"Prabhuji, ¿qué es el ego y cómo se disuelve?"
(Pregunta de Alejandra Ramos)
Respuesta de Prabhuji:
Antes de comenzar a responder, quisiera dejar claro que el fenómeno egoico no es un objeto; al hablar de "ego" no nos estamos refiriendo a una cosa. En realidad, el ego es una costumbre, un hábito, una pequeña fantasía que repites constantemente y que, de tanto repetir, parece sólida. Consiste en un simple nudo hecho de memoria, comparación y miedo; una voz diciendo "yo soy alguien", "yo tengo razón", "yo debo ser respetado", "yo debo ganar", "yo debo ser especial". En cierto sentido, David Hume ya sospechaba que, cuando se busca un "yo" fijo, se encuentran percepciones cambiantes y una costumbre de llamarlas unidad.
En la visión de Śaṅkarācārya, el ahaṃkāra no es una entidad, sino un mecanismo psíquico que construye la autoimagen y reclama como "mío" lo vivido. A través de ese artificio, el Ātman queda confundido con el organismo y los procesos mentales, junto con la creencia de ser el agente que ejecuta y controla los actos.
El ego sin público se debilita, tiembla en el silencio; ese es el motivo por el cual la soledad asusta. Cerca de la soledad se despierta la sospecha de que quizás no eres la persona que por tantos años has defendido tan seriamente. Para el ego eso es simple locura; sin embargo, la realidad es que se trata de libertad tocando a tu puerta. Como observaba Pascal, una parte decisiva del desasosiego humano nace de no saber permanecer a solas consigo. El ego necesita desesperadamente al otro para existir. Se trata de un impostor sumamente astuto, capaz de disfrazarse de virtud y de amor, de humildad e incluso de espiritualidad. Es capaz de dictar conferencias sobre la santidad y hasta de dar satsangs, presentándose como Maestro iluminado.
Sin siquiera pestañar, puede asegurar sonriendo: "yo no tengo ego"; sin embargo, eso ya es ego, maquillado, perfumado y bien vestido, listo para una foto.
El fenómeno egoico es incapaz de amar de verdad, porque amar implica derretir fronteras y el ego vive de estas. El ego puede desear, poseer, negociar, dominar, pero le es imposible ser silencioso y pacífico; no puede ser amor. En presencia del auténtico silencio, del verdadero amor, el ego se evapora.
Es importante comprender que al ego no lo disuelves tú, porque ese "tú" que desea disolverlo es el mismo ego ladrón disfrazado de policía.
El mismo personaje que tanto quiere eliminar al ego es el mismo ego enmascarado de "espiritual". Porque el ego no se derrota, no se vence ni se mata; con observarlo es suficiente…, porque, al ser observado, se le termina la energía.
Es imposible echar la oscuridad a patadas o empujones de un cuarto; lo único que puedes hacer es encender la luz, porque, al no ser un objeto, la oscuridad no muere.
La auténtica disolución ocurre a través de la consciencia observando, como quien ve pasar una nube. Observando, es posible ver directamente su inexistencia y, al comprobarlo, obviamente nunca volverás a creer en su solidez.
Son dos puertas que conducen hacia un mismo cielo: una es la observación y la otra es el amor.
Observando, te sitúas como testigo; observas el "yo" como otra idea; observas el impulso de defenderte, de compararte, de tener la última palabra, sin justificarlo, sin condenarlo ni alimentarlo. Solo observas y, en esa mirada atenta, el fenómeno egoico se encoge porque este es solo inconsciencia organizada.
La segunda puerta es el amor, pero no el amor de las telenovelas o de los romances baratos. Me refiero a un amor limpio, no a una estrategia para poseer o dominar. Al amar sin motivo, sin razones, sin manipulación, la consciencia llega por sí sola, sin buscarla ni perseguirla. Porque al amar el ego se reduce, ya que el importante es el ser amado; amar desde una perspectiva egoica es morir un poco. En la medida que amamos somos menos, el ego se contrae, se atenúa, se debilita. En esa misma dirección, Meister Eckhart habló de un "desasimiento" en el que el yo deja de aferrarse a su propia imagen.
Observa: cada vez que aparezca el pensamiento o idea "yo", "a mí", "mi historia", "mi problema"…, solo míralo. Muy suavemente dite a ti mismo: "es solo un pensamiento"… repítelo, pero sin violencia…, porque esta no es más que ego con uniforme policial… William James, desde la psicología, intuía que el rumbo de la experiencia cambia cuando cambia el foco de la atención.
Lleva lo mismo a la vida diaria; al estar con otros y te percates del surgimiento de esa urgencia por imponer, corregir, demostrar, ganar…, solo sonríe reconociendo el antiguo mecanismo. Es en ese mismo instante que se disuelve el estado hipnótico egoico, porque lo que lo mantiene vivo es justamente tu propio sueño.
No es a través del esfuerzo, sino de la comprensión, que revelarás que lo que realmente eres no es una pesada armadura: es un vacío pleno de vida, presencia sin necesidad de defenderse. Te descubrirás como armonía, lo cual significa que el "yo" separado es completamente innecesario.
El ego desaparece en el mismo instante que renuncias a servirle. Y en esa renuncia se manifiesta tu auténtico rostro silencioso, vasto, sencillo, simple y ordinario… como un niño y su inocencia caminando a la orilla del mar, feliz y sin argumentos…
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