viernes, 14 de enero de 2022

Adversarios imaginarios



 Adversarios imaginarios


UNA PARÁBOLA de Chuang Tzu:
Érase una vez un hombre a quien le alteraba tanto ver su propia 
sombra y le disgustaban tanto sus propias pisadas que decidió librarse de 
ellas.

Se le ocurrió un método: huir. Así que se levantó y echó a correr, pero cada vez que ponía un pie en el suelo había otra pisada, mientras que su sombra le alcanzaba sin la menor dificultad.

Atribuyó el fracaso al hecho de no correr suficientemente deprisa. 
Corrió más y más rápido, sin parar, hasta caer muerto.
No comprendió que simplemente con ponerse en un lugar sombreado, su sombra se desvanecería, y que si se sentaba y se quedaba inmóvil, no habría más pisadas.

El hombre crea su propia confusión porque se rechaza a sí mismo, se 
autocensura, no se acepta. Y así se crea una cadena de confusión, de infelicidad y caos interior. 
¿Por qué no te aceptas como eres? 
¿Qué te pasa?
 La existencia entera te acepta tal y como eres, pero tú no.

Tienes un ideal que alcanzar.
 Ese ideal siempre está en el futuro: así 
ha de ser, porque un ideal no puede existir en el presente. 

Y el futuro no está en ninguna parte; está aún por nacer. Pero debido a ese ideal vives en el futuro, que no es sino un sueño.
 Debido al ideal no puedes vivir aquí 
y ahora. Debido al ideal te autocensuras.
Todas las ideologías, todos los ideales son condenatorios porque crean una imagen en la mente. 

Y cuando te comparas con esa imagen, 
siempre piensas que te falta algo, que has perdido algo. Ni te falta ni has 
perdido nada. 

Eres perfecto, si es que existe alguna posibilidad de perfección.
Trata de comprender esto, porque solo entonces podrás comprender 
la parábola de Chuang Tzu.

 Es una de las más hermosas parábolas jamás contadas, y profundiza en el mecanismo de la mente humana. 
¿Por qué te empeñas en llevar ideales en tu mente?
 ¿Por qué no eres suficiente tal y 
como eres?
 En este mismo momento, ¿por qué no eres como los dioses? 
¿Quién te lo impide?
 ¿Quién se interpone en tu camino? 
¿Por qué no puedes disfrutar de este momento y ser feliz?
 ¿Dónde está el impedimento?

El impedimento lo pone el ideal. 
¿Cómo puedes disfrutar? 
Estás lleno de rabia, y la rabia tiene que desaparecer en primer lugar.
 ¿Cómo puedes ser dichoso? 
Estás lleno de sexualidad, y el sexo tiene que desaparecer en primer lugar.

 ¿Cómo puedes ser como dioses que festejan este momento? 

Estás lleno de avaricia, rabia, pasión: tienen que desaparecer, y después 
serás como los dioses.

Así se crea el ideal, y del ideal surge la censura.
 Compárate con el ideal, y nunca serás perfecto, porque es imposible. 
Si dices «Si...», la dicha resulta imposible, porque ese «si...» es la mayor preocupación.

Si dices: «Si se cumplen esas condiciones, seré dichoso», esas 
condiciones jamás se cumplirán. 
Y, en segundo lugar, incluso si llegaran a 
cumplirse las condiciones, habrías perdido la capacidad de disfrutar.

 Y además, cuando se cumplan esas condiciones —cosa rara, porque no es 
posible—, tu mente creará nuevos ideales.

Así es como pierdes la vida, en una y otra vida.

 Creas un ideal y quieres ser ese ideal; después te sientes inferior y censurado. Por los sueños de tu mente te condenas; los sueños te perturban.
Lo que yo te digo es justo lo contrario.

 Sé como los dioses en este 
mismo momento. Permite que haya rabia, sexo, codicia: ¡celebra la vida! 
Y después serás capaz de sentir más alegría, más dicha, menos codicia, 
menos sexo. Entonces habrás encontrado el camino. 

No puede ser de otro modo. Cuando una persona puede festejar la vida plenamente, todo lo malo desaparece, pero si primero intentas soluciones para que desaparezca lo malo, jamás desaparecerá.
OSHO
INTIMIDAD

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