lunes, 23 de junio de 2025

Correr lo resuelve todo?

Hay algo en correr que nadie entiende del todo hasta que lo ha sentido por sí mismo.
No se trata solo de estar en forma, de ganar medallas o de romper marcas personales.
Se trata de felicidad. Una felicidad real, profunda, ganada con esfuerzo.

Esa que aparece después de una carrera tranquila por la mañana, cuando el mundo aún duerme.
Esa que llena el pecho cuando las piernas arden, pero sigues avanzando de todos modos.
Esa que surge en los momentos más simples: una brisa fresca en un día caluroso, tu canción favorita sonando, o el ritmo de tu respiración sincronizado con tus pasos.

Correr te enseña a estar presente.
A soltar el estrés, aunque sea por unos kilómetros.
A encontrar claridad en el movimiento.

Y tal vez, ahí está el origen de la felicidad: no en huir de la vida, sino en atravesarla corriendo, completamente despierto, completamente vivo.
Porque con cada zancada recuerdas que eres capaz.
Que hoy eres más fuerte que ayer.
Que la alegría no es algo que se espera… es algo que se crea, kilómetro a kilómetro.

Así que no, correr no resuelve todo.
Pero hay días en los que realmente lo parece.
Y a veces, eso es más que suficiente.

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