José "Pipino" Cuevas fue pura dinamita en los puños. A los 18 años, se convirtió en campeón mundial wélter al destruir a Ángel Espada en solo dos asaltos. Desde ese momento, el mundo conoció al joven mexicano que no boxeaba… ¡detonaba!
Con 66 victorias y 58 nocauts, su estilo era tan brutal como efectivo. No especulaba. Salía a pelear con el mismo objetivo: terminar la noche temprano. Defendió su título mundial seis veces, despachando rivales con una ferocidad que le ganó fama internacional.
Su reinado terminó ante Thomas Hearns, pero su legado de guerrero quedó tatuado en la historia. Pipino no necesitaba promesas: hablaba con sus puños. Fue el ejemplo del boxeador de barrio, del que no teme el intercambio, del que vive para pelear.
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