domingo, 15 de enero de 2017

Gilber Caro, la escalada de la dictadura


Alfredo Jimeno R.'s picture

A mi hermano Gilber Caro se lo llevó la dictadura. Unos esbirros de la policía política, esa organización al servicio de los intereses de la élite gobernante cuya única razón de ser es perseguir, incriminar y torturar a todo aquel que tenga la osadía de luchar por la democracia, lo interceptaron en plena vía pública y a la fuerza se lo llevaron. Poco les importó que él sea diputado a la Asamblea Nacional y que tenga inmunidad parlamentaria según nuestra constitución, poco les importó que la institución de la inmunidad parlamentaria sea inviolable en cualquier país con un gobierno medianamente civilizado, y muchísimo menos les importó que él sea un ejemplo de reinserción social del que todos los venezolanos debemos sentirnos orgullosos… A Gilber igual se lo llevaron, lo secuestraron, lo aislaron y nos los arrancaron a nosotros sus hermanos de causa y a su humilde familia.
Vivimos tiempos oscuros. Tiempos que nuestro país cometió el error alguna vez de llegar a creer superados para siempre, de pensar que la libertad y la democracia estaban garantizadas por simple derecho natural, y que por tanto no hacía mucha falta velar por ellas en resguardo de demagogos delirantes y de caudillos autoritarios.
Esta no es la primera vez en la historia que nuestro país enfrenta una dictadura, ni tampoco la primera vez que quienes asumimos con pasión el rescate de la democracia somos el objetivo del odio de la élite gobernante. En la década de los 50 del siglo pasado, valerosos activistas democráticos enfrentaron también, a riesgo de sus propias vidas, a una dictadura militar corrupta y depravada. A Gilber se lo llevaron como en aquel ocubre de 1952 la Seguridad Nacional se llevó a Leonardo Ruiz Pineda, solo que las balas de hoy son mucho más sofisticadas que las de antes y ya no apuntan al cuerpo sino al espíritu, buscando el asesinato moral antes que el físico. A Gilber se lo llevaron como en 1953 se llevaron también a Alberto Carnevalli, hombre de valor incuanificable que jamás se rindió ante la dictadura. A Gilber se lo llevaron como también en 1953 se llevaron a Antonio Pinto Salinas, montándole una olla para justificar su trágico destino. A Gilber se lo llevaron como hoy me pueden llevar a mí, a ti y a todos nosotros, sin distingo de ninguna clase y sin que medie razón alguna más que la sola voluntad dictatorial de quienes se creen dueños de Venezuela.
La lucha, por tanto, es muy clara: por un lado está una élite corrupta, ineficiente y antidemocrática que se ha enriquecido groseramente a costa del hambre y la opresión de los venezolanos; y por el otro lado está todo un pueblo que sufre la peor crisis que ha vivido nuestro país en toda su historia, pero que aún así sostiene una creciente voluntad de cambio pacífico y democrático que nos devuelva a todos la certeza de un futuro mejor.
Yo estoy seguro de que Gilber superará la injusticia y saldrá fortalecido de este amargo trance, y eso lo sé porque lo conozco, conozco su fuerza, su determinación y su pasión forjada a lo largo de una vida difícil pero rica en aprendizajes. Y también estoy seguro que lograremos derrotar esta dictadura tal y como ya se hizo una vez el 23 de enero de 1958. Ojalá, eso sí, las generaciones futuras no cometan el mismo error de creer que la libertad y la democracia están garantizadas por simple derecho natural, y que su mantenimiento no depende del celo y el cuidado ciudadano.
Fuerza Gilber, estamos contigo hermano, porque la verdad es que en Venezuela todos somos presos de la dictadura. @AlfredoJimenoR
Alfredo Jimeno R.

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