El salario del venezolano se desvanece en un dos por tres, llevando a las cabeza de familia a enfrentar la constante interrogante del qué hacer para enfrentar la crisis económica que lanzó por un despeñadero el poder adquisitivo del ciudadano, que con 18 mil bolívares (sueldo mínimo) apenas logra adquirir en el mejor de los casos, tres productos de la canasta básica.
Un kilo de harina (a precio bachaqueado Bs. 5.200), un kilo de arroz (Bs. 4.200) y un kilo de queso(Bs. 14 mil) superan el ingreso de 30 días de un trabajador público, sin agregar el costo de las proteínas indispensables para garantizar una “alimentación balanceada“. Esta situación ha llevado a que economistas expliquen que el venezolano ya no sobrevive, sino que muere en el intento de cubrir las tres comidas del día a día.
“La gente está en una encrucijada que pareciera no tener escapatoria, la angustia es permanente porque los precios no tienen relación con el ingreso mensual de una familia“, dice el economista Édgar Urbáez, al mencionar que ante la galopante hiperinflación del país se debe hacer maromas para estirar lo más que se puede el ingreso percibido y ni siquiera con nuevas “compensaciones” (ajustes salariales) la gente podrá cubrir los principales gastos.
Yorman Perdomo es la prueba fiel de lo que debe hacer el ciudadano para rendir el dinero. El joven trabaja como comerciante, y le toca revender artículos de aseo personal para poder cubrir parte de la canasta básica de su hogar. Cuenta que al día debe invertir más de 50 mil bolívares para garantizar las tres comidas de sus dos hijos y esposa, es decir, casi tres veces el sueldo mínimo. Cuando le toca comer en la calle, el gasto es mayor, pues un solo almuerzo le sale en 15 mil bolívares. “Depender del salario mínimo es un imposible para cualquiera, la gente trabaja tanto para que lo que cobra no le alcance para nada”, dice.
Y es que según la Asamblea Nacional (AN) el índice hiperinflacionario para febrero fue de 53.7%mientras que el anualizado alcanzó los 348,2%, cifras que según representantes de la Comisión de Finanzas del parlamento, confirman que por 17 meses seguidos el país ha estado en los cuadros de los países con mayor hiperinflación, donde la variación de precios es diaria, ocasionando la degradación constante del salario mínimo.
Ismael Rojas, médico, explica que en un país donde el gobierno ha perdido el control de la economía y no desarrolla políticas económicas para recuperar la estabilidad “ni que se ganen 10 sueldos mínimos se podrá vivir” pues los precios seguirán variando a un ritmo acelerado, mientras que el ingreso seguirá estancado y el venezolano sufriendo por la poca capacidad de compra.
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