jueves, 16 de abril de 2026

Apuntes sobre leer biografías




Christian Jiménez Kanahuaty

Hay algo sustancial en el hecho de leer biografías. Una biografía narra la vida del otro, la establece como una particular manera de establecer la otredad desde el detalle del conocimiento alcanzado a través de la investigación y la reconstrucción de acontecimiento. Pero lo que hay que subrayar es que una biografía muestra con claridad que la sabiduría nos llega en retrospectiva mientras que la vida se vive hacia adelante.

Hay un par de biografías sobre las que quisiera llamar la atención. La primera es la de Walter Isaacson, Leonardo da Vinci: la biografía, y la segunda, Oppenheimer: Prometeo americano, escrita a cuatro manos por Kai Bird y Martin J. Sherwin. En estas biografías hay al menos dos rasgos en común. El primero de ellos tiene que ver con que la biografía no es un simple recuento de hechos y azares en la vida de una persona, sino que la biografía tiene un fin público, de alguna manera el conocimiento que alcanza el lector al leer el libro hace de él un mejor ciudadano, da pautas para construir una comunidad política tolerante, inclusiva, responsable y generadora de igualdad social y responsabilidad en el uso del poder.

El segundo rasgo tiene que ver con que los biografiados fueron en esencia personas contradictorias, altamente curiosas y creativas, pero que también supieron dudar de sí mismos y asociarse con personas que en muchos casos los retaban para ir más allá de sus propias capacidades.

Estas dos cuestiones se suman en la narración de ambas biografías todo el tiempo. No se puede avanzar sin curiosidad y la curiosidad motiva la creatividad, porque la creatividad es responsable de un mundo mejor. Todo acto de creación no es un acto que sólo atañe a una persona, sino a una comunidad social y política. Por ello, los biógrafos tienen cuidado en demostrar que los hombres biografiados también —en cierto modo— son productos de su tiempo histórico y de la acumulación de conocimiento que hasta ese momento existía en el mundo. El conocimiento que les llegó fue el sustento de lo que hicieron después. Por ese motivo, entonces, es fácil reconocer que toda labor creativa y de construcción de un mundo mejor, de lejos parece ser solamente la hechura de un solo hombre, pero de cerca, nos atrevemos a darnos cuenta de que aquella idea es falsa y lo que de verdad ha funcionado es la capacidad de trabajo en conjunto. Hay colaboración incluso cuando se desconozca a la persona que vendrá a reformular e inventar sobre las bases que se establecieron.

Esto no resta méritos a la vida de las personas que son biografiadas, al contrario, les dota de una rara belleza porque ejemplifica la razón de ser de todo ser humano: construir algo por el bien común, incluso despojándose de la propia vida.

Y es que surgen, en el espacio de la vida privada, las consecuencias de acciones que mientras más piensan y resuelven los problemas de lo público, lo privado se desmorona o encuentra un fuera de lugar constante frente a las acciones normales de las personas. Ir hasta el límite de las fuerzas para alcanzar el conocimiento de una disciplina, idiomas múltiples, conocimiento sobre saberes lejanos a la propia disciplina, autocrítica constante, juzgamiento duro y constante sobre el trabajo mal hecho de los demás, y sobre todo, pensar que las dimensiones de los límites son el mundo y no la comarca, son sólo algunos rasgos de estas personas que se enfrentan con las ganas de cambiar el mundo mientras impiden que el mundo los cambie. Porque, si el mundo los cambiara, los amoldaría a sus preceptos, y lo que ellos buscan es romper aquellos preceptos porque entienden que al hacerlo inaugurarán una época nueva para toda la humanidad.

Estamos en presencia de hombres que no ponen excusas para comprender aquello que les apasiona. Lo que les apasiona está en constante cambio, pero nunca desaparece, sólo se hace más complejo a medida que avanzan en su comprensión.

Esto cae mal a sus contemporáneos porque pareciera que caminan tres o cuatro pasos por delante de ellos, y ellos —además— lo hacen saber todo el tiempo. No lo hacen por mala fe, simplemente porque reconocen que sus pasos abarcan más y con ello quieren decir que su labor es abrir el camino para que los demás transiten por ellos después.

Ambas vidas, las de Oppenheimer y Da Vinci, difícilmente pueden servir como ejemplos para una sociedad que vive permanentemente viéndose el ombligo y obligando a sus miembros a ser iguales. Estas personas dan miedo porque sobresalen por sus propios méritos. Méritos que no son producto del azar, sino del esfuerzo, y esta es otra condición negativa en la sociedad moderna: el esfuerzo está mal visto. La idea es lograr todo lo que se desea con el mínimo esfuerzo.

Ellos rompen con esa formulación, con la alegría que despierta el conocimiento y la curiosidad que se nutre de la exploración de lo desconocido.

El eje de estas biografías no es moral ni ético, pero sí político. Político en un sentido muy claro: ellos desean construir un mundo mejor para todos a pesar de las consecuencias, las consecuencias son la soledad, no ser entendido, ser juzgado, ser aislado y excluido. Pero el resultado es que el mundo no es el mismo tras su irrupción.

Su vida, en ese sentido, también es un acto político, porque rompe con las reglas del juego y coloca otras en su lugar. Establece otro tipo de comunidad fundada en la creatividad y en la creación y establecer el conocimiento como fundamento de la comunidad que se complementa entre todos sus elementos.

Lo que ocurre finalmente en el acto narrativo de estas vidas es que estamos cerca de la excepción. La excepción vista a trasluz de estas vidas pareciera no ser tan lejana, la humanidad logra consolidar personas de tres y cuatro dimensiones y nos reconocemos en sus dudas y en sus lecturas y viajes y experiencias; por ello, los tres biógrafos se preocupan en decirnos que, en ocasiones, estas personas también son el resultado del contacto con otras personas excepcionales.

Indirectamente nos dicen que tal vez, al leer sobre ellos, también los lectores reconozcan la excepción de sus propias vidas y facultades. Es un proceso para despertar y remontar lo cotidiano. Hacer de la vida una obra de arte en movimiento quizá no sea tan alocado ni tan extraño en un mundo que se cae a pedazos y necesita pilares de todo tipo y tamaño para sostenerlo.

Así, estas biografías impulsan al ser humano a ser mejor, pero también dar la vista atrás y mirar con afecto a los que estuvieron antes y lo que hicieron todavía hoy tiene ecos sobre nuestra manera de estar en el mundo y conocer sobre él y sus dilatadas dimensiones. Pero, más allá de eso, estas historias de vida llegan hasta nosotros porque también hay un tratamiento efectivo del material biográfico y así, al leer estos libros también aprendemos cómo escribir una biografía y cuánto tiempo y esfuerzo demanda la tarea. Sin embargo, esta última faceta no está reservada para todos, porque la confluencia de biografiado y biógrafo debe estar motivada también por la curiosidad, la proyección y la pasión.

Así, los libros animan nuestra vida más allá de la contingencia y la radical oscuridad con la que a veces las comunicaciones o ciertos poderes desean oscurecer el conocimiento, el saber y la curiosidad.

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