miércoles, 5 de octubre de 2016

Alerta a las señales de la depresión juvenil

El paciente de esta condición requiere el apoyo de su entorno

Alerta a las señales de la depresión juvenil (semisquare-x3)
Amanda Rojas (c), fundadora de "Stay Strong for Us", iniciativa para estudiar y combatir la depresión juvenil, junto a sus padres, Norma Piñero y Jorge Rojas. (Vanessa Serra Diaz)

Conocer bien a su hija y tener confianza con el círculo de amistades de esta le permitió a Norma Piñero darse cuenta rápido de los extraños cambios que sufría la menor de sus tres hijos.
Alertó a papá y juntos abordaron la situación con una red de apoyo de amigos y familiares, pero de la mano de una profesional de la salud mental que se ganó su confianza y descubrió que lo que le estaba pasando a la joven Amanda Rojas Piñero era que padecía depresión. Entonces la quinceañera no podía definir lo que le pasaba y fue la doctora Sanda Santori quien le puso nombre luego de escucharla describir las sensaciones que controlaban su cuerpo y su mente.
“Lo primero que normalmente se puede notar es la falta de energía y cómo uno, de la nada, siente la falta de motivación a ciertas cosas que normalmente hacía”, comienza por revelar Amanda a Por Dentro, ya viendo la condición con la óptica de una paciente recuperada.
“Si uno salía a jugar ‘soccer’ o si estudiaba mucho, se metía a la piscina o si escuchaba música, de la nada empieza a no querer hacerlo porque no tiene deseos”, continúa detallando.
Los cambios que causa la depresión se notan hasta al dormir. “Cuando duermes no es sueño natural, sino es como si fuera un cansancio que está como que encima tuyo, es un sueño distinto y normalmente no sabes qué hacer”, dice la joven música.
Socializar también se complica. “A veces te sientes ansiosa si estás alrededor de mucha gente y si alquien te pregunta ‘¿estas bien?’ o ‘¿cómo te sientes?’, sientes como si te estuvieran atacando porque uno empieza a identificarse y no le gusta que le estén apuntando”, explica.
Además del retraimiento, parte del proceso es sentir ansiedad, irritabilidad, algo que todos en torno a Amanda notaron también.
“Como las amigas son como si fueran casi mis hijas también, vinieron a donde mí a decirme que estaban preocupadas porque notaban a Amanda con falta de interés y acutuando de manera desinteresada en todo, con mucho estrés. Como familia estábamos tratado de bregar con la situación y se creó como un networking’. Ella no lo sabía, pero sus amigas y nosotros estábamos en comunicación. Cuando veían algún tipo de situación más crítica me llamaban y más o menos nos poníamos de acuerdo para que las dos fuerzas pudieran trabajar a favor”, relata Piñero.
Ella había notado que desde que la segunda de sus tres hijos dejó la casa para cursar estudios fuera de Puerto Rico –igual que el hermano mayor- su ausencia le pegó fuerte a la más pequeña. “Automáticamente vi un cambio radical en la forma de ella comportarse dentro de la casa, y era que se sentía sumamente sola. La notaba totalmente encerrada, sin nada de interés en hacer nada, en la escuela tratando de mantener sus notas, pero con un estrés incontrolable para ella y para nosotros también, hasta que en una situación particular en la que ella estalló y dio a entender, y nos dejó saber que algo estaba pasando en ella y no sabía expresar lo que era, buscamos ayuda profesional”, recuerda.
La psicóloga clínica Sandra Santori Margarida no solo contaba con la confianza de los padres de Amanda, la joven también se sintió a gusto con ella y se dejó ayudar. La doctora ató otros cabos que fortalecieron el diagnóstico.
“Las estadísticas dicen que 24% de los jóvenes antes de los 24 años han pasado por una depresión y el punto promedio para tener un episodio depresivo es a los 15 años. Estamos hablando de que esto puede ser normal, pero uno tiene que ver, además de las alarmas, el comportamiento. Uno tiene que descartar si es parte de la adolescencia”, define.
Amanda presentaba el cuadro de desesperanza, que según la doctora afecta tanto a nivel físico como a nivel mental y emocional, tenía mucha ansiedad por los estudios debido a que no lograba concentrarse, presentaba irritabilidad y, además, había dejado de ser el alma de la familia.
“Amanda era la inventora de la casa y eso fue una de las cosas que empezó a faltar, esa parte que la define a ella”, destaca Santori Margarida.
Para la doctora, lo bueno de estos síntomas a los que llama “alarmas” es que permiten reconocer que algo está mal y actuar. Pero decirlo es más fácil que hacerlo. Incluso para los padres de Amanda, que ya tenían todo claro, fue indispensable la ayuda profesional.
“(Con todo esto) La vida ha girado en torno a ella (más que antes). A veces la doctora decía ‘no demasiado, hay que darle su espacio’. Podíamos identificar cuándo venían esos momentos de irritabilidad que ella estaba aprendiendo a controlar, y papá y mamá aprendimos que había que darle su espacio, dejar que ella asimilara, pensara, que su mente y su alma se pusieran en acuerdo, y funcionaba. Uno como papá a veces quiere que en el momento los niños respondan y hagan las cosas como uno quiere, y la realidad es que cuando  pasan por esos procesos, ellos son seres humanos y necesitan también su espacio”, ilustra Piñero.
Como si fuera poco, a Amanda “le ha enseñado cómo trabajar y ha madurado también”, agradece.
La evolución en menos de dos años fue tal, que a joven estudiante de duodécimo grado fundó una organización dedicada a educar a la comunidad sobre la depresión en niños y jóvenes. Stay Strong for Us ya celebró un concierto de recaudación de fondos el 1 de octubre en el que hasta el tío de Amanda, el compositor y cantante Luis Rojas, interpretó por ella. Con lo recaudado se proponen costear la traducción de un currículo especial para combatir este mal y llevarlo a escuelas por todo Puerto Rico. Mientras, esto es lo que aconseja Amanda a los jóvenes pacientes y a cada miembro de su red de apoyo:
A los jóvenes
“Lo primero que uno tiene que hacer si se empieza a sentir así (cansado, desanimado) es aceptarlo, uno no lo puede ignorar o tratar de negar que se siente así. Uno lo acepta y ya empieza el camino para poder recuperarse. Claramente se siente miedo. Es dificil, uno se siente inseguro, pero el tiempo siempre arregla todo y con el tiempo uno va recobrando todo de vuelta y ese miedo, esa inseguridad, se va a ir. Sí puede haber días en que estás recordando cómo te sentías antes y eso es aceptable porque a uno no le gusta sentirse vulnerable, pero eso es parte de lo que es ser humano, pero se siente algo diferente, no es algo que te está consumiendo”, expresa.
A los padres
“Es bien importante que siempre estén pendiente, pero tampoco que se impongan mucho, y que tampoco estén sobrecargando porque te pone en más estrés y más ansiedad. Es cuestión estar pendiente y si ella no te quiere contar qué le pasa, busca una amiga, ten una conversación con el amigo porque tampoco lo vas a dejar que se siga empeorando porque no te quiere hablar a tí. Es buscar otras alternativas para poder ayudarlo”, aconseja.
A familiares y amistades
“A una persona deprimida no le gusta salir, pero tampoco lo dejes quedarse en el cuarto. Busca alternativas. Vean una película en famiia o pidan algo de comer en casa, para que salga del cuarto y comparta con familiares, traele el amigo con el que hablaste o busca amistades que son cercanas a la persona y traelas a la casa para que tenga interacciones con amigos y familiares sin ponerlos a la intemperie alrededor de todo el mundo porque a lo mejor se ponen bien paranoides y explotan. El punto es buscar otras alternativas”, sugiere
A las amistades más cercanas
“No te molestes por todo, porque a lo mejor no va a tener la misma emoción si le cuentas algo que pasó o a lo mejor no quiere salir al cumpleaños de la otra. Tampoco (te enojes) si vas a su casa y la persona no quiere hablar, pues vamos a ver televisión y ya, no te molestes por eso porque solo quiere tu compañía, es bien importante tener compañía, sobre todo de gente que uno quiere mucho”, insiste Amanda.
La joven recalca la importancia de buscar ayuda y de seleccionar al profesional de la salud mental con el que el o la joven sienta confianza. “Si uno no busca ayuda se hace más difícil recuperarse”, asegura.

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