"Cuando os encontráis con una persona desagradable, inmediatamente levantáis una montaña en vuestra mente. Después os sentáis frente a ella y lloráis diciendo: ¡Qué pesada es esta montaña!” - Maestro Zen Wú Dǎo
Cuando alguien os irrita, lo que realmente se agita no es el mundo, sino vuestra propia mente. En la vida no elegiréis siempre la compañía. El Camino del Zen no consiste en rodearse solo de quienes confirman vuestra comodidad. Justamente ahí, en el roce, está el lugar para cultivar.
Cultivar no significa forzar una sonrisa ni repetir palabras dulces mientras el corazón arde. Significa permanecer presentes cuando surge la aversión. Sentirla sin justificarla. Observar cómo nace, cómo busca un culpable, cómo quiere afirmarse.
Cuando pensáis: “Esta persona es insoportable”, ya habéis creado una figura sólida frente a vosotros. Pero si miráis con cuidado, veréis que lo que os perturba es vuestra interpretación, vuestra expectativa herida, vuestra imagen de cómo deberían ser las cosas.
Cultivar un buen corazón no es fabricar bondad artificial. Es dejar de alimentar la historia que os separa del otro. Cuando soltáis esa historia, aparece algo más simple, la comprensión.
Podéis incluso imaginar que esa persona difícil es vuestro maestro invisible. No porque sea especial, sino porque revela vuestro apego con claridad. Sin fricción no veis vuestra dureza; sin desafío no veis vuestro orgullo.
La bodhichitta no florece en un jardín protegido. Florece cuando, en medio del conflicto, elegís no reforzar el yo. Sin esa intención de despertar para beneficio de todos, incluso la práctica más refinada puede convertirse en alimento para el ego.
Fuente: Manual de la Comunidad Zen Camino del Dharma
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