Guadalupe Pintor, ex doble campeón mundial, fue emblema de una época en la que el boxeo era una cuestión de orgullo y no de cuentas bancarias. En un México de guerreros que peleaban corazón, Pintor emergió como su fuerza indomable, forjado en las duras calles de Cuajimalpa, donde vendía en las esquinas y trabajaba como albañil. Su infancia estuvo marcada por el maltrato de su padre, y a los 13 años, el boxeo le sirvió para defenderse de los peligros del barrio. Su estilo era feroz: combinaciones poderosas y un uppercut de izquierda que se sentía como un cohete despegando. En 1979, se coronó campeón mundial gallo tras una batalla estratégica contra Carlos Zárate, "El Cañas", en una pelea tensa y cerrada, donde los jueces se inclinaron por Pintor, dando inicio a su leyenda. Ocho defensas exitosas de su título consolidaron su reinado, pero su ambición lo llevó más allá. En 1982, subió de categoría para enfrentarse al campeón supergallo, el puertorriqueño Wilfredo "Bazooka" Gómez. Aquella pelea fue un auténtico duelo de titanes. Pintor lo tuvo contra las cuerdas en el duodécimo asalto, pero Gómez respondió con furia en el decimocuarto. Dos golpes demoledores: uno al hígado y un volado al rostro, mandaron a Pintor a la lona. Fue una derrota por nocaut en el asalto 14.Un accidente posterior, donde se fracturó la mandíbula, dejó su futuro incierto, pero en 1985, el "Grillo" volvió a la cima. Se alzó con el título supergallo tras vencer a Juan Meza. Aunque ese cinturón lo perdería en Tailandia, su legado ya estaba escrito. Con un récord de 56-14-2 y 42 nocauts, Pintor fue un campeón discreto fuera del ring, pero ruidoso en sus victorias. No necesitó escándalos; sus golpes eran los únicos que hablaban.
Especial Sparring Mundial ✍️
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