miércoles, 25 de febrero de 2026

Recordar que todo pasa

Los sufíes tenían una práctica tan simple como profunda: recordar constantemente que todo pasa. No como consuelo vacío, sino como verdad absoluta. "Esto también pasará" no era una frase para minimizar el dolor; era una llave para no quedarse atrapado en él. Cuando estás en medio de una alegría inmensa, la repites para no aferrarte y sufrir cuando se vaya. Cuando estás en el fondo del pozo, la repites para recordar que el fondo no es permanente.

Esa frase corta desarma la ilusión de permanencia que causa la mayor parte del sufrimiento humano. Creemos que el dolor actual va a durar para siempre, que la felicidad que perdimos nunca volverá, que el estado en que estamos define quiénes somos. Los sufíes decían: nada de eso es fijo. Todo fluye. El amor se transforma, el éxito se desvanece, el fracaso se convierte en lección, la tristeza se disipa. Resistirse a ese flujo es lo que duele; aceptarlo es lo que libera.

En la práctica diaria, esta conciencia se convierte en un ancla. Cuando sientes rabia intensa por una traición, recuerdas: esto también pasará. No niegas la rabia; la dejas existir sin que se convierta en tu identidad eterna. Cuando estás enamorado hasta los huesos, recuerdas: esto también pasará. Disfrutas profundamente sin posesión ni miedo al final. El resultado es una presencia más plena: vives el momento sin contaminarlo con proyecciones de futuro o remordimientos del pasado.

Este secreto místico no requiere fe religiosa ni retiros largos. Solo repetición honesta. Puedes decirlo en silencio cuando el corazón late fuerte por ansiedad o euforia. Puedes escribirlo en un lugar visible. Con tiempo, la frase deja de ser palabras y se vuelve una sensación corporal: una ligereza interna que sabe que nada es definitivo.

Los sufíes lo vivían en medio de guerras, pérdidas y éxtasis. Nosotros podemos vivirlo en medio de deudas, rupturas, éxitos y fracasos cotidianos. Todo pasa. Y cuando lo recuerdas de verdad, dejas de pelear contra el río y empiezas a fluir con él. Esa es la paz que buscaban: no la ausencia de olas, sino la certeza de que ninguna ola dura para siempre.

— Laberinto Universal

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