martes, 15 de julio de 2025

Facundo Cabral: poesía

Ciclo de poesía: Facundo Cabral

No nació, despertó. En un rincón olvidado de la Argentina —La Plata, 22 de mayo de 1937— llegó al mundo Facundo Cabral, hijo de la pobreza y el viento. Su madre lo crió con manos solas y mirada de horizonte, y su infancia fue una larga caminata sin zapatos ni escuela, pero con el alma abierta al asombro. No sabía leer, pero ya sabía sentir.

A los nueve años se escapó de casa buscando a Dios y lo encontró en la voz de un viejo que le enseñó a mirar los árboles como himnos verdes. Más tarde, la cárcel le ofreció techo y pan, y fue ahí, entre rejas y silencios, donde aprendió a leer. Allí comenzó su primera revolución: la del espíritu.

Su camino no fue de fama ni escenario, sino de palabras como semillas, que fue dejando por América y por el mundo. Cantaba como quien reza, decía como quien despierta. Conoció a Borges, a la muerte y al exilio. Conoció también el amor, aunque siempre supo que el amor no se encierra en una casa, sino que se suelta como paloma.

Sus canciones eran sermones sin templo, su voz —ronca de tierra— iba del dolor a la ternura con la naturalidad de quien ha vivido lo suficiente para no mentir. "No soy de aquí ni soy de allá", cantaba, y en esa frase se hizo bandera de los errantes, de los libres, de los que creen que el mundo cabe en una guitarra.

En 1978, la dictadura lo empujó fuera de su patria, pero nunca pudieron callarlo. Fue peregrino del alma: habló de Buda, de Cristo, de Whitman y de los pueblos sin nombre. Cada escenario fue un altar; cada verso, una puerta.

Perdió a su esposa y a su hija en un accidente, y siguió cantando con una herida que se volvió canto. Porque él sabía que el dolor también se sublima si se lo abraza con belleza.

Murió en Guatemala el 9 de julio de 2011, asesinado por error, pero nadie mata a quien ya vive en las palabras. Facundo no se fue: se volvió eco, se volvió viento, se volvió una voz que en la noche repite:
"Tú eres el milagro, no te distraigas del asombro".

   Literatura 451

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