domingo, 8 de febrero de 2026

La violencia interior es el mismo ego

“Por supuesto que el ego es un objeto. Lo único que no es un objeto es el Atman.”

(Mensaje de Chitra Polansky)
Respuesta de Prabhuji:
La naturaleza del fenómeno egoico no es objetual, y si lo abordas objetualmente lo convertirás inevitablemente en “enemigo” e intentarás hacerle algo, ya sea podarlo, expulsarlo, matarlo, eliminarlo, etc. No obstante, dicha violencia interior es el mismo ego, pero ahora “espiritual”, actuando enmascarado. No es casual que la tradición advaita haya insistido, desde la antigüedad, en que el error fundamental consiste en confundir al sujeto con un objeto, tal como subraya Śaṅkarācārya al señalar que el ātman nunca puede ser captado como cosa, porque es aquello por lo cual toda cosa es conocida.
Un objeto consiste en algo que es posible señalar claramente, pero el ego es más bien una función, un movimiento, un reflejo: es el acto mismo de apropiarse. Se trata del “yo” pegándose a lo que aparece y declarando: “esto soy yo”, “esto es mío”, “esto me define”, “esto me amenaza”. No existe como una entidad separada sino como un patrón de identificación momento a momento, el continuo acto de identificarse, tal como insistió Sureśvarācārya al remarcar que el error no es una cosa existente, sino un acto cognitivo reiterado. Al declarar al ego como un “algo” o “alguien”, la mente imagina una entidad dentro de ti, algo así como un demonio sentado en una silla. Ese es el comienzo de la absurda trama del “yo” contra “mi ego”. Ya en los Yoga Sūtra, Patañjali describía este mecanismo como asmitā, la apropiación del ver por parte del que ve, raíz sutil de toda confusión.
Pero presta atención, por favor, a la paradoja: ¿quién es ese “yo” que desea liberarse del ego? Porque, de haber un “yo” intentando liberarse, entonces ya hay ego: deseo de control, de superioridad, de pureza; es decir, la guerra confirma al guerrero. Esta circularidad fue analizada con precisión por Śrīharṣa, quien mostró que toda posición que pretende refutar el ego desde un punto fijo termina reforzando aquello que intenta negar.
Objetualizarlo resulta peligroso porque se reifica el ego, se le adjudica realidad, solidez y existencia propia. El fenómeno egoico se nutre de todo eso; le encanta ser tomado en serio, aunque sea con odio, porque el odio es atención y la atención sin consciencia es su alimento preferido. Por ello, autores como Citsukha subrayaron que el error se disuelve no por oposición, sino por esclarecimiento. La manera correcta consiste en no tratar al ego sino mirar el gesto. Me refiero a que, en el mismo instante que surge la apropiación —“yo estoy ofendido”, “yo necesito reconocimiento”, “yo tengo razón”—, lo observas solo como un simple patrón automático. No lo empujas, no lo justificas, no lo acusas, no lo censuras, no lo reprochas, no lo condenas.
Simplemente lo reconoces y, en dicho sencillo reconocimiento, la identificación pierde energía. Algo similar a un ladrón captado por una cámara: no necesita ser golpeado porque, al ser visto, ya no puede continuar operando igual.
El ego es un verbo, no un sustantivo; llamémosle “egoismear”, por decirlo de alguna manera: yo-ificar la experiencia. Y lo que eres realmente no es aquel movimiento sino la lucidez en la cual dicho movimiento aparece. En este punto, el Vedānta es inequívoco: el ātman no actúa ni se modifica, sino que ilumina. Y el Atman, que no es objeto ni entidad entre entidades, no posee forma ni determinación alguna; no es una cosa, ni siquiera suprema, sino consciencia pura (cit-svarūpa), idéntica a sí misma, inafectada por el tiempo, la historia y el devenir, como reiteradamente expone Śaṅkarācārya en sus comentarios a los Upaniṣad.
Pero incluso aquí se debe ser cuidadoso, porque si conviertes “Atman” en un objeto mental, una idea espiritual, el ego se lo colgará como medalla, y la verdad no son medallas ni trofeos sino desnudez.
No intentes eliminar el ego como si fuera una cosa; date cuenta del instante en que te identificas.
Ahí, en ese darse cuenta, no hay violencia… y por eso hay libertad.

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