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| Para los estoicos, los placeres del mundo son menos importantes que la virtud |
Los estoicos son los representantes de la corriente del pensamiento y filosofía llamada estoicismo, una escuela fundada en Atenas en el siglo III a.C. Su filosofía consiste principalmente en un sistema lógico con diversos puntos de vista en torno al mundo que se basan en la ley de causa y efecto y que son consecuencia de la estructura racional del universo. Es decir, según los estoicos, aunque el ser humano no puede controlar lo que ocurre en el mundo, sí puede controlar cómo se siente y reacciona ante los hechos que lo rodean.
También se conoce a esta corriente de pensamiento por su defensa de una vida sin necesidad de poseer bienes materiales para la plenitud, pues la propuesta es que la virtud es el único bien que necesitamos. Algo que seguramente ya has escuchado (con sus variaciones) en otras formas de pensamiento como el minimalismo, el cual cambia tu vida para deshacerte de lo que no necesitas y aprender a vivir con lo mínimo.
Uno de los principales representantes del estoicismo en la historia fue Marco Aurelio, emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte en 180. En el poder, él tenía acceso absoluto a todos los placeres que caracterizaron a esta sociedad, incluyendo orgías, banquetes de comida y espectáculos sádicos en el coliseo romano, uno de los lugares más populares para turistas en el mundo. Sin embargo, durante toda su vida y mandato él se negó a participar en ellos.
En su libro Meditaciones, Marco Aurelio profundizó sobre las razones por las cuales él optó por no involucrarse en este tipo de experiencias y placeres, y sus palabras fueron clave para el desarrollo de la filosofía estoica. Uno de los conceptos de los que habla ahí, es el poder de la indiferencia.
El poder de la indiferencia, según el pensamiento estoico, consiste en aprender a distinguir que en la vida existen dos tipos de situaciones: las que podemos controlar y las que no podemos controlar. Parte fundamental del conocimiento es reconocer que la mayoría de las cosas que suceden en nuestra vida están fuera de nuestro control.
Por ejemplo, pensemos en todo lo que nos rodea: nuestras amistades, parejas sentimentales, familia, la economía, los valores de la sociedad, lo que vemos en internet, la salud de nuestro cuerpo, la política. Incluso si podemos influenciar en buena medida en lo que sucede en cada uno de estos aspectos con nuestras acciones, lo cierto es que hay mucho de ello que no podemos controlar ni cambiar, que sale de nuestro control.
Sin embargo, existen algunas otras cosas que sí podemos controlar como son nuestras opiniones, nuestras acciones o la posición que tomamos frente al mundo. De acuerdo con los estoicos, en la vida debemos concentrarnos en lo que sí podemos controlar y aprender a través de esto a adaptarnos a las que no podemos controlar.
Por ejemplo, si una persona se enferma, no podemos controlar la manera en que su cuerpo reacciona, ni siquiera si los medicamentos le ayudarán a sanar o no, pero sí podemos controlar la manera en que reaccionamos y nos posicionamos ante su enfermedad. Si estamos en paz con el reconocer la presencia de una enfermedad e incluso con la posibilidad de la muerte, podremos reaccionar mejor.
Esto suena un poco extraño para nuestro pensamiento occidental moderno, e incluso es un lugar común el decir que los estoicos no tienen emociones. Sin embargo, no se trata de eso, sino de una capacidad de comprender las emociones como solo una parte de lo que sentimos. Es decir, no son las emociones en sí mismas las que definen cómo nos sentimos, sino nuestra reacción frente a tales emociones.
Si este tema te pareció interesante y quieres saber más, te recomendamos algunas películas para seguir filosofando en las cuales podrás conocer otros grandes temas que han atravesado al ser humano a lo largo de su vida. El conocimiento es infinito, así que no dejes de preguntar.

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