“Cada empresa que nace, crece e invierte no solo produce bienes o servicios: crea oportunidades, salarios, progreso y dignidad.”
La verdadera política social no es agrandar el Estado ni multiplicar subsidios eternos.
La política social más poderosa es una economía libre donde emprender, invertir y contratar sea posible.
El empresario no es un enemigo de la sociedad.
Es quien arriesga capital, innova, genera empleo y mueve la economía.
Detrás de cada puesto de trabajo hay alguien que decidió invertir, producir y apostar por el futuro.
Sin empresas no hay empleo.
Sin inversión no hay crecimiento.
Y sin crecimiento, la pobreza no disminuye: se administra.
Los países más prósperos del mundo entendieron algo fundamental:
cuando se respeta la propiedad privada, la libertad económica y la iniciativa individual, florecen las oportunidades.
Porque el trabajo digno no nace de un decreto.
Nace de la libertad, la inversión y la confianza para producir.
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