Liz Taylor era famosa por sus diamantes, sus ocho matrimonios y, sobre todo, por sus ojos violetas.
Ojos que para ella también fueron un problema porque tenía distiquiasis, una mutación genética que provoca una doble fila de pestañas y disfunciones cardíacas.
Nació en una rica familia inglesa y a los 16 años ya era una diva: Sus películas más conocidas son "Mujercitas", "La gata sobre el tejado de zinc caliente", "Cleopatra", "Venus en visón" (Premio Óscar '61).
Fue afligida por problemas de salud: desde la caída del caballo en el set de "Lassie vuelve a casa" (1943) hasta las más de 40 operaciones (cáncer de piel, traqueotomía, pulmones, cadera, cerebro) y los tratamientos para desintoxicarse del alcohol y los sedantes.
A pesar de los diversos problemas, nunca se olvidó de los demás; Aprovechó su popularidad para participar en la recaudación de fondos para la lucha contra el SIDA.
Sobre su compromiso social, afirmaba: "No finjo ser una ama de casa cualquiera".
Sus directores dijeron: "No se da aires, trata a los electricistas como si fueran Rothschild" (Daniel Mann), "Un alma democrática" (Mike Nichols), "Posee la rara virtud de la amabilidad" (George Cukor).
Para la escritora Gloria Steinem, ella "nunca fue maliciosa con otras actrices". Humilde, disponible y hermosa.
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