La palabra café procede de la palabra árabe qahwah que significa «estimulante». La bebida se expandió desde Etiopía y llegó a los países árabes (Persia, Yemen, Arabia…), donde el primero que describió el café fue el médico y botánico alemán Léonard Rauwolf en 1583:
«Una bebida tan negra como la tinta, útil contra numerosos males, en particular los males de estómago. Sus consumidores lo toman por la mañana, con toda franqueza, en una copa de porcelana que pasa de uno a otro y de la que cada uno toma un vaso lleno. Está formada por agua y el fruto de un arbusto llamado bunnu».
En la época en la que se introdujo el café ya había varios conflictos con la prohibición del alcohol en estos países islámicos debido a su religión. Tras la llegada del café aparecieron las cafeterías (la primera cafetería se inauguró en 1475 en Constantinopla), se convirtieron en la cuna del liberalismo donde se reunían los intelectuales, principalmente filósofos y letrados, por ello los imanes ortodoxos y conservadores quisieron prohibir el consumo del café en La Meca en 1511 y en El Cairo en 1532. Sin embargo, la corriente de ideas que se habían implantado en los países a través de estos establecimientos y la popularidad de la bebida hizo que las autoridades tuvieran que revocar dicha ley.

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