Entre ser querido por todos o respetado por ti mismo.
Hay personas que pasan años intentando agradar a cualquiera que se cruce en su camino.
Dicen que sí cuando quieren decir no.
Cargan problemas que no les pertenecen.
Permiten abusos por miedo a decepcionar.
Y poco a poco terminan convirtiéndose en el soporte de todos, mientras nadie se preocupa por ellos.
La bondad es una virtud.
La sumisión no.
Porque ayudar a los demás es noble.
Pero sacrificar tu dignidad para ganar aceptación tiene un costo demasiado alto.
No todos los que se alejan de ti son una pérdida.
A veces son las consecuencias de haber puesto límites.
Y los límites tienen una función importante:
Mostrar quién te valoraba por quien eres y quién solo te valoraba por lo que podía obtener de ti.
No naciste para cargar sobre tus hombros las expectativas de todo el mundo.
Naciste para vivir con integridad.
Y quien aprende a respetarse a sí mismo deja de necesitar la aprobación de quienes nunca lo respetaron.
No hay comentarios:
Publicar un comentario