lunes, 23 de marzo de 2026

La Chiquita, un pequeño gigante del Ring

En una calle de la Ciudad de México, un hombre de baja estatura caminaba despacio hacia una papelería. Llevaba una bolsa de plástico en una mano y unos billetes arrugados en la otra. Se detuvo frente al mostrador, pidió un cuaderno y un par de plumas pagó y salió sin decir más. La señora que lo atendió ni siquiera lo miró dos veces.

 Para ella era un cliente más. No tenía la menor idea de que ese hombre alguna vez fue campeón del mundo, eh, de los que levantaban cinturones frente a miles de personas, de los que salían en los periódicos de todo el planeta, de los que hacían temblar a sus rivales con solo escuchar su nombre. Se llamaba Humberto González, pero el mundo del boxeo lo conoció como la Chiquita.

 Y si estás escuchando esto es porque lo que le ocurrió después de dejar los guantes es algo que nadie se esperaba, algo que cuando lo sepas completo va a cambiarte la forma de ver el deporte, que la fama y lo que significan realmente los aplausos porque Humberto González no terminó como leyenda retirada, que vive de sus glorias y cobra por apariciones públicas.

 terminó en un lugar que nadie imaginaría para un campeón mundial empezando de cero a los 60 años con las manos vacías y una dignidad que irónicamente era lo único que los años no le habían podido quitar. Y lo más impactante de todo no es lo que perdió, es cómo lo perdió. Porque detrás de la caída de la chiquita hay una historia de confianza traicionada, de puertas que se cierran una tras otra y de un momento preciso en el que todo se derrumbó de una manera que ni él mismo vio venir.

 En algún momento, Humberto fue no estó al banco a pedir un estado de cuenta. No fue un gesto dramático, fue un trámite, un papel y en esa hoja descubrió que los años de golpes no habían dejado dinero. Había movimientos que él nunca firmó. A transferencias, a cuentas que no conocía, retiros repetidos, como si alguien hubiera estado ordeñando su carrera en silencio.

 Ese día, por primera vez, Humberto entendió que el rival no estuvo en el ring. Lo peor es que la persona que tenía acceso a esas cuentas no era un desconocido, era alguien que había estado a su lado durante años, alguien que le decía antes de cada pelea, "Tú concéntrate en ganar, yo me encargo del dinero.

" Y Humberto le creyó. Durante más de una década, Humberto González nació en un barrio donde la vida no te pregunta si puedes, te empuja. No era el más fuerte ni el más grande. De hecho, era el más pequeño del gimnasio. Por eso empezaron a llamarlo la chiquita. Y lo que parecía una desventaja terminó siendo su mayor arma. Pero Humberto tenía algo que lo distinguía desde niño.

 Era pequeño, más pequeño que los demás. En un entorno donde el tamaño importa, donde el que es más grande suele imponerse, ser el más bajito de todos podría haber sido una desventaja. Pero en el caso de Humberto fue exactamente lo contrario, porque aprendió desde temprano que el tamaño no define lo que puedes hacer, sino la intensidad con la que decides hacerlo.

El boxeo entró en su vida como entra en la vida de tantos jóvenes mexicanos, por necesidad y por instinto. No fue una decisión meditada ni un plan a largo plazo. Fue la pura y simple realidad de un muchacho que necesitaba una salida, que tenía energía de sobra y que un día encontró un gimnasio de barrio donde un entrenador vio algo en él que los demás no veían.

 No vio su estatura, vio su velocidad, vio la manera en que esquivaba, en que se movía, en que conectaba golpes con una precisión que no era normal para alguien tan joven. Este chamaco va a ser campeón. Y le dijo el entrenador a otro boxeador del gimnasio después de ver a Humberto entrenar por primera vez. El otro se rió. Es enano respondió.

 Campeón de qué? De las canicas. Se rió el entrenador también, pero no de la misma manera, porque él sabía algo que el otro no, que en el boxeo, especialmente en las categorías más ligeras, el tamaño es lo de menos. Lo que importa es la velocidad, la inteligencia, el corazón. Y ese muchacho tenía las tres cosas en cantidades que él rara vez había visto.

La carrera Mateur de Humberto fue breve, pero explosiva. Ganó todo lo que pudo ganar en los circuitos locales y pronto quedó claro que el nivel nacional le quedaba chico. A los 19 años debutó como profesional y desde el primer combate dejó claro que no estaba ahí para hacer bulto, estaba ahí para conquistar algo.

Sus primeras peleas profesionales fueron un reflejo exacto de lo que sería su carrera, velocidad, potencia y una voluntad inquebrantable de ganar que hacía que sus rivales, incluso los más experimentados, se sintieran rebasados. Humberto no peleaba como los demás, se metía al cuerpo a cuerpo sin dudar. lanzaba combinaciones rápidas que encontraba en el blanco con una consistencia asombrosa y tenía una resistencia al castigo que resultaba difícil de creer en alguien de su tamaño.

 Era como pelear contra un remolino, sabías que estaba ahí, sentías los golpes, pero nunca podías agarrarlo del todo. Pelea tras pelea, su nombre empezó a sonar. Los promotores locales lo querían en sus carteleras porque era garantía de espectáculo. Los aficionados lo adoraban porque representaba algo que va más allá del deporte.

 Representaba al hombre pequeño que no se deja y al que le dicen que no puede y demuestra que sí. En un país donde la estatura promedio no es precisamente la más alta del continente, la chiquita se convirtió en un símbolo que resonaba con millones de personas que, como él, habían tenido que pelear contra las expectativas de un mundo que mide el valor por centímetros.

El salto a los escenarios internacionales fue natural. Humberto tenía el talento, tenía el récord e tenía la historia perfecta para vender. Un mexicano humilde, de baja estatura, que peleaba con el corazón de un gigante. Los promotores estadounidenses vieron en él una mina de oro y le abrieron las puertas de Las Vegas, de Los Ángeles, de esas arenas enormes donde se escriben las leyendas del boxeo.

 Y fue ahí, bajo esas luces que ciegan y embriagan en partes iguales, donde Humberto González se convirtió en campeón del mundo. Fue en 1989 y en una pelea que los que estuvieron presentes todavía recuerdan con admiración, la chiquita enfrentó al campeón de peso mínimo del Consejo Mundial de Boxeo, un peleador duro que no tenía intención de entregar su cinturón y lo venció de una manera que no dejó lugar a dudas.

Federico, pionero de la salsa nacional

Un día como hoy recordamos un año más del natalicio del gran Federico Betancourt.
En la foto acompañado del pianista cubano Lino Frias y del cantante peruano Rubén De Alvarado, ambos integrantes de la emblemática Sonora Matancera. 

Jesús Federico Malpica Betancourt, nace en la ciudad de Valencia, Estado de Carabobo, el 22 de marzo de 1940. Hijo de Carmen Elena Betancourt Alvarado, oriunda de Duaca, estado Lara, de profesión costurera quien fallece el 7 de enero de 2004, a los 92 años. Mi padre fue Carlos Federico Malpica, natural de Valencia, estado Carabobo y fue comerciante ferretero, Jefe de bomberos voluntarios, y dirigente deportivo; fallece el 26 de enero de 1991, a la edad de 77 años.
Fue funcionario bancario, laborando en El Banco de Venezuela, siendo el encargado de entregar las becas estudiantiles asignadas por el Gobierno Nacional. Estudio música por  su cuenta, con diferentes maestros. Estudio para convertirse en  director de orquesta, creció escuchando la Sonora Matancera; a Mon Rivera, a Eddie Palmieri a Joe Cotto, y a Chivirico Davila. Federico se convirtió en experto en la interpretación del Güiro, aun cuando se había iniciado en el trombón.
Su primera orquesta se llamó "Los Selectos", hacían covers de la Billo's y los Melódicos,. Adquiere en el 1965 "El Combo Latino", compartiendo en el primer trabajo la dirección con el  percusionista y timbalero Roberto Monserrat; adoptando el nombre de "Federico y su Combo Latino", con un sonido de trompetas y metales altamente influenciado por lo que se venia haciendo en New York. 
Realizan su primer trabajo para el sello Palacio en el 1966, influenciado especialmente por la música de "Mon" Rivera, con arreglos del trompetista Eduvigis Carrillo, (Q.E.P.D.), el que titularon "Llego La Salsa". Los músicos en ese primer trabajo: "Llego la Salsa" fueron: Alí Rojas Bongo y Cencerro, Roberto Monserrat Director musical y Timbal, Pedro Medina Congas, Alfredo Arcas Trombón, César Pinto Trompeta, Enrique Iriarte "Culebra" en el Piano, Rafael Prado Bajo, Carlin Rodriguez, y  Dimas Pedroza fueron los cantantes  Cantante, Federico Betancourt Güiro y Director de la Orquesta.
Aun, están en nuestra memoria piezas como; "Cocolía",  que nos recuerda a Israel Rivera González, hermano de Mon Rivera, quien era conocido en su familia como "Cocolia"; "Pao Pao", "El Jaleo", "Besos Brujos", Señor Gallo, (Versionado inicialmente por Chivirico Davila; "Sancocho Caliente"; "Guaguancó Manía"; "Celosa", "Pancho y Ramona", "Conmigo" y "No critiquen" que conociéramos con la Perfecta de Eddie Palmieri, "Café y Pan", venido del Sexteto la Playa de Paul Alicea. Era evidente la influencia tanto de los músicos como de piezas cubanas y boricuas en la agrupación de Federico. 
Fueron sus cantantes originales: Dimas Pedroza y Carlín Rodríguez, por su orquesta desfilaron además destacados vocalistas y músicos de la época, como: Enrique "Culebra" Iriarte (pianista), César Monge, Téofilo Zamty y José "Rojitas" Rojas (trombonistas), Rafael Prado (bajista), César Pinto, José Acosta y Carmelo Álvarez (trompetas), Nené Pacheco, Roberto Monserrat y "Pedrito" Medina (Percusionistas), Édgar "Dolor" Quijada "El Bobby", Rogelia "Canelita" Medina, José "Joe" Ruiz, Jhonny Ramos, Manny Bolaños, Memo Morales, "Chino" Suárez, Harlem, Jorge Mendoza, Orlando Castillo "Watussi", Pepe Acosta, Manuel Moré, Wladimir Lozano y el inigualable "Calavén".
 Su primera salida internacional se dio para el 1969 y fue precisamente a Colombia, a nuestra costa caribe, visitando las ciudades de Cartagena y Barranquilla donde había colocado muy bien las piezas  "El Cobrador" y "Federico Boogaloo"; logrando un contrato, para las  fiestas Reina del Mar, en Cartagena, el 11 de noviembre de 1969. 
Toda una época donde además competía con El Sexteto Juventud, Los Dementes y demás orquestas de Ray Pérez, luego la Dimensión Latina, recordamos al menos 20 trabajos de larga duración todos con gran aceptación.

Fuente: Encuentro Latino Radio.
Foto: Retromanía.

La felicidad no depende de cosas externas

La felicidad o la infelicidad no dependen de circunstancias externas. No hay ni felicidad ni infelicidad en las cosas externas; tu estado de alegría o tristeza depende de tu reacción a esas cosas externas. De hecho, las cosas no importan; lo que importa es tu visión de las cosas; todo depende de cómo miremos las cosas.

Así, en resumen, la importancia es del individuo, y no del objeto: la importancia está en ti y no en el objeto que posees. Así que podemos decir que la felicidad o la infelicidad están dentro de nosotros. Epictetus dijo: "Si no eres feliz, debes saber con seguridad que eres la causa de ello. "Yo diría lo mismo. Somos la causa de nuestra miseria, porque en cualquier forma que seamos, hemos creado la condición nosotros mismos.

Por favor, mantén esta verdad en tu mente, porque no puedes transformar tu vida sin ella: si te sientes infeliz, sabes que algo está mal en tu punto de vista. Una vida miserable es el resultado de una forma equivocada de ver las cosas; y una vida feliz es el resultado de un acercamiento correcto a la vida.

Por favor, cada vez que te sientas miserable, trata de buscar la causa de tu infelicidad dentro de ti, no fuera. Y luego gradualmente descubrirás las causas de tu infelicidad, ocultas en tus propias reacciones. Así que una nueva vida comienza para ti.

Osho

¿Qué Harás Hoy Que Requiera Fe?


Por Rick Warren

“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos”. Gálatas 6:9 (NVI)

El fracaso nunca es definitivo. Nunca eres un fracaso hasta que te rindes, ¡y siempre es demasiado pronto para rendirse! La grandeza de una persona no se determina por su talento, su riqueza o su educación. La grandeza de una persona se determina por lo que se necesita para desanimarla.

Entonces, ¿qué se necesita para desanimarte de perseguir tu sueño? Puede ser tan simple como que un amigo o familiar te diga: “No creo que sea una buena idea”.

La Biblia dice en Gálatas 6:9: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos” (NVI).

¿Quieres saber cuántas veces quise renunciar a la Iglesia Saddleback? Cada lunes por la mañana pensaba: “Dios, seguramente alguien podría haber hecho un mejor trabajo que el que hice ayer. Esto es demasiado grande para una sola persona”.

Y es como si Dios dijera: “Sigue adelante”. Puede que a veces no sea muy brillante, pero no sé cómo rendirme. No sé cómo darme por vencido.

Dios obra en tu vida según tu fe. La Biblia dice:

“Sin fe es imposible agradar a Dios” Hebreos 11:6 (NVI).

“Todo lo que no proviene de fe es pecado” Romanos 14:23 (RVA-2015).

“Que se haga con ustedes conforme a su fe” Mateo 9:29 (NVI).

Entonces, ¿qué estás haciendo con fe? Debes preguntarte todos los días cuando te levantes: “Dios, ¿qué puedo hacer hoy que requiera fe?” Esa es una pregunta importante, porque vivir cada día por fe agrada a Dios.

Hay muchas cosas en tu vida sobre las que no tienes control. No controlas quiénes fueron tus padres, cuándo naciste, dónde naciste o cuál es tu raza o nacionalidad. No controlas qué dones y talentos recibiste. No decides cómo te ves.

Pero sí tienes control total sobre cuánto eliges creerle a Dios. Dios usa personas que esperan que Él actúe, que nunca se dan por vencidas, que toman riesgos con fe, que van tras el sueño que Él les ha dado.

¿Quieres ser el tipo de persona que Dios usa para cumplir su propósito? ¡No dejes que nada te desanime de seguir su sueño!

Reflexiona sobre esto
  • ¿Qué cosas te desaniman y te impiden alcanzar tus metas?

  • ¿Cómo crees que Dios quiere que respondas a esas circunstancias?

  • ¿Qué acto de fe te pide Dios que hagas hoy?


Hoy puedes tomar la decisión más importante de tu vida. Haz clic AQUÍ.

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¿Y cómo van a creer en él, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír, si no hay quien les anuncie el mensaje? ROMANOS 10:14 (DHH)

domingo, 22 de marzo de 2026

Willie Colón, el músico que definió una época y un género


Aryani Brizuela

Trombonista, productor, compositor y cantante, William Anthony Colón falleció en Nueva York, el 21 de febrero, a los 75 años de edad. Aunque no fue el primero ni el único gran maestro, ‘él malo’ fue y siempre será uno de los pilares fundamentales del género. El que reconfiguró, combinó la salsa con otros sonidos y la popularizó. Un hombre, además, con una profunda conexión con Venezuela.

Fue uno de los más importantes músicos que conoció la salsa. Con su sonido rajado y callejero, que tampoco era nuevo, Willie Colón  potenció y popularizó la salsa brava de los 70. Le subió el volumen a ese sonido crudo e irreverente que ya venían desarrollando figuras como Eddie Palmieri o Ray Barretto. No lo hizo solo. A su lado estuvieron dos artistas fundamentales en su carrera: Héctor Lavoe y Rubén Blades, con quienes cosechó grandes éxitos. De allí que tras su muerte, hace un mes, muchos se refirieran a él como “el gran arquitecto de la salsa”, generó controversia en la comunidad salsera.

No porque no fuera respetado o querido entre colegas y amantes del género, sino porque Colón no fue el único gran arquitecto de la salsa. Fue uno de los muchos que tuvo el género. Le precedieron figuras como Richie Ray, Barry Rogers, Mon Rivera, de los que bebió para definir su sonido y llegar con su música más allá de los amantes de la salsa. Y lo hizo.

Precisamente, ese sonido callejero que adoptó y en el que insistió tanto –explica Mercedes Sanz, periodista musical– influyó en otras orquestas de salsa. “Le siguieron con un sonido muy parecido, con trombones que trataban de imitarlo, con soneros que imitaban también la voz de Héctor Lavoe, incluyendo esas orquestas que fueron parte de ese movimiento que se llamó salsa underground, salsa subterránea, de Brooklyn Sounds o La Conspiración, grupo que él también apadrinó. Todas esas orquestas le deben a Willie Colón”.

Como trombonista, a Willie Colón también se le atribuyó la incorporación del instrumento a la salsa; sin embargo, fue algo que hizo Eddie Palmieri con La Perfecta, explica Xariell Sarabia, gestor cultural y crítico musical. El pianista y compositor creó la trombanga, un estilo musical que combina la charanga y el trombón. “Es como si fuera una banda de charanga, con dos violines, una flauta, bajo, piano, timbal y conga, pero Palmieri le quita los violines y le pone dos trombones”.


Lo que sí hizo Colón, comenta Sarabia, fue tomar de Eddie Palmieri y Mon Rivera, que también incorporó el instrumento en su orquesta, la estructura de los trombones para así darle su toque e impulsar ese sonido callejero de la salsa brava. “Willie Colón no es el mejor trombonista. A mí me gusta mucho, sobre todo al principio, que era desbocado, pero hay muchos otros de una calidad mayor. Él llega para impulsar aún más lo callejero, porque es algo que ya estaba allí. Él le agrega más potencia al lado de un cantante que, además, es muy callejero, que tiene una voz muy particular, muy arrabalera, que es Héctor Lavoe. Ese momento es importantísimo, sin igual”, detalla el crítico musical.

El sonido que logró Colón en la salsa es difícil de explicar en el marco de la rigurosidad de lo académico, considera Sanz. Respondía más a algo emocional. “Creo que quizás no existe una explicación tan rigurosa. Simplemente es algo que te mueve la fibra. Tiene que ver con la emoción. Me gustó ese sonido de esos trombones rabiosos, esos arreglos me encantaron y, aparte de eso, las voces. Héctor Lavoe y después Rubén (Blades). Incluso, la etapa de Willie cantando, aunque no se le considera un gran cantante. Pero a mí la interpretación de él, ese tono de voz y el sentimiento, creo que es lo importante en un cantante, más allá de si es o no un virtuoso; porque a Willie Colón los académicos no lo consideran un virtuoso, pero él tenía otras virtudes. Él sacó provecho de esas limitaciones y las convirtió en potencialidades. Eso era parte de su maestría”.

Willie Colón también construyó una narrativa, un perfil social, para acompañar esta sonoridad rabiosa y callejera que desarrolló. Con su álbum debut, El malo (1967), comenzó a perfilar esa figura del bad boy, el malandro en la música. Un perfil que mantendría durante toda la época junto a Héctor Lavoe.

“Cuando él comienza con El Malo, ‘El Malo de aquí soy yo /Porque tengo corazón’, empieza a perfilar la música del malandro; ya está subrayando un carácter importantísimo de esta música. Y además le aporta una sonoridad. Él mezclaba con mucha independencia y mucha irreverencia diversos ritmos, jugaba y coqueteaba con Brasil, jugaba y coqueteaba con música española. Hizo de todo”, dice César Miguel Rondón.


Aunque era un músico prometedor, hubo mucho rechazo hacia su música al principio, explica Sarabia. Sus primeros tres discos, con los que comenzó a trazar las primeras pinceladas de ese sonido agrio y furioso, eran considerados muy amateur; sin embargo, ya para el cuarto y quinto álbum –asegura el crítico musical– el sonido de Willie Colón ya está bien puesto, y es allí cuando esa figura del malo toma más fuerza. “Para mí, ese es el mejor momento de la música de Willie Colón porque tiene que ver con lo que él maneja comercialmente o publicitariamente como imagen, que es esa cosa del malo. Y en efecto, eso es. El sonido de él es malo, malucón”, dice Xariell Sarabia, quien explica que la figura de Colón y Lavoe es similar a la de Rolling Stones. “Siempre lo digo: Jagger and Richard, Colón and Lavoe. Con lo más parecido a las majestades satánicas de Rolling Stones”.

No todo fue imagen y sonido. En la construcción de esa narrativa callejera, del barrio, las letras también tuvieron un peso importante. “Willie se hizo compañía de grandes compositores, incluyendo Tite Curet Alonso, para esas letras que también describen lo que es la calle, lo que es el sentir del latino y del inmigrante en Nueva York, que hablan de las fiestas y los rituales puertorriqueños y del Caribe. Willie tuvo ese oído y ese ojo para seleccionar qué músico lo iba a acompañar, qué arreglista, qué compositor y qué sonero también”, explica Mercedes Sanz.

Para la periodista musical, Willie Colón también entendió la salsa como un terreno para experimentar más allá de ritmos cubanos y puertorriqueños. “Se mete con la música afroamericana, el funk, el rock, el jazz, con la música brasileña. A Willie también le debemos que impulsó y difundió una pequeña parte del repertorio de música brasileña. Y los arreglos que hizo fueron increíbles. El trabajo que él hizo con Soledad Bravo fue una cosa de jonrón. Yo creo que Willie sí supo entender lo que es la salsa. Todo lo que podía hacer con el género. Y para muestra están todos esos discos, discos conceptuales como SiembraBaquiné de angelitos negrosAsaltos navideñosMaestra vida. Él también demostró toda esa amplitud y complejidad de la salsa. No estoy diciendo que haya sido el único, pero contribuyó mucho. Y, sobre todo, la manejó de manera que la hizo accesible a todos”.

Canto social

Con Rubén Blades la intención en la música de Colón cambia. Toma una dimensión social, que ya venía asomándose en sus trabajos anteriores, asegura César Miguel Rondón. 

“Con la incorporación de Rubén (Blades) hay otra claridad en el canto social. Pero Willie venía con esto desde mucho antes. Tú oyes ‘Calle luna, calle sol’ o ‘El día de mi suerte’, y allí ya hay muy claras intenciones”, dice el autor de El libro de la salsa.

Mercedes Sanz considera la etapa junto a Blades como la época más reflexiva en la carrera de Colón. “Habla de manera más directa de lo que es América Latina a través de historias, de personajes. Ahí podemos observar a un Willie como líder de sus proyectos”.

La época junto a Rubén Blades, uno de los momentos más destacados de su carrera, le va a dejar a Willie Colón mucho, sobre todo para lo que decide hacer en solitario paralelamente. “Él también comienza a hacer cosas solo, en las que empieza a introducir el tema social y político. En ese periodo, 75-80, crea unas producciones muy buenas y muy importantes. Importantes musical y comercialmente”, dice Xariell Sarabia. 

Desde entonces, el tema social es una constante en la música de Colón, no lo hace con tanta soltura como Blades –señala Sarabia–, pero se queda en sus composiciones. Otro momento destacado en su carrera, considera el crítico musical, fueron los discos que hizo Celia Cruz, Only They Could Have Made This Album (1977), Willie y Celia (1981) y The Winners (1987). También el que hizo junto a Soledad Bravo, Caribe (1982).


“El primer disco con Celia Cruz es una maravilla. Es una producción musical excelente, que evoca música latina de todos lados, pero bajo su sonido. Él, además, hará un disco muy importante, Caribe, con nuestra Soledad Bravo. Es un disco puntual y con, por lo menos en Venezuela, muchísimo éxito y una calidad muy buena. Es uno de los primeros que empieza a coquetear con la música brasileña, la incluye mucho”, asegura Sarabia.

Venezuela, punto central de la salsa 

En Venezuela, el boom de la salsa brava ocurrió en simultáneo con el boom petrolero. Una época de crecimiento y bonanza económica. Las radios de la época comenzaron a poner piezas clave como ‘La murga’. El género invadió las estaciones porque era sinónimo de fiesta, de rumba. En esa época, la década de los 70, también empiezan a presentarse en el país las grandes estrellas de La Fania, agrupación que reunió a figuras como Cheo Feliciano, Ismael Miranda o Celia Cruz.

“Lo vi cuando vinieron las estrellas de Fania por primera vez al Nuevo Circo de Caracas. No recuerdo la fecha exacta, pero ya La Fania comenzaba a estar fuerte; el boom comenzaba a explotar. Vinieron las estrellas del momento, tal vez del momento más esplendoroso o de sonido más interesante, a mi parecer; que es el momento de lo que se llama el Cheetah, el concierto de la película Nuestra cosa latina”, recuerda Sarabia.

Como toda estrella en ascenso de la época, Willie Colón tuvo una destacada participación en la televisión venezolana con apariciones en programas sabatinos, que le permitieron llegar a más personas en el país. De los momentos más recordados del trombonista en la televisión local, destaca su participación en la telenovela de RCTV La Intrusa (1986-1987), en la que además interpretó el tema “Manantial de corazón”, de Yordano, y un sketch de Radio Rochela, junto con Rubén Blades, en el que fueron entrevistados por los personajes Flora y Hortensia.

Aunque el boom de la salsa comienza en Nueva York y Puerto Rico, Venezuela fue un punto importante para el desarrollo del género. “Tenías que venir a Venezuela o tendrías que venir para estar en lo máximo, en el lugar correcto. Tenías que tocar en el Nuevo Circo, en el Poliedro o en los clubes. También, en algún momento, Venezuela fue el sitio donde más se vendieron discos de salsa”, dice Sarabia, quien asegura que esta influencia se vio reflejada en la música de Colón, quien empieza a nombrar a Caracas en sus discos. “Mucho del éxito de Colón, dicho por él mismo, tiene que ver mucho con Venezuela”.

Pilar fundamental de la salsa

Aunque no fue el primero ni el único gran maestro, Willie Colón sí fue y siempre será uno de los pilares fundamentales de la salsa. Sin todo el trabajo que hizo el trombonista por potenciar y popularizar el género, no se puede hablar de salsa.

“Para mí, él se convierte en el nombre más significativo de la salsa, el que aglutina todo. Es una representación importante por lo que hace como músico, como productor e incluso como cantante. Es decir, desde el punto de vista de que abraza lo popular y también logra llegar a muchas generaciones”, dice Xariell Sarabia.

Para Mercedes Sanz, no existe un artista o una orquesta que se pueda comparar en sonido y esencia a lo que hizo Willie Colón. “Eso dice mucho de él, de lo que hizo. Su sonido es único. Vio la salsa como un mar, algo sin límite”.

El vacío que deja Willie Colón en la salsa es irremplazable, considera César Miguel Rondón. “Es uno de los pilares fundamentales de esta música. Llenó de manera protagónica la salsa desde la década de los 70 y luego, cuando vino la decadencia, él pudo mantener un espíritu y una presencia muy, muy importantes”.

El ayuno es una medicina


El ayuno es la medicina más incomprendida del planeta. No es solo para perder peso. No es solo una práctica religiosa. Es un médico interno. Reduce la inflamación, “devora” tumores y elimina toxinas del cuerpo. Así es como se hace correctamente (según la ciencia):


Si La mayoría de la gente piensa que el ayuno sirve únicamente para perder peso o para darle un descanso al sistema digestivo. Pero la "magia" ocurre a nivel celular a través de la autofagia. Aquí es donde tu cuerpo literalmente comienza a comerse a sí mismo.


Déjame explicarte:

Autofagia = limpieza celular Durante el ayuno prolongado, las células comienzan a reciclar proteínas dañadas, mitocondrias disfuncionales e incluso células cancerosas en etapa temprana. Tu cuerpo finalmente tiene la oportunidad de eliminar la basura acumulada que ha estado causando inflamación y enfermedades.

¿Qué dice la ciencia sobre el ayuno? Un estudio de la USC de 2014 mostró que los ayunos de 72 horas desencadenaban una regeneración de glóbulos blancos basada en células madre, reiniciando esencialmente el sistema inmunológico. Es ampliamente conocido que el ayuno funciona para muchos problemas de salud. ¿Pero por qué? Porque...

Aborda una causa fundamental que la medicina moderna a menudo pasa por alto 👇🏽 La acumulación de desechos celulares, proteínas dañadas y mitocondrias débiles provoca inflamación crónica. La limpieza de estos permite la curación natural. Ahora que entiendes la ciencia, aquí te mostramos cómo ejecutar un ayuno de 72 horas:

Antes de empezar: prepara tu cuerpo (2-3 Días antes) Comience el ayuno intermitente (método 16:8) al menos 3 días antes de su ayuno prolongado. Coma durante un período de 8 horas y ayune durante 16 horas. Esto cambia gradualmente tu metabolismo al modo de quema de grasa.

Simultáneamente, reduzca los carbohidratos y aumente las grasas saludables en los días previos al ayuno. Esto comienza a cambiar tu cuerpo hacia la cetosis incluso antes de comenzar tu ayuno completo. Las grasas buenas en las que debemos centrarnos son los aguacates, el aceite de oliva, la mantequilla de animales alimentados con pasto y el aceite MCT.

Horas 0-24: La fase de desafío Las primeras 24 horas son desafiantes pero manejables. Tu cuerpo está cambiando a quemar grasa, lo que provoca hambre, irritabilidad y cambios de energía. Esto es normal y temporal. La hormona del hambre, la grelina, comienza a estabilizarse después del primer día.

Horas 24-48: La fase de transición Alrededor de las 36 horas, muchas personas informan un aumento en la claridad mental y la energía, porque las cetonas ahora están alimentando su cerebro. La hormona del crecimiento aumenta un 300%, preservando los músculos y potenciando la quema de grasa. La pérdida de grasa se acelera dramáticamente.

Horas 48-72: La fase de curación Las últimas 24 horas son donde ocurre la curación más profunda. El dolor articular crónico puede desaparecer, al igual que otros cambios positivos, durante esta fase.


¿Qué puedes consumir durante este ayuno de 72 horas? • Agua pura (sin gas o con gas) • Café negro (sin crema ni azúcar) • Té simple (de hierbas o normal) • Electrolitos (como se describe anteriormente) Eso es todo. Los puristas sólo beben agua.
La parte más importante: ¿cómo romper el ayuno?


• Comience con caldo de huesos • Espere 1 hora y luego coma 1 o 2 huevos revueltos/aguacate. • Espere otra hora antes de comer una comida pequeña con proteínas y grasas saludables. • Evite todos los carbohidratos, azúcar y alimentos procesados durante al menos 24 horas después

No comer durante 72 horas no es fácil. La primera vez es la más difícil. La segunda es desafiante, pero manejable. A la tercera, te sorprenderá lo fácil que se vuelve. Tu cuerpo aprende y se adapta, haciendo que cada ayuno posterior sea más cómodo. Los beneficios se acumulan.

La Chiquita, un pequeño gigante del Ring

En una calle de la Ciudad de México, un hombre de baja estatura caminaba despacio hacia una papelería. Llevaba una bolsa de plástico en una ...