La generosidad no se trata de tu riqueza. Se trata de tu buena disposición para ayudar a los demás, para mostrar amor a los demás y para honrar a Dios.
En 2 Corintios 9:7, Dios nos da tres características de una auténtica generosidad: “Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, porque Dios ama a la persona que da con alegría” (NTV).
Este tipo de generosidad bíblica es:
- Siempre pensando. “Cada uno debe decidir en su corazón.” Tienes que pensar cuánto vas a dar. No lo hagas impulsivamente o emocionalmente. Toma tu propia decisión y la planificas.
- Siempre voluntaria. “y no den de mala gana ni bajo presión.” Nunca, nunca, des porque te sientes culpable. Cuando lo haces, no obtienes crédito por eso, y no crecerá tu corazón.
- Siempre alegre. “porque Dios ama a la persona que da con alegría.” Si no puedes dar alegremente, entonces no lo hagas. Se un tacaño un avaro. No recibirás ningún crédito por dar a menos que se lo des a alguien alegremente.
Sé generoso con tu ofrenda. Nuevamente, no se trata de la cantidad que des, no tiene que ser únicamente en dinero. Puedes ser generoso con tu tiempo o con tus talentos. Todo lo que des, dalo de manera pensante, voluntaria y alegre.
Reflexiona sobre esto:
- ¿Por qué querría Dios que pienses y planifiques cómo vas a dar?
- ¿Le llamarías sacrificio a tu forma de dar? ¿Por qué o por qué no?
- ¿Cuáles son algunas maneras específicas en que puedes ser más generoso con tu tiempo esta semana?
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