reflexiona sobre esto:
  • ¿De qué manera la comprensión de la promesa de Dios de satisfacer tus necesidades te ayuda a no preocuparte?
  • ¿Por qué se requiere humildad para dejar de preocuparse?
  • ¿Cuáles son algunas otras cosas que puedes hacer a diario para evitar preocuparte? ¿Qué pasa en la noche, antes de ir a la cama?

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