El primer carmelita descalzo vivió un atractivo misticismo
Sus obras están traducidas a más de 50 idiomas. Cualquiera puede identificarse con sus bellísimas descripciones del sufrimiento y el abandono -«la noche oscura del alma»- y encontrar inspiración en la finura espiritual
del «Doctor místico».
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Nació en Fontiveros (Ávila) en pleno siglo de oro español (cuando en el imperio español no se ponía el sol y el auge político coincidía con el artístico y cultural). Se llamaba Juan de Yepes.
Conoció la pobreza desde pequeño y más tarde la asumió voluntariamente convencido de que renunciar a lo material es fuente de libertad interior.
Fue ordenado sacerdote y se ocupaba personalmente de las necesidades (también físicas) de sus hermanos frailes, sobre todo de los enfermos.
A los 25 años conoció a Teresa de Jesús, quien le invitó a unirse a ella para fundar los carmelitas descalzos, y volver así a los orígenes de la orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo.
De esta manera se convirtió en el primero de los frailes descalzos, en una sencillísima casa de Duruelo (Ávila), y tomó el nombre de fray Juan de la Cruz. Había aprendido que el sufrimiento enciende la llama del verdadero amor.
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En esa aventura de reformar el carmelo fue incomprendido, perseguido, e incluso encarcelado y maltratado por sus propios hermanos religiosos.
Sin embargo, se mantuvo unido íntimamente a Cristo y en él encontró todo lo que necesitaba. Murió en Úbeda (Jaén) el 14 de diciembre de 1591.
Es patrono de los poetas en lengua española.

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