"Yo no nací para ser estrella. Nací para pelear."
—Jesús "Chucho" Castillo
Jesús "Chucho" Castillo fue uno de esos campeones que nunca buscaron la fama, pero se la ganaron a puño limpio. Nacido el 17 de junio de 1944 en Nuevo Valle de Moreno, Guanajuato, y criado en la colonia Guerrero de la Ciudad de México, creció entre calles bravas, trabajo desde muy joven y una sola certeza: en la vida había que pelear.
Debutó como profesional en 1962, sin padrinos ni prensa que lo inflara. A puro esfuerzo, a golpes duros y silenciosos, se fue ganando su lugar hasta llegar a la cima. En 1970, se convirtió en campeón mundial de peso gallo al vencer al legendario Rubén "Púas" Olivares en el Forum de Inglewood, California. Fue una sorpresa monumental: nadie lo veía ganando. Todos creían que Olivares era intocable. Pero esa noche, el humilde "Chucho" lo bajó del trono.
Fue una pelea intensa. Castillo se plantó firme, con presión constante y precisión. En el round 14, un corte sobre Olivares obligó al árbitro a detener el combate. Castillo se quedó con los títulos del CMB y la AMB. Había nacido un campeón sin micrófono, pero con un corazón enorme.
Meses más tarde, en la revancha, Olivares recuperó el título en una pelea durísima a 15 rounds. A partir de ahí, Chucho siguió peleando, enfrentando sin miedo a figuras como Bobby Chacón, Danny "Little Red" López, Rafael Herrera y Erbito Salavarria. Nunca esquivó a nadie. Nunca se bajó de una pelea.
Se retiró en 1975 con un récord de 66 peleas: 47 victorias (23 por nocaut), 17 derrotas y 2 empates. Falleció el 15 de enero de 2013, víctima de un infarto. No tuvo homenajes ruidosos, pero sí el respeto silencioso de los que entienden qué es el boxeo de verdad.
Chucho Castillo fue un campeón que nació del barrio y murió con dignidad. Uno de esos que no necesitaban reflectores, porque su historia brillaba sola.
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