jueves, 23 de enero de 2025

Depositar nuestra confianza en Dios

En 1922, en la Universidad de Toronto, ocurrió uno de los momentos más asombrosos de la medicina: la primera aplicación exitosa de insulina. En una sala llena de niños en coma por cetoacidosis diabética y padres esperando lo peor, los científicos inyectaron el nuevo tratamiento. Milagrosamente, los niños comenzaron a despertar uno por uno, transformando una escena de desesperación en un lugar de esperanza y alegría.

Este relato conmovedor nos recuerda cómo la ciencia y la medicina, como parte de los dones que Dios nos ha dado, pueden traer esperanza en medio de la desesperación. Sin embargo, también nos lleva a reflexionar sobre una realidad espiritual más profunda: la condición del alma humana. Así como esos niños estaban al borde de la muerte física por la falta de insulina, la humanidad, sin Cristo, está espiritualmente muerta en sus pecados.

La Biblia dice:
"Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados" (Efesios 2:1).

Cristo vino a este mundo como el gran Médico, no solo para sanar enfermedades físicas, sino para curar el problema más grave de todos: el pecado, que nos separa de Dios y conduce a la muerte eterna. Por medio de Su sacrificio en la cruz, Jesús nos ofrece perdón, vida nueva y esperanza eterna.

Así como esos padres vieron el milagro de la vida física restaurada a sus hijos, los creyentes podemos experimentar la vida espiritual restaurada a través de la fe en Cristo. Jesús dijo:

"Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25).

Este relato también nos recuerda que debemos depositar nuestra confianza en los propósitos de Dios, aun en medio de las pruebas más difíciles. Así como aquellos científicos trabajaron para traer una solución a la cetoacidosis diabética, Dios está siempre obrando para nuestro bien, incluso cuando no podemos verlo. La Biblia nos anima:

"Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28).

Por tanto, así como los científicos trajeron esperanza y vida a través de la insulina, Cristo nos trae esperanza eterna y vida abundante. Depositemos nuestra confianza en Él, quien tiene el poder para transformar la tristeza en gozo y la muerte en vida.

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