Lo ideal, el retiro definitivo, es retirarse del pasado y del futuro, y permanecer siempre en el presente. Sin embargo, nuestra mente es muy poderosa y está siempre controlada por el hábito. Una característica del hábito es no poder quedarnos quietos, no ser capaces de permanecer en el presente. Esto es porque estar en el presente es tan aterrador, tan aburrido e insoportable para nuestra ilusa y caprichosa mente. No sabemos que en realidad, estar en el presente es muy emocionante y lo más liberador de todo tipo de dolor, sufrimiento y ansiedad. A los seres sintientes nos gustaría liberarnos de todas estas cosas, pero siempre acabamos creando diligentemente más y más causas y condiciones para tener este dolor, sufrimiento y ansiedad.
Tradicionalmente, en el Tíbet intentamos retirarnos de lo cotidiano por algo así como una semana, tres semanas, tres meses, seis meses, tres años, nueve años. Incluso hoy en día hay muchas personas en el Tíbet que están en retiro de por vida. Sin embargo, el retiro no tiene que ser de tres meses o tres años. Lo que necesitamos es tener la disciplina del retiro todos los días.
Esa disciplina consiste en retirarnos de nuestras actividades mundanas y simplemente sentarnos en un cojín de meditación a solas.
La idea es evitar enredarnos con cosas que normalmente acabamos haciendo, como cotillear, chatear, navegar por internet o leer el periódico. Tenemos muchos métodos budistas que nos ayudan a hacerlo, desde simplemente no hacer nada, que en realidad es lo más difícil, hasta llegar a dos o tres horas de rituales y prácticas. No hay ninguna razón por la que no podamos referirnos a eso como un retiro.
- Dzongsar Khyentse Rinpoche
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