domingo, 20 de julio de 2025

La chiquita era grande de corazón

"Yo no soy un peleador grande, pero sí un peleador grande de corazón." – Humberto "Chiquita" González

En los barrios de Nezahualcóyotl, donde el boxeo se respira como si fuera aire, nació un guerrero pequeño en estatura pero inmenso en corazón. Humberto "Chiquita" González, con apenas 1,55 m de altura, se convirtió en uno de los campeones más queridos y respetados del boxeo mexicano.

Debutó como profesional en septiembre de 1984, y desde el primer día mostró que su pegada no tenía nada de "chiquita". En 1989, contra todo pronóstico, voló a Corea del Sur para enfrentarse a Yul‑Woo Lee. Aquella noche conquistó el título mundial minimosca del Consejo Mundial de Boxeo (WBC), en su primera pelea fuera de México. Ahí nació la leyenda.

Defendió su corona ante figuras como Jung‑Koo Chang y Francisco Tejedor. Pero la gloria se puso en pausa en diciembre de 1990, cuando fue noqueado por el filipino Rolando Pascua. Muchos pensaron que su carrera había terminado. Pero González tenía otra pelea en el alma: volvió más fuerte y en 1991 recuperó el título al derrotar a Melchor Cob Castro.

Su consagración definitiva llegó con la histórica trilogía contra Michael Carbajal. La primera batalla, en 1993, fue brutal: cayó por nocaut en el séptimo asalto en una pelea que fue reconocida como la mejor del año. Pero la "Chiquita" se levantó. En 1994 ganó la revancha por decisión dividida, unificando los títulos de la WBC y la IBF. En noviembre de ese mismo año, volvió a vencerlo por decisión mayoritaria en una guerra en la Ciudad de México.

En total, González realizó 46 peleas profesionales, con 43 victorias (30 por KO) y apenas 3 derrotas. Fue tres veces campeón mundial del WBC, una vez de la IBF y campeón mundial lineal. Dos de sus combates fueron elegidos Pelea del Año por la revista The Ring.

Su última pelea fue en julio de 1995, cuando cayó en otra guerra inolvidable ante el tailandés Saman Sorjaturong. Esa noche perdió el cinturón, pero ganó la eternidad.

En 2006, fue incluido en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo. Y a diferencia de muchos ídolos que terminan sin rumbo, "Chiquita" usó sus ganancias para montar negocios, abrir carnicerías y vivir con dignidad. Nunca volvió por necesidad. Nunca se vendió.

Hoy sigue ligado al boxeo, aconsejando a los más jóvenes con la misma pasión que lo llevó a la cima.

Porque Humberto "Chiquita" González fue mucho más que un campeón. Fue el corazón de un país metido en un puño cerrado.

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