Escribo estas notas y no puedo dejar de evocar rones de mi país que paladeo con frecuencia. Se trata de un Solera Centenaria Reserva Limitada de Destilería Carúpano, añejado en el corazón del valle de Macarapana y mezclado con celo por Carmen de Bastidas. Me gusta por sus tonos salinos únicos y su rica complejidad, por su boca untuosa y nariz sugerente, nada obvia. Pero pudiera ser también un sabroso Selecto o un delicado Ron Antiguo de Solera 1796, rones desvelo de Néstor Ortega, nariz fina e implacable devota de los rones de Santa Teresa. O el acuerpado e intenso Diplomático Reserva o su Reserva Exclusiva, su untuoso y dulzón hermano mayor, cosechado gracias a la sapiencia y paladar fino de Tito Cordero. O un Ocumare blanco, limpio, herbáceo y fresco, que lo hace inconfundible, o el Ocumare Añejo Reserva Especial, bien logrado por la sensibilidad de Andrés Contreras, o de un Cacique 500 o del delicioso Cacique Antiguo, ron 12 años mejor que cualquier whisky escocés que le pongan al lado, o de un Pampero Aniversario, desvelo de Luis Figueroa, hombre de alcoholes de caña que conoce bien las melazas de La Miel. Igualmente pienso en la complejidad y fineza de Roble Viejo, Extra o Ultra Añejo, creación del genio de Giorgio Melis, o en los noveles Cañaveral y Barrica 40, nuevas experiencias que poco a poco van dando con su personalidad.
El Caracas Ron Festival, que se llevará a cabo del 22 al 24 de este mes en los espacios del Hotel Pestana Caracas, salda una deuda con nuestro destilado estrella: un evento que lo enaltezca, respete y valore como se merece, donde entusiastas, profesionales y entendidos, puedan reunirse a catar, libar y vivir la experiencia del ron venezolano. Caracas tenía que tener el festival de su ron, como Madrid, Roma, Berlín, Londres o Paris. Y le llegó la hora.
El mundo valora el ron de Venezuela como el mejor de su clase. Aquí nosotros, no lo suficiente. El ron de Venezuela espera ese gesto de nosotros. (www.caracasronfestival.com).
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