lunes, 16 de febrero de 2026

El verdadero Rey del KO

132 nocauts en 186 victorias. Archie Moore no fue un boxeador: fue una lección de resistencia.

Archibald Lee Wright nació en la pobreza más dura en Benoit, Misisipi. Su padre lo abandonó siendo un bebé y su madre tuvo que dejarlo al cuidado de unos tíos en St. Louis, Cleveland y Willie Pearl Moore, de quienes más tarde tomaría el apellido. La vida no le dio ventajas: malas compañías, un reformatorio durante casi dos años y una juventud marcada por la calle. Cuando salió, eligió pelear. Literalmente.

Debutó como profesional con 22 años en el peso medio. Su carrera se detuvo a comienzos de los años 40 y recién pudo volver al ring en 1945, ya como semipesado. Parecía tarde. No lo fue. En diciembre de 1952, con casi 40 años, venció por puntos a Joey Maxim y se convirtió en campeón mundial semipesado. Nadie había esperado tanto para tocar la cima.

Reinó durante una década (1952–1962), construyendo uno de los récords más brutales de la historia: 186 victorias, 132 por nocaut, la cifra más alta jamás registrada. Su longevidad le permitió algo único: enfrentarse a tres campeones mundiales de los pesados —Rocky Marciano, Floyd Patterson y Cassius Clay— peleas que perdió por KO, pero que confirmaron su lugar entre los grandes de todas las eras.

Se retiró en 1963, cerca de los 50 años. Fundó la organización Any Boy Can, dedicada a enseñar boxeo a chicos desfavorecidos de San Diego, fue activista por los derechos civiles, entrenador de George Foreman y hasta actor ocasional.

Archie Moore no fue solo el hombre con más nocauts de la historia. Fue la prueba de que, incluso cuando todo llega tarde, todavía puede llegar la grandeza.

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