sábado, 13 de junio de 2026

El desorden no existe


Cuando le preguntaban a Jean Piaget por el desorden monumental que tenía en su estudio, el tipo ni se inmutaba. Tenía una respuesta perfecta bajo la manga:
“¡Bergson ya demostró que el desorden no existe! Lo que hay son dos tipos de orden: el geométrico y el vital. El mío es netamente vital”.
Explicaba que sus carpetas estaban distribuidas según la urgencia del día a día, al alcance de la mano. Si necesitaba un documento de hace diez o quince años, sabía que le tocaría excavar en el fondo de una pila polvorienta, pero prefería perder cinco minutos buscando esa referencia específica que desperdiciar media hora ordenando papeles todas las mañanas.
Esa idea del "orden vital" es brutal. No se trata de ser un desastre porque sí, sino de que las cosas se acomoden según tus necesidades reales y no bajo una norma rígida impuesta por alguien más. Al final, tú eres el que vive ahí. Tú decides dónde va cada pieza.
Si lo piensas, con la sociedad pasa exactamente lo mismo. Nos han vendido que un país ordenado es aquel donde todo es cuadriculado, silencioso y predecible. Un orden geométrico. Pero cuando te imponen las reglas desde arriba, cuando no tienes ni voz ni voto en cómo se organiza el tablero y te toca acatar las cosas por pura inercia, eso ya no es orden. Es opresión. Lo contrario al desorden no es la limpieza; es el control absoluto.
La buena noticia es que las estructuras no son eternas. Sartre decía que somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros. Es una frase dura pero muy real. Nos tiran en un sistema que ya viene armado, sí, pero la última palabra la tenemos nosotros.
Y ojo, esto no se arregla jugando al héroe solitario. Hace más de un siglo, Tolstói dejó claro que el mundo no lo mueven los grandes líderes ni los elegidos, sino la suma de las pequeñas acciones de la gente común que decide unirse para un mismo fin. La única forma de romper ese esquema geométrico y frío que nos asfixia es empujando juntos, hasta que las cosas vuelvan a tener un sentido humano. Un orden vital.

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