Decidir salir en defensa del Señor es una victoria, sin importar el resultado de la batalla.
3 de septiembre de 2023
El enfrentamiento de David contra Goliat fue más que una batalla entre dos naciones. Fue una defensa del nombre de Jehová y un desafío para quienes dudaban de su supremacía.
El rey Saúl dudaba de que el joven pudiera vencer a un guerrero experimentado como Goliat. Pero como señaló David en el pasaje de hoy, la única manera en que un muchacho con una honda podía derrotar al gigante filisteo era por la mano del Señor (1 S 17.37). Al enfrentarse a Goliat, David mostró valentía, pero lo que en realidad lo impulsó fue una indignación justa: “¿Quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?” (1 S 17.26).
Hoy en día, este relato se lee a menudo solo como una historia triunfal de los más débiles. Los espectadores modernos pueden consolarse con la creencia de que nunca tendrán que lidiar con un escenario así. Pero la historia verdadera es que David defendió a Dios, y hay ocasiones en las que deberíamos hacer lo mismo. No necesitamos un grado para defender nuestra fe. Nuestras “piedras lisas” (1 S 17.40) son las verdades que hemos aprendido de la Biblia. Solo recuerde que cualquiera que sea el resultado, la batalla es del Señor (1 S 17. 47), y Él da la victoria a los fieles.
Biblia en un año: Ezequiel 22-25
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