Hay días en los que todo se siente raro. Te levantás sin ganas, el cuerpo está pesado, la mente dispersa. Y aun así, te calzás las zapatillas. No sabés bien por qué, pero salís 👟🌫️. Porque correr, a veces, es tu forma de respirar.
No hay apuro. No hay metas. Solo vos, la calle, el ritmo que elegís. Y en ese espacio, algo se empieza a acomodar. El cuerpo entra en movimiento y la mente se rinde. Baja la guardia. Deja de pelear 🤲🧘.
Correr no es escapar. Es una forma de quedarte con lo que importa. De soltar lo que sobra. Te alejás del ruido de afuera para escuchar lo que pasa adentro. Aunque no digas nada, el cuerpo te entiende. Y eso alcanza 💭🎧.
A veces duele. A veces cuesta. Y otras veces se siente tan liviano que podrías seguir sin mirar atrás. Pero en todas esas versiones hay algo en común: estás con vos. Presente. Sincero. En contacto con lo que sos en ese momento 🐾💓.
No importa si nadie lo ve. No importa si hoy no fue tu mejor día. Lo que importa es que saliste. Que hiciste lugar para vos. Que te diste un rato sin exigencias, sin expectativas. Solo un rato de verdad 🌿🙃.
Y cuando volvés, con la piel tibia, el corazón en calma y la mente más clara, sabés que hiciste lo justo. Ni más ni menos. Lo necesario. Y eso, muchas veces, es lo único que hace falta.
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