El cuerpo que tienes refleja el respeto que te tienes. No es solo músculo, no es solo estética. Es disciplina. es poder. es la prueba visible de que no te dejas llevar por la flojera, por la pereza, por las excusas. Un hombre que entrena no solo trabaja su físico… forja su mente. Y el que no entrena, hermano, se marchita. Se oxida. Se debilita.
No es vanidad. Es supervivencia. Porque en este mundo, el hombre débil sufre más. El que se cansa subiendo escaleras no puede proteger a nadie. El que se ahoga con su propio aire no tiene energía para construir. Y el que no se aguanta ni 10 repeticiones… ¿cómo va a aguantar los golpes de la vida?
Cada día que dejas de entrenar, no solo estás perdiendo fuerza. Estás enviando un mensaje a tu cerebro: no soy capaz, no valgo el esfuerzo. Y ese mensaje se vuelve tu realidad. Así empiezan las excusas, el conformismo, la vida mediocre. Un cuerpo sin exigencia es un alma adormecida.
Entrenar es más que levantar pesas. Es levantar tu palabra. Es cumplirte. Es mirar al espejo y saber que no dependes de nadie para transformarte. Que tú decides, tú ejecutas, tú creas.
Deja de esconderte detrás de la flojera. Deja de decir "es que no tengo tiempo". Tienes tiempo para lo que realmente importa. Y si tú no importas en tu propia agenda, entonces ya perdiste.
Empieza con el cuerpo, termina dominando tu vida.
-Texto a quien corresponda
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