Cada día entregamos nuestra paz a problemas que dentro de un año quizá ni existan. Nos preocupamos por la opinión de desconocidos, por el dinero que aún no llega, por errores del pasado o por un futuro que nunca promete existir. Mientras tanto, la única riqueza que realmente poseemos, el tiempo, se escapa en silencio.
Marco Aurelio se recordaba a sí mismo que podía abandonar la vida en cualquier instante. Ese pensamiento no lo deprimía; lo liberaba. Le enseñaba a actuar con justicia, a amar sin demora y a no desperdiciar un solo día en preocupaciones inútiles.
La muerte no hace que la vida pierda sentido. Es precisamente lo que le da valor. Porque lo limitado se vuelve precioso.
Pregúntate hoy: si este fuera el último atardecer que vieras, ¿seguirías gastando tu energía en aquello que ahora te roba la paz?
No vivas como si fueras eterno. Vive de tal manera que, si el día terminara hoy, no te quedara pendiente haber vivido de verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario