La mente considera la vida como algo garantizado; por eso cree que no hay necesidad de investigarla –es una manera de evitarla-. Nunca piensas, nunca meditas sobre la vida; simplemente la aceptas, la tomas como algo garantizado. Es un misterio tremendo. Estás vivo, pero no creas que eso implica que has conocido la vida.
Respecto a la muerte, la mente lleva a cabo otro truco: la pospone, porque aceptarla aquí y ahora constituiría una constante preocupación. Por eso la mente la sitúa en algún lugar en el futuro. Entonces no hay prisa: “Cuando llegue, ya veremos”.
Y para el amor la mente ha creado sustitutos que no son amor: unas veces llamas amor a tu posesividad; otras veces se lo llamas a tu apego; otras, llamas amor a tu dominación. Esos son juegos del ego; el amor no tiene nada que ver con ellos. De hecho, por culpa de estos juegos el amor no es posible.
Entre la vida y la muerte, entre las dos orillas de la vida y la muerte, fluye el río del amor. Y éste sólo es posible para la persona que no se toma la vida como algo garantizado, que se empapa profundamente de la cualidad del estar vivo y se vuelve vital, auténtica.
OSHO ///// "Vida, Amor y Risa", página 28
No hay comentarios:
Publicar un comentario