Alexis Argüello fue un flaco explosivo, un fiel ejemplo de que un gran campeón no necesita estar invicto para ser grande, para ser recordado. Su foja fue de 77 triunfos, 8 derrotas, con 62 nocauts. Su estilo, agresivo y voraz, lo llevó a conquistar títulos mundiales en tres categorías de peso (pluma, superpluma y ligero), algo que pocos boxeadores han logrado. Pero más allá de los cinturones, Argüello se ganó un lugar en el corazón de los fanáticos por su humildad y espíritu guerrero. Oriundo de Nicaragua, se abrió paso a las trompadas en su país hasta que le ganó a un gigante de México. En Estados Unidos tuvo una de sus grandes noches cuando noqueó al Púa Olivares en el round 13. Se convirtió así en primer campeón mundial de Nicaragua, en noviembre del 74. Luego siguió defendiendo la corona y su orgullo. Peleó con más de diez campeones del mundo, siguió subiendo de categorías y fue creciendo de las manos de distintos entrenadores, como Miguel Ángel Rivas, el cubano Ramón Dossman, el mexicano Cuyo Hernández, Eddie Dutch y el boricua Don Kahn. Intentó ganar la corona de los superligeros, la cuarta categoría, en memorables batallas perdidas con Aaron Pryor, que tuvo en su rincón al polémico Panamá Lewis, que le dio de tomar de una misteriosa botella blanca que revitalizó a su boxeador en los rounds finales. Tal vez solo le faltó pelear con Salvador Sánchez (el mexicano murió a los 23 años) y con Roberto Durán (estaba en otra categoría). Uno de los mejores 130 libras (súperpluma) de todos los tiempos. Nunca escogió rivales, ni dio golpes ilegales. El respeto como un guerrero del ring. Su sueño era ser abogado pero la necesidad lo llevó al boxeo. Murió el 1 de julio de 2009, cuando era alcalde de Managua.
Especial Sparring Mundial
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