| Patagonia. Fotografía por Charles F. Stanley. |
Quienes buscan activamente a Dios nunca quedan decepcionados.
8 de febrero de 2024
Ayer vimos lo que significa pedir algo a Dios y lo que ganamos haciéndolo. Pero también se nos dice que hagamos dos cosas más en nuestra búsqueda de Dios: “buscar” y “llamar”.
Los tres mandatos vienen acompañados de promesas sólidas como una roca: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mt 7.7, énfasis añadido). Fíjese en que el Señor no dice “quizás se os dé”, “tal vez encontréis” u “ojalá se os abra”. Él quiere que sepamos que quienes lo busquen nunca se sentirán decepcionados. El camino, por largo o difícil que sea, siempre valdrá la pena.
Pero ¿qué clase de puerta tiene Cristo en mente? Es Él mismo. En Juan 10.9 el Señor dice: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos”. El Señor es la puerta a través de la cual encontramos vida abundante y eterna. Cuando llamamos, confiamos en que siempre hay más bondad reservada para quienes están en Cristo. Y cuando atravesamos esta puerta abierta, es a través de la fe en Cristo en el camino de salvación que solo Él proporciona.
Cuando pida, pida más de Cristo. Cuando busque, busque el camino de Cristo. Y cuando llame, llame con valentía y con la certeza de que Cristo le recibirá con amor y gozo.
Biblia en un año: NÚMEROS 1-2
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