martes, 20 de enero de 2026

La alegria proviene de la sexualidad

Toda la alegría proviene de la sexualidad. Cuando utilizo la palabra "sexualidad" no sólo quiero decir genitalidad. Lo genital es sólo una experiencia y expresión de lo sexual muy diminuta. Lo sexual es algo enorme. Al decir sexualidad me refiero siempre que vuestro cuerpo está vivo, sensual, cuando vibra y palpita, que es cuando os encontráis en un estado sexual. Puede que no tenga nada que ver con lo genital. Por ejemplo, cuando bailáis sois sexuales; un bailarín es sexual, la energía del baile es sexual. No es genital, porque puede que no penséis para nada en el sexo, que lo hayáis olvidado por completo. De hecho, la sexualidad es cuando te olvidas
totalmente del sexo y te fundes en cualquier participación profunda con la totalidad del cuerpo. Puede ser nadando o
corriendo, corriendo por la mañana.

Durante diez años estuve corriendo ocho millas cada mañana y ocho más al anochecer, de 1947 a 1957. Era una costumbre. Y corriendo llegué a experimentar muchas cosas. Recorriendo dieciséis millas al día habré dado la
vuelta al mundo siete veces en esos diez años. Tras haber corrido la primera o segunda milla llega un momento en que la cosas empiezan a fluir y dejas de seguir en la cabeza; te conviertes en el cuerpo, eres el cuerpo.
Empiezas a funcionar como un ser vivo, como hacen los árboles y los animales. Te conviertes en tigre, o pavo real, o un lobo; te olvidas de la cabeza. Te olvidas de la universidad, de los títulos, y no sabes nada de nada, sólo eres.
De hecho, al cabo de tres o cuatro millas, vas dejando de concebirte a ti mismo como una cabeza. Surge la totalidad. Uno se olvida de Platón, desaparece Freud, y se
esfuman todas las divisiones –
–porque eran superficiales- y
en lo más profundo de ti mismo se va afirmando tu unidad.
Al correr con el viento de cara a primera hora de la mañana, cuando todo está fresco, cuando la existencia empieza a disfrutar de una nueva alegría, cuando se empieza a bañar en el deleite de un nuevo día –y todo es joven y fresco-, el pasado desaparece. Todo empieza a
salir del profundo descanso de la noche, todo es inocente, primitivo, y de repente desaparece incluso el corredor. Sólo está el correr. No hay ningún cuerpo que corra, sólo el correr. Y poco a poco ves que surge la danza con el viento,
con el cielo, con los tiernos rayos del sol, con los árboles, con la tierra. Estás bailando. Empiezas a sentir el pulso del universo. Eso es sexual. Nadar en el río es sexual. Copular no es lo único que hay sexual; cualquier cosa con
la que palpita completamente tu cuerpo, sin inhibiciones, es sexual.
Así que cuando utilizo la palabra "sexual", hago referencia a esta experiencia de totalidad. La genitalidad sólo es una de las funciones de la sexualidad. Se ha convertido en demasiado importante porque hemos olvidado la función completa de la sexualidad. De hecho,
vuestros denominados mahatmas os han convertido en muy, pero que muy genitales. Toda la culpa la tienen vuestros santos y mahatmas, ellos son los culpables, los criminales. Nunca os han hablado de qué es la auténtica sexualidad.
Poco a poco, la sexualidad se ha ido confinando a los genitales; se ha convertido en algo localizado, dejando de ser total. La genitalidad localizada es horrible, porque lo máximo que puede proporcionarte es un alivio; nunca
podrá darte un orgasmo. Eyacular no es tener un orgasmo, las eyaculaciones no son orgásmicas, y los orgasmos no
son una experiencia cumbre. La eyaculación es genital, el orgasmo es sexual y una experiencia cumbre es espiritual.
Cuando se confina la sexualidad a los genitales sólo puedes obtener alivio; sólo pierdes energía, pero no ganas nada. Es algo estúpido. Es como el alivio que proporciona un buen estornudo, pero nada más. Carece de orgasmo porque no palpita todo el cuerpo. No estás en una danza, no participas con tu todo, no es sagrado. Es muy parcial, y lo parcial nunca puede ser orgásmico porque el orgasmo
sólo es posible cuando está implicado todo el organismo.
Cuando palpitas del dedo meñique del pie a las puntas de los pelos de la cabeza, cuando palpitan todas las fibras de tu ser –cuando bailan todas las células de tu cuerpo, cuando en tu interior hay una gran orquesta, y cuando todo baila-, entonces hay orgasmo. Pero todo orgasmo no es una experiencia cumbre. Cuando palpitas interiormente de manera total, eso sí es un orgasmo. Cuando tu totalidad participa con la totalidad de la existencia, entonces se trata de una experiencia cumbre. Y la gente se ha decidido por la eyaculación, han olvidado el orgasmo y se han olvidado por completo de la experiencia cumbre. No saben qué es. 
Y como no pueden alcanzar lo más elevado, se confinan a lo inferior. Cuando se puede alcanzar lo más elevado, cuando puedes lograr lo mejor, lo inferior empieza a desaparecer por sí mismo, de manera natural. Si me entiendes… el sexo se transforma, pero no la sexualidad.
Te harás más sexual. ¿Dónde va a parar el sexo? Se convierte en tu sexualidad. Te convertirás en más sensual.
Vivirás con más intensidad, con más ardor; vivirás como una gran ola. Las olitas desaparecerán. Te convertirás en
una tormenta, en un enorme viento que sacudirá los árboles y las montañas. Será como una marea, como una inundación. Tu vela arderá por ambos extremos a la vez, de manera simultánea.
Y en ese momento –aunque sólo puedas vivirlo durante un momento, será más que suficiente- probarás la eternidad.

Osho

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