LA TEORÍA DE LA SILLA
Hubo un momento en mi vida en el que alguien me habló de la teoría de la silla. No fue una charla larga ni solemne, pero me cambió la forma de entender mis relaciones… y mi lugar en ellas. Desde entonces, dejé de preguntarme por qué tenía que esforzarme tanto para encajar.
La teoría es sencilla, pero incómodamente honesta:
todas las personas tienen una mesa en su vida.
Y cuando alguien te valora de verdad, no duda en sacarte una silla.
Te hacen espacio sin que lo pidas.
Te miran cuando llegas.
Se mueven, se acomodan, te incluyen.
Tu presencia no se discute, no se negocia, no se pone a prueba. Simplemente es bienvenida.
Pero también existen otras mesas.
Mesas donde te dejan de pie.
Donde tu presencia parece estorbar.
Donde te observan como si tuvieras que demostrar que mereces sentarte.
Mesas donde tienes que encogerte, callarte o esperar… para no incomodar.
Y aquí viene la verdad que cuesta aceptar:
si tienes que pedir tu silla una y otra vez,
si tienes que insistir para ser visto,
si tienes que esforzarte para no quedar fuera…
el problema no eres tú.
Estás en la mesa equivocada.
No luches por espacios donde te tratan como un añadido.
No supliques atención donde tu ausencia no cambiaría nada.
No te quedes donde tu presencia incomoda.
Ve donde tu presencia suma.
Ve donde tu lugar está claro incluso cuando no hablas.
Ve donde tu silla ya está puesta.
Porque tu silla existe.
Y no tienes que ganártela.
Solo tienes que sentarte en la mesa correcta.
Anónima
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