jueves, 2 de julio de 2026

“Este sismo se me está pareciendo mucho al de 1812”


Para el geólogo Feliciano de Santis, presidente de la Sociedad de Geólogos de Venezuela, la magnitud y extensión del daño apuntan a un fenómeno poco común:

“Este sismo se me está pareciendo mucho al de 1812; por la extensión de los daños se habla de un multifoco, es decir, de un doblete sísmico que vuelve a ocurrir en el mismo sitio”.

La comparación no es menor. El terremoto de 1812 —uno de los más devastadores de la historia venezolana— también involucró rupturas múltiples a lo largo del sistema de fallas del Caribe. La repetición del patrón, más de dos siglos después, subraya la complejidad tectónica del país.

De Santis recordó que la institucionalidad sísmica venezolana surgió precisamente como respuesta a una tragedia:

“Funvisis nació como una consecuencia benéfica del terremoto de 1967; ojalá esta tragedia traiga una toma de conciencia como sociedad, como Estado y como municipalidad”.

El especialista insistió en que la prevención no puede depender únicamente de organismos técnicos: requiere políticas públicas sostenidas, inversión municipal y una ciudadanía informada.

Aunque Venezuela cuenta con una normativa sismorresistente actualizada, el parque inmobiliario del país sigue siendo profundamente desigual:

“La norma sismorresistente se reformó en 2019 a estándares internacionales, pero los edificios viejos se van quedando atrás en términos normativos”.

La brecha entre lo que exige la ley y lo que realmente existe en las ciudades venezolanas se hizo evidente tras el doble terremoto: estructuras antiguas, mal mantenidas o construidas sin supervisión técnica fueron las más afectadas.

El presidente de la Sociedad de Geólogos de Venezuela fue enfático al señalar que la devastación no depende solo de la magnitud del evento:

“La devastación es una combinación de muchas variables, pero la clave está en el diseño estructural; como dicen los viejos especialistas, no es el sismo, es el edificio el que hay que atender”.

La frase resume una verdad incómoda: los terremotos no matan por sí solos; lo hacen las fallas humanas en planificación urbana, supervisión, diseño y mantenimiento.

El doblete sísmico de 2026 reabre un expediente histórico que Venezuela nunca ha terminado de cerrar. Desde 1812 hasta 1967, desde Cariaco en 1997 hasta este nuevo evento, la geografía del país recuerda periódicamente que vive sobre un sistema de fallas activo y complejo.

La pregunta que queda en el aire —y que los especialistas repiten con insistencia— es si esta vez la tragedia será suficiente para impulsar una política sostenida de prevención, reforzamiento estructural y educación ciudadana.

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