sábado, 10 de enero de 2026

Se enfrentó con leyendas

"Fui retador cuatro veces al título del mundo… y cuatro veces me tocó enfrentar a leyendas."
Rubén Castillo nació en Texas, hijo del orgullo chicano que llevó su bandera arriba del ring. Su carrera arrancó en 1975 con una racha invicta de 42 peleas, 22 de ellas ganadas por nocaut. Eso lo llevó directo a lo más alto: pelear por un campeonato mundial. Pero el destino fue cruel y al mismo tiempo glorioso, porque sus rivales fueron nombres que hoy están en el Salón de la Fama. En 1980 enfrentó a Alexis Argüello, y aunque lo tenía al límite, cayó en el undécimo asalto. Un año después, en Tucson, desafió al gran Salvador Sánchez, y tras quince rounds terminó perdiendo en las tarjetas. Volvió a intentarlo en 1983 contra Juan Laporte en Puerto Rico y otra vez la gloria se le escapó. Su última oportunidad fue en 1985, nada menos que contra Julio César Chávez, quien lo detuvo en seis asaltos. Perdió las cuatro, sí. Pero nadie podía decir que no se midió contra lo mejor de lo mejor. Se retiró con un récord impresionante de 70 victorias, 10 derrotas y 2 empates, y se convirtió en comentarista de boxeo en Estados Unidos, voz respetada tanto por hispanos como por anglosajones. Rubén Castillo nunca se coronó campeón del mundo, pero peleó con gigantes, representó a su gente y demostró que el corazón de un chicano no se mide en cinturones, sino en el coraje de subir al ring contra los más grandes de la historia.

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