¿No deseas comida cuando tienes hambre? ¿No deseas ropas que te abriguen y una casa para albergarte? Éstos son deseos normales, ¿no es así? La gente sana reconoce naturalmente que necesita ciertas cosas. Es sólo el hombre enfermo o desequilibrado el que dice: "Yo no necesito comida".
Es una mente extraviada la que necesita tener muchas casas o ninguna casa en absoluto donde vivir.
Tu cuerpo tiene hambre porque estás usando energía y entonces quiere más alimento; eso es normal. Pero si dices: "Tengo que tener las comidas más sabrosas, tengo que tener solamente la comida que proporcione placer a mi paladar", entonces comienza la
perversión.
Todos nosotros -no sólo los ricos sino todos en el mundo- debemos tener comida, ropas y albergue; pero si estas necesidades físicas se limitan, se controlan y se tornan accesibles sólo para unos pocos, entonces hay perversión, se pone en marcha un proceso anormal.
Si uno dice: "Debo acumular, debo tenerlo todo para mí", está privando a otros de aquello que es esencial para sus necesidades cotidianas.
Mira, el problema no es sencillo, porque deseamos otras cosas además de las que son esenciales para nuestras necesidades cotidianas. Puedo satisfacerme con poca comida, unas cuantas ropas y un lugar pequeño donde vivir; pero deseo algo más. Deseo ser una persona conocida, deseo posición social, poder, prestigio, deseo estar lo más cerca posible de Dios, deseo que mis amigos piensen bien de mí, etc. Estos deseos internos pervierten los intereses externos de todos los seres humanos.
El problema es un poco difícil, porque el deseo interno de ser el hombre más rico o más poderoso, el impulso de ser alguien depende, para su satisfacción, de la posesión de cosas, incluyendo alimento, ropas y albergue. Me apoyo en estas cosas a fin de enriquecerme internamente; pero en tanto me encuentre en este estado de dependencia, es imposible que sea rico internamente, porque esto último implica ser totalmente sencillo en lo interno.
Jiddu Krishnamurti
El arte de vivir

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