Corrió para sanar su alma… y terminó inspirando al mundo entero.
Fauja Singh no empezó a correr por medallas ni récords. Comenzó a los 89 años, con el corazón roto tras perder a su esposa y a su hijo. En lugar de rendirse, se calzó unas zapatillas y transformó su dolor en movimiento. Correr fue su terapia, su refugio y su renacer.
A los 100 años, completó un maratón. A los 101, llevó la antorcha olímpica con una sonrisa que parecía decirle al mundo: "nunca es tarde para empezar de nuevo". A los 114, nos deja tras ser atropellado mientras cruzaba una calle en India, aún fiel a su costumbre de salir a caminar todos los días.
Su legado va más allá de la edad y los récords. Es la prueba viviente de que el cuerpo responde cuando el alma se niega a rendirse.
Porque mientras otros se detenían, él seguía corriendo.
Y en cada zancada, nos recordó que las excusas pesan más que los años.
Conoce su historia y deja que te motive a dar ese primer paso:
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